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viernes, abril 25, 2014

Todo mal



Durante años he dedicado parte de mi tiempo a investigar y experimentar con las convenciones sociales y la interacción entre las parejas. Muchas de mis reflexiones al respecto están documentadas aquí, en este espacio que ustedes, mis queridos lectores (creo que ya son como 4), han alimentado con sus propias opiniones.

Recuerdo vagamente haber jurado a mis 26 nunca seguir las relgas del juego. Recuerdo haber desafiado una y otra vez los típicos consejos para "conseguir novio" y recuerdo (perfectamente) no haber tenido éxito ni una sóla vez con esa disipada actitud.

Y basado en esta búsqueda empírica de la verdad sobre "las relaciones" (qué palabra tan Vanidades, qué asco) he ido creado una serie de máximas personales que han resultado medianamente efectivas. Y si bien creo que la manera en la que una se conduce frente al prospecto-susodicho-postulante es estrictamente cuestión de preferencia, la verdad es que me encanta predicar mis aprendizajes (que mi trabajo y mis osos me han costado). 

Aquí algunas de dichas gotas de sabiduría:
  • Máxima número uno, la primordial y más importante: Si te gusta como para verlo otra vez, no/no te lo lleves a la cama en la primera cita. De hecho, intenta evitar, en la medida de lo posible, besarlo. Yo can makeout like teenagers en la segunda (y para la tercera puede que sea legal dar el paso siguiente).
  • Fuera del texto de cortesía (si lo amerita) con un suscinto "Muchas gracias, me la pasé muy bien", no lo busques. Déja que él haga el trabajo primero.
  • Si te busca (vía texto), espera un rato. Que quede claro que no vive una pegada al celular esperando su comunicación.
  • No expreses sentimientos ni espectativas demasiado pronto. NO presiones ni asumas cosas que no se te han ofrecido expresamente. 

Lineamientos como estos los he aplicado a discresión en los últimos años y, aunque por un buen rato me revelé contra la naturaleza poco feminista del discurso de "Las Reglas", con el tiempo y la experiencia aprendí que no son famosas en vano. Hay algo primitivo en el hombre estándar que lo hace responder positivamente a la cacería...

Y si, estos pequeños gajos de perpetuamiento machista me sirvieron para convencer al Republicano y me garantizaron varias terceras citas, pero para mí siempre ha sido una estrategia y no un comportamiento natural. 

Y, esta vez (no me pregunten por qué) me dio por hacerlo todo mal. No se, algo en El Guapo me inspiró a tirar todas las reglas por la ventana... En parte es porque nunca pensé que pasara de la primera noche (digamos que eché a perder el asunto desde el principio). En parte es por que creo que no hay mucho futuro ahí. Pero una semana después, lo he visto todos los días, hemos ido al circo, al ballet, hemos jugado cartas y hemos amanecido abrazados. Y se que estoy haciendo todo mal y tal vez es eso y no él lo que me tiene con una sonrisa que cada vez me cuesta mas trabajo esconder.

Y como ya es viernes, les dejo una canción que viene al caso, para amenizar su lectura.

jueves, abril 04, 2013

It's almost cherry blossom season (again)

Ya va a ser temporada de cerezos otra vez. tal vez sea tiempo de empezar a escribir.
 
 
En parte, la razón principal por la que mantuve este espacio en abandono temporal fue simple y sencilla: me mudé a vivir con el republicano y, de pronto, me ví desprovista de aventuras qué platicar. Bueno, si una cuenta aprender a compartir la cama, el baño, la cocina, las horas, los días (y mi precioso mezcal, el valiosísimo espacio del clóset, las sábanas, la temperatura ambiente, los antojos, los miedos, los horarios, las manías, una que otra fobia, el queso, el papel de baño y, sobre todo, LA TELE) como una aventura, tal vez pueda contarles una que otra cosa.
 
Pero la verdad es que nadie quiere escuchar historias de parejas estables y felices que se inventan una rutina los domingos y se pelean porque nadie compró jugo de naranja. Nadie, y me incluyo, quiere escuchar sobre la fabulosa vida de una chica soltera que se convirtió en todo lo que dijo que odiaba: la que se sale de la fiesta temprano para llegar a acurrucarse con el compañero de cuarto; la que se levanta una hora mas temprano para que a los dos les de tiempo de arreglarse... la que (quién lo diría?) olvida de vez en cuando que vive en una ciudad REPLETA de hombres guapísimos.
 
Y pues si, mis queridos lectores, los últimos meses se pueden resumir en peleas (pleitos, berrinches, pues) por el control remoto, la manera de recoger un vaso roto, las horas insalubres a las que estoy acostumbrada a llegar (o a levantarme, cuando no puedo mas con la culpa y voy al gimnasio), el uso de la calefacción contra las ventajas de un edredón de plumas y un largo, aburrido y penosísimo etcétera.
 
Y, no se, por alguna razón, no me provoca escribir sobre mis penurias domésticas. Tampoco me apetece mucho alardear de las maravillas de la vida marital (si, en efecto, se tiene mucho sexo, mucho, del bueno, del que una vez terminado provoca prender un cigarro, del que se hace mas de una vez y tiene rápidamente a encontrar sedes alternas por toda la casa). No se... será tal vez que ahora lo que platico no me pertenece a mí nada más (y a uno que otro incauto siempre anónimo). Ahora mis momentos mas divertidos, los que realmente importan, le pertenecen también a un alto y apuesto chico republicano de ojos grises (o son verdes?).
 
... todos, casi todos. Igual, si me apetece, les platico pronto a qué me refiero. En cualquier caso, queridos lectores, prometo hacer un esfuerzo por encontrar otras cosas de qué escribir. Alguna aventura me inventaré para no siempre quejarme de mi aburrida y trastabillada vida conyugal.
 
Mientras, les dejo música. Seguramente para la próxima ya les puedo dejar la liga a una playlist de Spotify.
 
Lianne La Havas, No Room for Doubt
 
Una rola tranquilita, bellísima, un tín triste, un tín sexy. Apta para estos días que (por lo menos aquí) no se deciden entre invierno y primavera.
 
 
 
Y para las noches que ya permiten salir en falda y tacones...
The Royal Concept, D-D-Dance
 
 
 
 

martes, julio 31, 2012

Cincuenta grados de placer culposo


No. Yo no hago reseñas de libros, ni tengo la autoridad moral para criticar absolutamente nada (bueno, a mis amigos y a la gente que me cae mal, pero eso no lo publico - lo cambio por dos whiskys y un cigarro). Y tampoco les confesaré la peregrina razón por la que caí en las páginas de un best-seller de aeropuerto - la versión oficial señala "investigación sociológica". El punto es que este blog alguna vez tocó temas sexosos y pues me viene en gana escribir un par de líneas sobre este fenomeno (?) literario. 

  1. Fifty Shades of Grey es el antifeminismo hecho novela. La lista de faltas al autorrespeto femenino es interminable, pero ninguna de ellas tiene que ver con el tema del sadomasoquismo sexual. Es algo en la historia que glorifica al rol del hombre como proveedor, controlador y juez. Algo en la "heroína" que ensalsa la fragilidad emocional de la mujer, la baja autoestima, la estupidez deliberada. Me resulta francamente triste pensar en todas las adolecentes que leerán esta novelucha/ cuento de hadas y sentirán validadas todas las ideas que tienen sobre las relaciones amorosas y los roles de género. Y, como si eso no fuera suficiente, el 70% del libro es cursi, cursilísimo. El 30% restante es bastante perverso y muy divertido.
  2. He de aceptar, sin embargo, que no pude soltar el primero de los libros hasta que lo terminé. Es una lectura muy ligera, a pesar de la falta de pericia de la autora para escribir. No se... probablemente lo único que se requiere para hacer una historia entretenida es tener a UN personaje que valga la pena. Y, la verdad, el personaje de Christian Grey es adorable e intrigante. Es Don Drapper / Brian Kenney / Mr. Big con látigos y esposas al que amas odiar y quisieras en tu cama. Por ahí de la mitad del segundo libro se vuelve un pelele enamorado (no me preocupo por los spoilers, quiero suponer que ninguno de ustedes perderán el tiempo como yo), y todo vale madres... Pero igual, ya es demasiado tarde: necesitas saber en qué termina.
Al final, quiero pensar que el éxito de esta serie, remedo porno de Twilight, radica en dos cosas. El factor kinky (está científicamente demostrado que la mayoría de las mujeres encuentran sexualmente excitante la idea de ser abusadas físicamente durante la relación sexual). El tema es tan fascinante que tiene una división propia dentro del estudio de las parafilias (sólo busquen BDSM en YouToube o Google o Jstor y sean maravillados). Y es que hay algo en los látigos y el cuero y los tacones. Y algo más en la dominación sexual y los juegos y la delgadísima línea que separa la rudeza propositiva de la violencia doméstica. Algo que huele, no a sex shop barata, si no a Agent Provocateur y a Kiki de Montparnase.

Y, más importantemente, el hecho de que los protagonistas tienen sexo salvaje, en un promedio, cinco veces al día (si, las conté). Denme un hombre que, además de saber exactamente qué está haciendo (y de dar órdenes precisas), me ofrezca ese tipo de stamina y dejo de leer literatura de a deveras (pos a qué hora?). Así que si no quieren que sus mujeres terminen leyendo estas porquerías, amárrenlas a la cama. Literal.

Aquí un pequeño e informativo corto de SNL sobre el asunto.

lunes, enero 09, 2012

Sobre el enamoramiento y otros extraños animales


Me la he pasado las últimas semanas jurando y perjurando que no estoy enamorada. Que podría, que tal vez querría, que existe la posibilidad, que necesito tiempo y las señales correctas. Y en verdad lo creo. Creo que muy a principios del año pasado un tendón pequeñito se rompió dentro de mí y me dejó con el corazón incapacitado para actuar a voluntad: ahora depende de las instrucciones del cerebro. Y en este momento, la razón no me deja enamorarme... o si?

Digamos que he tenido la fortuna (la desgracia?) de enamorarme tres veces en mi vida. Y aunque cada una ha sido diferente, en edades y etapas y circunstancias diferentes, me parece que puedo identificar perfectamente el sentimiento. Esa sensación de estar cayendo en un sueño profundo: al principio tan precipitado que se corre el riesgo de despertar y que, poco después, embriaga y se vuelve dulce. Se siente como volar tomada de un globo: es hermoso y atemorizante a la vez. Es bucear en un mar profundo y flotar y sentir el peso de la vida simultáneamente. Es un sentimiento que no se puede confundir. Uno sabe y no hay más.

Yo no siento nada de eso, no porque no quiera (bueno, si, en parte) sino porque estoy esperando, como los niños esperan a que llegue el 24 de diciembre para realmente emocionarse y perder el sueño. Pero en lo que espero en lo que me parece la antesala que llera al inevitable lanzamiento al vacío, me he topado con una criatura extraña. Este chico se ha empeñado en entrar sin invitación a mi país de las maravillas e instalarse, con implacable sencillez, en mi fantasía (fantasía que felizmente había aceptado vivir por mi cuenta). Y ahora algo pasa... es una cosa rara. No tengo clara la razón pero no puedo dejar de pensar en él.

Y entonces he pensado que tal vez el enamoramiento, más allá de un viaje extrasensorial pasajero y peligroso (como yo lo veo), es un bestiario; un zoológico de sentimientos que, al estar todos juntos se vuelven otra cosa. Al final, qué es estar enamorado si no una lista interminable de síntomas que incluyen la persistencia de aquel en la mente de uno, el ligero terror ante la posibilidad de que todo acabe de golpe, los celos que merodean tímidamente entre las horas en las que el otro no está disponible, la sonrisa inexplicable cuando la comunicación llega, la mirada que delata noches de besos y las ganas de más. 

Qué es esta cosa que a todos se nos a atravesado en el camino una o dos veces? Este animal extraño, suave y despiadado y hermoso, sino las ganas, la voluntad mezcladas con una coincidencia afortunada y el permiso tácito de abandono absoluto. Qué es, si no estar enamorado, la irremediable certeza de querer que sea lunes 16?


jueves, diciembre 08, 2011

De la Madness o por qué la mujeres creen que todo es sobre ellas


Alguna vez K soltó una frase que se me quedará grabada para siempre: ¿por qué las mujeres siempre piensan que todo es sobre ellas? Me hizo sentido. Ciertamente, no conozco una sola mujer que no se haya ahogado en un vaso de agua que ni siquiera era para ella. Cuando algo va bien, y sobre todo cuando algo va mal con algo externo a nosotras, una inmediatamente se ubica en el epicentro del asunto. Que si el jefe anda de malas, algo trae contra nosotras, que si la muchacha no llegó, seguro le caemos mal, que si el chico de la cafetería nos dio café grande en lugar de mediano, seguro le gustamos...

Debo aceptar que desde que el sabio Don K me compartió ese pedacito de información masculina clasificada, siempre he intentado mantener mi propia persona al margen del asunto a analizar. Pero, de vez en cuando se me sale lo nena. Esta semana se me chispotió dos veces. Entre la letra de una canción que suena sospechosamente familiar y una desaparición misteriosa, la verdad es que no pude evitar pensar que todo rota alrededor mío.

Resulta que pasé un gran fin de semana con el judío republicano (o republicano judío? Qué será mas apropiado?) Y me mostró una canción que compuso hace un par de semanas. La canción hablaba de cierta chica que lo tiene... pues digamos que ansioso. Acto seguido, yours truly tuvo a bien (tímidamente, si quieren) proclamarse la musa de tan jocosa letra. Claro, el autor nunca aclaró el proceder de la inspiración, y yo no hice nada por salir de la duda. Y es que, claro, como soy mujer, no pude mas que quedarme con la vaga idea de que el republicano en verdad pensó en mi cuando escribió esa canción. Pero ahora nunca lo sabremos, así que la pregunta me corroerá por siempre. Hubiera sido mas fácil (aunque probablemente imposible) no suponer nada personal.

Para agregar a la madness, el lunes este sujeto "olvidó" reportarse por la mañana... Y por la tarde y por la noche. Traté de concentrarme en mis finales pero claramente me resultó mas entretenido adjudicarme las causas del extraño comportamiento. Pasaron las horas y las horas (y mi lectura seguía sin ser atendida) y pasaron dos días y el muchacho a penas si dio señales de vida. Y ahí va D a examinar en retrospecitva cada uno de los movimientos ejecutados apenas un par de días antes. Habré dicho algo incorrecto? Será que me quedé con el por gran parte el domingo? Será que tomé el bus de regreso a casa? Y claro, también me pasaron todos los escenarios posibles por la cabeza: que si tiene mucho trabajo, que si se quedó sin datos en el teléfono (aunque aun podría mandar mensajes... Mmmhh), que si se cayó en uno de esos street basements neoyorquinos, que si se enamoró de su secretaria, que si se unió a la campaña de AMLOve. Claro que el hombre se reportó adecuadamente el miércoles por la noche: ha estado muy ocupado, pero me extraña. Lo veré esta tarde, antes de que salga de viaje. Fin de la madness.

Qué molesto! ¿Por qué tenemos que hacer todo tan complicado? ¿Por qué será que las mujeres siempre pensamos que todo es personal? ¿Por qué, si el hombre no manda un mensaje de buenos días y se tarda un rato en responder un Mail, inmediatamente pensamos que algo está mal, que se nos olvidó depilarnos el bigote o que se encontró a Leighton Meester en la calle (eso si pasa en NY) y se fueron a vivir a Argentina? Y pues si,  es que resulta que los hombres son de Marte y las mujeres... Las mujeres somos de La Chingada.

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martes, septiembre 27, 2011

It was just a Standard New York night...



Me pregunto si las noches en Wonderland se harán viejas en algún momento. Si, en algún lugar del mundo, se encuentra algo más lleno de belleza y fealdad y riqueza y pobreza y música y silencio. Me pregunto si la gente en Nueva York se cansa de salir de marcha sin saber qué depara la noche. La única certeza que tengo en estos momentos es que cuando deje este País de las Maravillas aún no me habré hartado de las aventuras y los besos y los cocteles. Y ciertamente extrañaré la facilidad con la que viene aquí llenar el mapamundi.

Me pregunto también si es posible enamorarse en una noche. O será simplemente que soy adicta a la fugacidad. Ya me había pasado con aquel madrileño y aún llevo esa noche cerca del corazón. Y aún me dan ganas de irme a Paris por unos días y raptarlo y no dejarlo salir ni por croissants y café. De aquella noche me quedo con su acento y las risas y la música nueva y (he de admitir) su destreza. Y, quién sabe… la vida tiene formas muy extrañas de doblar el pañuelo y partir la distancia en cachitos.

Y me pregunto si se puede uno enamorar de un extraño (don’t we all?). Yo lo dudo… tal vez. Pero últimamente me ha dado por poner a prueba mis teorías (y mis principios) y en aras de la ciencia he terminado besándome con un extraño en la calle. Para ser sincera he olvidado cómo empezó todo… sólo recuerdo que era alto y apuesto y traía unos lentes de esos que me gustan. Y mencionó algo sobre (palabra mágica) música y me pidió un abrazo (si, un extraño pidiendo un abrazo en medio de la calle… de esas cosas que sólo pasan en NY). Y el abrazo nos llevó a mi casa y las circunstancias nos llevaron a uno de los sitios más lindos de la ciudad. Piensen el Distrito Capital, pero en el Meatpacking y con vista al Hudson. Belleza por todos lados e imágenes de Dante al subir y bajar del elevador. Y ahí, con mucho whisky aún en la cabeza, nos abrazamos contra la ventana, para que todo Manhattan nos viera.

He llegado a la conclusión de que el mundo sería un lugar más lindo si todas las aventuras terminaran como la mía: despertar junto a un hombre bellísimo y ahorrarse las charlas incómodas y las agendas inventadas. Tener si acaso por un par de horas una de aquellas charlas donde la ropa sobra y los datos son interesantes. Descubrirse confortable con la luz del día y los ojos azules y la compañía. Y partir justo a las 10 de la mañana para nunca volverse a ver.

Hubiera deseado desayunar con él (y de paso, entrar a la tienda de DVF a ver lindos vestidos), cierto. Hubiera deseado mostrarle un poco de Manhattan antes de que se tuviera que volver a Estocolmo. Hubiera deseado tomar algo en una linda terraza cerca del Central Park. Hubiera deseado besarlo más (me gustaron sus besos, qué le vamos a hacer?). Pero seguramente esas horas adicionales hubieran matado la magia. Seguramente.

Y la magia, al final del día, se esconde en cada fin de semana. En esta ciudad hay magia en todos lados, a todas horas, es sólo cosa de querer encontrarla. Y la magia, al final del día, es fugaz, es magia, no le pertenece a nadie.

jueves, septiembre 15, 2011

Siempre habrá otros


Y por unos (varios) años sólo estuviste tu. Algunos (no muchos) intentaron pero en mi mente (necia) y en mi corazón sólo estuviste tu. Y luego vino otro y aprendí a cruzar la ciudad y comer pizza a deshoras y escuchar a Mahler con atención. Y luego volviste a aparecer. Y por unos (varios) meses, estuviste tu, de entre todos los demás. Pero esa vez, sabía que no eras mío, así que me rehusé a ser toda tuya. Y hubo otros. Pero (casi) siempre estuviste tu y los viernes y luego los martes y luego las llamadas nocturnas y los intentos fallidos porque en aquel tiempo no te gustaban los domingos. Y luego atravesé el espejo y me enteré que yo nunca fui.

Y me dediqué a llenar mi vida de maravillas y mi cama de países y acentos. Y luego me llegó aquel telegrama: te habíamos perdido en la guerra. Y tuve un duelo corto y dulce y me vestí de negro porque venía bien con el invierno. Y visité a tu fantasma y todo lo comprendí. Y bajé las armas y regresé a donde siempre quise estar y me dejé llevar a pasear a Central Park y a bailar al Lincoln Center. Y nunca fui mas feliz, aun con los conatos de incendio que, de vez en cuando, coinciden con visitas de tu fantasma. Y luego vino otro, con sus llamadas foráneas y sus caricias en letras y una pequeña promesa. Y por un momento pensé en las posibilidades. Pero aprendí de los años y me armé de municiones.
Y ahora las llamadas han cesado y las caricias duraron una madrugada. Y, a decir verdad, poco me ha importado. Y tu fantasma me visita todavía de vez en cuando (y, como en Atlas, de pronto me manda cartas) y, en verdad, he adquirido la habilidad de no darle importancia. Debí aprender antes que los fantasmas gustan de hacer bromas esporádicas y uno no debe tomarlo personal (por qué las mujeres siempre piensan que todo es personal?). Y la promesa del mezcal de esta noche me ha traido una certeza: Siempre habrá otros que te abracen, siempre que no se ande por la vida abrazando fantasmas.

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lunes, septiembre 12, 2011

A mi, que me caga la gente feliz


En uno de los blogs que más amo encontré esta belleza. Me hizo feliz. Últimamente todo me hace feliz. Pasar un jueves casi de pinta viendo a Nadal y a Williams y tomando piscos y champaña en Soho. Ir de excursión a Brooklyn y terminar corroborando que soy pésima para el boliche (en algún punto, mi bola se fue a dar al canal de otra persona...) y tratando de bajar a Fabian de una bicicleta que no es de él. Y ver a Miami Horror. Y besarme con un tipo durante un concierto en Terminal 5. Y comer arepas y mojarme los pies en la lluvia neoyorkina. E ir a clase y caminar a la escuela y ver de nuevo a mis amigos (los de aquí y los de allá). Y hacer el bruch con unlimited mimosas (por la módica cantidad de 20 dólar) e ir al MoMa un domingo por la tarde y pagar una cantidad exhorbitante por entrar a ver una película francesa a un disque cine de arte pichurriento. Y cantar Je t'aime, moi non plus.

La vida me trajo al País de las Maravillas y todavía no he encontrado la razón específica. No se qué hago aquí más que ser feliz. En verdad no lo se, pero lo agradezco todos los días. Y hoy recibí una carta demorada. Y en alguna manera extraña esto también me hizo feliz. Y he decidido que Mr. G no es para mí. Y también eso me ha puesto feliz. Y una amiga se casa pronto, y otras están explorando otras opciones. Y algunos amigos se enamoran y otros hacen que la gente se enamore. Y todo, en mis ojos, todo está bien. Y me he ganado boletos para ver a los Black Eyed Peas y vivo en Nueva York y tengo un cuadro de Paris en mi habitación y no puedo creer mi suerte.

Y sólo me queda ser feliz por la gente que quiero y disfrutar mi estancia en Wonderland (a la que ya le queda menos de un año). Y continuar portándome un poquito mal... porque (according to the Man in the Suit) cosas buenas le pasan a la gente mala.

martes, agosto 16, 2011

De Volver (y de ir y venir)


Ya han pasado dos semanas desde que volví al hogar para unas merecidas (not!) vacaciones. Debo confesar que, al principio, no tenía todas las ganas de venir. Me la estaba pasando bomba en Nueva York. El verano en Wonderland es simplemente eso: tierra de maravillas. Me daba pereza empacar, hacer compras, dejar todo listo... Se bien que este fue el primer y único verano que tendré para jugar en Manhattan, como si fuera mi patio de juegos, sin preocupación alguna (mas que el ensayo que Marina me obligó a terminar en una tarde), largo como los días de junio y dulce como los helados del West Village. Vivo en una fantasía y este verano me muestra las grietas que comienzan a aparecer en mi castillo de cristal. Por eso no quería venir. Por eso y porque le temía a la realidad y a los recuerdos. 

Se sabe que no me ajusto bien a los cambios. Por idiota que suene, cuando uno se va, en parte se espera que el tiempo se detenga. Es difícil irse para volver a una mundo que no es igual al que se dejó. Y, al fin, sabía bien que aquí las cosas han cambiado: los padres están ocupados, las amigas tienen nuevas rutinas (nuevos compromisos), el marido está mas bien enamorado, el perro tiene programas favoritos nuevos... los viernes del sur y las comidas en Polanco quedaron ya en otros tiempos. Vaya! hasta mi lugar de vinos preferido ha cambiado de nombre. Y yo, envuelta en ese cuento de hadas en el que vivo, no quería enfrentar nada de eso. 

Pero, al final vine pues ocho meses fueron demasiados para estar lejos. Me regalaron el pasaje, tuve tiempo suficiente para preparar bien las maletas e irme de fiesta una noche antes. Y llegué (con una ligera resaca) directo a disfrutar de mi ciudad y de mis amigos y de todas esas cosas que me hacen amar a mi Ciudad como amo pocas cosas. Y me la pasé bien y me di cuenta que, a pesar de que hablo con mis amigas casi a diario, a pesar de haber visto al Muégano y a los señores Nenito hace pocos meses, estar lejos siempre pesa. Y estar cerca viene bien. Muy bien.

Y las cosas siempre se ven mejor a la distancia. Y ha sido un año tan bueno, de esos que probablemente vienen una vez cada década. Y he hecho tanto, y he perdido el tiempo y he aprendido y he trabajado y he sido irresponsable y he probado bocas y he tirado el dinero a la basura. Y ahora tengo vestidos lindos y muchos recuerdos y el sabor dulzón de otoño neoyorkino. Y la posibilidad (?) de pasar días envuelta en sábanas blancas y sus piernas. Y ahora tengo un poco de nostalgia y mucha expectación y grandes planes y algunas decisiones tomadas. Y muchos amigos, aquí y allá. Y en quince días será tiempo de volver a mi País de las Maravillas, lo cual quiere decir que aún me quedan quince días de dulce realidad.

sábado, agosto 13, 2011

Llamadas de otros mundos


Veo el número y se que eres tú. Probablemente me llamas desde casa, tu nombre no aparece en el identificador. Se que eres tú porque me has dicho que necesitas (del verbo ocupar) hablar conmigo. Mi corazón da un pequeño salto... contesto. Tu acento es exactamente como lo recordaba: perfecto. Quería un nativo del País de las Maravillas, paseé por el mundo buscando un nativo del lugar donde vivo. Y ahora mi teléfono suena y hablamos de Grand Central. Igual se que el gusto no durará mucho. Nada puede salir bien de esta cosa que estamos haciendo, de comenzar un idilio pocas horas antes de separarnos. 

No se qué va a pasar cuando me vuelva a Wonderland. No se si todo acabará en una noche... me he convencido de que así será. Me he convencido de que iremos a Louis a beber Glenmorangie y me besarás al verme (como me has advertido) y hablaremos y terminaremos en mi casa, tratando de no hacer demasiado ruido. Y me abrazarás hasta quedarme dormida, a pesar de que te he dicho que no soporto esos comportamientos. Y luego te irás. Y yo agregaré Nueva York (como nacionalidad) a los sellos del pasaporte.

O tal vez no... tal vez me acostumbraré a que me abracen por las noches. Y me acostumbraré a tus ideas de izquierda y a tu pelo largo y me despediré de mi propósito de dejar de fumar. Y pasaré las semanas yendo y viniendo de Grand Central hasta que deje de hacer calor y podamos usar mi casa. Y te prestaré libros en español y te diré que te entiendo, aunque no tenga idea de qué quieras decir (porque eso que tu hablas no es español). Y te obligaré a ayudarme a practicar mi francés.

En realidad no lo se y poco importa. En este momento sólo tengo la certeza de que extrañaré tus mensajes cuando te vayas a España y no puedas usar tu teléfono. También se que me has curado un poco, aun ahora, que apenas te conozco. Me has vuelto las calles del sur un poco borrosas, sólo lo indispensable para sentirme cómoda otra vez. Y me sienta bien despertar a tu mensaje de buenos días. Me sientan bien nuestras charlas, me despiertan la imaginación. Me sienta bien hablar contigo y que me digas cosas lindas y me regañes. Yo no se mañana, pero creo que por ahora esas llamadas foráneas me sientan bien. 

miércoles, julio 20, 2011

Friends with Benefits


En una de esos giros inesperados que te da la vida en el País de las Maravillas, terminé pasando la tarde en el cine. Sola. Noooo, no es queja. Sólo que así pasó. Salí de trabajar tarde (como señorita responsable que soy, me quedo en la oficina hasta que mi guapo jefe no me requiere). Tenía planeado irme a Jersey (iuk) a ver una peli al aire libre con unos amigos... Pero justo antes de tomar el tren me llegó uno de esos mensajes de texto que acá te llegan con información de eventos. "Get into the free screening of Friends with Benefits if you make it before 7 to the AMC Village", leía el mensajito. El dichoso cine está a cuatro cuadras de mi hogar neoyorkino. Y como a 15 minutos de donde estaba (eran las 6.40). No lo pensé. Me metí al metro en la dirección contraria a donde originalmente iba y llegué al dos para la hora. Entré al cine. Me decomisaron mi celular, por aquello de los papás pidatas y encontré un buen lugar. Punto por ir sola.

La peli es buena. Tan buena como una comedia romántica de Hollywood puede ser. La trama la describe el título: no hay sorpresas. El final es predecible, como toda película romántica de Hollywood (con excepción, quizás, de My Best Friends Wedding). El soundtrack es aceptable. Mila Kunis, guapísima pero adorable. Justin Timberlake bien (como bien lo hizo en Social Network). Los diálogos son sencillos. Tiene un par de momentos de chantaje emocional que, para ser sincera, me llegaron (si me conocen, y conocen a Don Nenito, entenderán). Los chistes son genuinamente graciosos. Las escenas de sexo son divertidas y sensuales y muy poco maquilladas. Es una de esas películas que se ven con amigas cuando no hay nada qué hacer... Es una buena comedia romántica. Lo mejor de todo es que vende a mi País de las Maravillas como lo que es: Maravilloso. Me siguen emocionando las películas situadas en Nueva York (no puedo evitar pensar "carajo, yo vivo ahí"...).

El punto es que la trama me dejó pensando un poco... y es que me he cansado de publicar que requiero, ocupo, me urge, pues, un amante. No quiero novio. No puedo novio. La vida y los tiempos y mi agenda no me dan. Y no me da la gana regresarme a México en un año como me vine hace once meses: con el corazón destrozado. Pero, a pesar de tener la moral bastante distraída, a pesar de mis experimentos sexual-sociológicos, la neta, la neta, eso del one-night-stand no me fascina. Digo, es buena cosa cuando se da natural, cuando la agarra a una desprevenida. Es buena cosa cuando le gusta a una un muchachón tanto como para encamarlo, pero no pa irse a cenar con él y el sentimiento es mutuo. Pero es mejor cosa cuando hay un poco más de confianza. Y es que para mí amante y amigo cariñoso son primos cercanos. Los dos llevan la cláusula de la no exclusividad, de la no complicación emocional.

Siii si, ya se. La gran mayoría de esos experimentos se complican. Incluso hay gente que asegura que no hay forma de que funcionen. Yo, al contrario, pienso que si. Bajo circunstancias especiales (como una mudanza inminente, por ejemplo), pero si. Que es un equilibrio inestabilísimo, eso es innegable. Que los sentimientos no se pueden controlar del todo, eso también. Pero uno siempre sabe cómo poner el "freno de mano" que le llaman. El problema está, tal vez, en cuando uno decide quitarlo. Pero el tiempo que pasa entre enfrenones es simplemente fantástico. Y lo digo por experiencia. Mía y de historias que he presenciado. Simplemente hay algo en esa misma inestabilidad y en la confianza y el sexo recurrente sin la obligación de conocer a la abuelita y jugar con los primitos.

Vaya, al amigo cariñoso se le puede llevar a una boda sin ningún problema. Se puede ir al cine, a cenar, a pasear. Pero no es obligación. Una puede (y debe) salir con las amigas y coquetear y seguir en el mercado. Y no le debe explicaciones a nadie. Pero el amigo ahí está. Inestable, pero constante. Se le puede llamar a las tres de la mañana sin sonar "needy". Se le puede raptar para un fin de semana sin ropa. Y se puede uno desaparecer por dos, sin que haya dramas. Y el sexo se vuelve fantástico. Hay menos complejos que con alguien que nos gusta muchísimo o con quien creemos que debemos irnos con cuidado. Con el tiempo se desarrolla una sintonía especial que no viene del amor, sino del cariño y de la repetición. Es como aprender a jugar poker con fichas, en lugar de apostar dinero. Es más fácil.

Y el amante es todavía más divertido. El amante la quiere a una: no le miente, ni la seduce por las malas. Es complicidad, del tipo más bonito. Y por lo mismo tal vez sea más peligroso, uno siempre anda por el filo de la navaja. Claro que siempre existe el riesgo de perder el control, de lastimar o de salir lastimado. Nunca recomendaría aventarse a una relación de este estilo con un amigo de toda la vida. Ni con el jefe, ni con alguien de suma importancia. Ciertamente, los sentimientos se caldean, las dudas terminan saliendo. Pero con la persona adecuada, en el momento adecuado, las cosas pueden darse naturalmente. Y naturalmente terminan cuando la relación o las circunstancias expiran. Y uno termina extrañando un poquito. Pero lo bailado se queda.

Yo quisiera encontrar a la persona adecuada. Porque el momento es propicio. Porque extraño tener la posibilidad de llamar a la 1 de la madrugada y desaparecerme de la fiesta en la que estaba para pasar el resto de la noche bebiendo vino y platicando y follando. Extraño tener la posibilidad de platicar con alguien y de llevármelo a la cama sin la obligación de nada más. Extraño también la fugacidad de "esto pasa hoy entre nosotros, mañana las cosas pueden cambiar". Extraño los viernes de rapto y los sábados de amigas y los mensajes inapropiados. Y si bien no extraño los berrinches ni los celos, ahora se leer mejor las señales. En verdad extraño tener un amante. Creo que es lo único que le falta a mi vida en este momento (eso y que el ensayo que debo lo termine el duendecillo que vive en mi clóset). Se los dejo de tarea, por si conocen a algún candidato apropiado...

Y del soundtrack de la película (y de mi propia vida) les dejo este oldie but goodie:

miércoles, julio 06, 2011

Desde que lo ví



Me acuerdo perfecto la primera vez que lo ví. Don Primo lo había llevado a la casa para una de mis (entonces) tradicionales cenas-bacanales Chez Nenito, sans Nenito. Llegaron ya tarde, ergo nos agarraron mas bien borrachos. Venían de dejar a su novia. Lo ví y me gustó ipso facto. Se sabe que las barbas son mi debilidad. Se sabe que me gustan los ojos profundos y el aire de chico malo. Se sabe que, a veces, me gustan los niños con novia. Me gustó desde que lo ví.

Pasaron varios meses. Terminó con su novia por motivos que no recuerdo. Lo seguí viendo, de vez en cuando, cuando coincidíamos en alguna reunión. Fue al cumpleaños de Marina, aquella fiesta legendaria de los mariachis y coqueteé con él descaradamente (yo borracha y él sin novia) y lo invité a un concierto. Tenía un boleto de más, pues las cosas con Don C comenzaban a ser irreconciliables. Debí haber llevado a mi marido, pero no pude evitarlo. Me gustó desde que lo ví. Al terminar el concierto me lo llevé a mi casa. 

Pocas veces he corrido con esa suerte: terminar con el chico que me gusta desde el minuto 0. En la gran mayoría de los casos no es necesario. Una conoce a un chico mono y éste hace monerías para agradarte. Digamos que el proceso de terminar con alguien en la cama es, precisamente, un proceso. A una le tiene que gustar, obviamente, cómo se ve el chico, cómo huele, cómo sabe... A mi, en lo personal, me tiene que gustar lo que dice, lo que lee y, de preferencia, la música que escucha. Pero no necesariamente tiene uno que gustar del otro instantáneamente. De hecho, creo que es raro cuando pasa así. El deseo, sin proceso de por medio, es bellísimo y fugaz. El deseo instantáneo es como un libro raro que no se encuentra en todos lados. 

Pero luego uno corre con suerte y ve a un lindo chico. Y le gusta desde que se le ve. Ojos profundos, aire desenfadado, barba de algunos días. Y platica con él sobre sus proyectos y confirma que se le desea por que es guapo y por ese maldito acento. Se sabe que los acentos me ponen muy malita y me nublan el juicio un poco. Y luego uno corre con suerte y termina bailando bajo las estrellas con este chico. Bailando Un Montón de Estrellas, para ser exactos. Y hay besos frente a la lindísima fuente al Lincoln Center . Y la noche es cálida y se ha bailado y se ha bebido y se ha besado. A veces se  corre con suerte.

lunes, junio 13, 2011

Midnight in New York


Estos días han sido como de cuento, llenos de belleza. El Lincoln Center se ha convertido en mi lugar feliz. La he pasado entre conciertos y cosas lindas y buenos amigos. En la semana fui a ver al New York City Ballet, que cerró temporada con una de las coreografías fundamentales del ballet de nuestros tiempos. La sangría de la comida y las Joyas de Balanchine, en especial Rubies, me dejaron en ese ligero estupor que (los que me conocen saben que) me provoca ver bailar. La tarde era ligeramente calurosa. La tarde era simplemente perfecta. Al salir, Alejandra y yo compramos un helado y nos tendimos en la fuente del patio principal a ver las estrellas. Pasó no se cuánto tiempo hasta que nos vimos obligadas a flotar hacia nuestras casas.

El viernes salí de trabajar 15 minutos tarde y no logré alcanzar a Alejandra. Entré a la exposición sola, tratando de no distraerme con la belleza del Metropolitan Museum of Art. No había tiempo para detenerme a ver las esculturas griegas: tenía exactamente dos horas para ver las creaciones de McQueen. Esperaba ver una serie de maniquíes con ropa extraordinariamente bien hecha y alguno que otro atuendo locochón. Esperaba, sobre todo, ver los zapatos-pezuña y el ensemble verde-mosca que Lady Gaga usa en Bad Romance. Pero no estaba preparada para lo que vi. La exhibición es simple y pura magia. Los curadores merecen ovaciones de pie: la selección musical, la audioguía, la secuencia de salas, cada detalle es perfecto. Podría hacer una crónica sola de Savage Beauty, pero sería como correr en círculos. De todo, qué buena cosa nacer para crear y escandalizar conciencias y morir joven y convertirse en arte. Qué maravilla McQueen y su belleza salvaje.

Al salir me encontré con Alejandra y nos dirigimos a cenar con el señor del traje. Tras un par de cervezas y unos shots de tequila, decidimos hacer escala en París... o lo que Woody Allen entiende por París. Y yo, que apenas unos días antes había soñado con escaparme a Nunca Jamás con aquel muchacho maravilloso, no podía esperar. La película probablemente será una de mis favoritas por un buen tiempo. Los que saben probablemente disentirán. Dirán que no tiene nada de especial, que es sólo una sucesión de personajes históricos personificados por grandes actores. Pero yo la amé. Todo en ella me habla un poco al oído, los veinte y su decadencia elegantísima y Hemingway y Picasso y los Fitzgerald y Eliot y Paris a media noche. Salí con la firme intención de escaparme a la primera oportunidad que aparezca.

El fin de semana pasó rápido y feliz. Recibí una linda visita. Recorrimos una buena parte de Manhattan a pie, bajo una lluvia ligerita. Caminamos el Highline (moderno y majestuoso, elevado entre los edificios del West side). Visitamos el pasado irlandés y paseamos de regreso por el East Village. Pasé la tarde intoxicada entre amigos y personajes. Pasé la noche bailando un poco. Recibí una propuesta indecorosa que me incomodó. Y entonces entendí que hay equilibrios que se rompen más allá de toda reparación. El muchacho caribeño me dejó de gustar de golpe. Esa noche dormí como tenía muchos meses que no dormía. 

Desperté el domingo con el sol de mediodía. Desayunamos omelettes y panqueques de plátano a las 4 de la tarde. Emprendimos la excursión al pasado. Caminamos a Soho y subimos al tren N. Veintidós estaciones más tarde llegamos a Coney Island. El cielo era gris y los juegos como se ven en las películas. Paseamos el boardwalk con nuestras fedoras y nuestras instagram en la mano. Nos subimos a la rueda de la fortuna (swinger). Pensé en Sputnik mi amor. Pensé en México y lo mucho que me gustan los días nublados. Pensé en lo mucho que quiero a mis amigos (los de aquí y los de allá) y en lo afortunada que soy. Pensé en lo mucho que me gusta mi vida y en cómo las cosas se acomodan. Pensé en lo bonito que es París y lo mucho que amo Nueva York. Regresamos a Manhattan y nos metimos al cine con vino espumoso escondido en las bolsas. Cuando salimos era tiempo de cerrar el fin de semana.

Estos días han sido como sacados de un cuento. He caminado las calles de esta ciudad que me tiene más enamorada que nunca. He pasado tiempo con personas extraordinarias. He sido feliz y los días a venir vienen cargados con el dulce aroma de los veranos de la infancia: helados, amigos, parques, sol. Mentiría si dijera que me hace falta algo más que terminar mi ensayo y que Alejandra no se vaya. Mentiría si dijera que no soy feliz.

viernes, junio 10, 2011

Crónica de un encuentro imaginario


Pasó el tiempo y nunca terminamos de sacarnos ese par de encuentros de la cabeza. Y, por mucho tiempo, el deseo siguió ahí. Aún después de tener otras personas en nuestras camas, después de mi corazón roto y de tu vida y las protestas y de mi País de las Maravillas. Algún día te lo dije: fuiste el mejor amante de estos años. Y permanecimos en contacto, como amigos de algún tipo. Tal vez fue eso lo que al final nos llevó a buscarnos de nuevo.

Y entonces buscamos un billete que nos llevara a terreno neutral. Praga no, dijiste: Praga si quiero verlo (yo también, respondí). Y nos reímos y la respuesta fue sencilla: París. Porque los días y las noches en París no están hechas para ser habitados y trabajados y olvidados en el tedio de lo cotidiano. París está para ser fondo de cuentos y películas. Para vestidos lindos y lencería cara. Y perfume y vino tinto. Y entonces compramos dos boletos: Madrid-Paris / Nueva York-Paris. Y yo empaqué cualquier cosa: bragas negras, mi cepillo de dientes, mi mejor perfume. Sabía que sólo necesitaría, a lo mucho, un buen vestido. Preparé una buena selección musical y me armé de libros y revistas para sobrevivir el vuelo.

Jueves por la tarde, CDG. Intenté ponerme bonita en el avión, no tanto para tí, sino para París. Hay algo de nostaliga en Charles de Gaulle. Es viejo, como salido de una película de video-club.  Logré pasar migración sin salirme de mi precario francés. Te encontré sentado cerca de la salida internacional. Me ayudaste con mi maleta (siempre has sido un caballero) y buscamos un taxi. Fingí entenderme con el taxista: no es difícil llegar al Arc de Triomphe. Charlamos un poco, me tomaste la mano. Estábamos un poco nerviosos, un tanto incómodos. Nos guardamos el deseo en los bolsillos.

La timidez nos duró sólo hasta que llegamos al hotel. A punto estuvimos de quitarnos la ropa frente al botones. Nos bebimos enteros sabe Dios cuántas veces. Pasaba de la media noche cuando nos dimos cuenta que teníamos hambre. No encontramos abierto el León de Bruselas que tanto me gusta. Comimos cualquier cosa, nos fumamos varios cigarros y compramos agua y vino. Regresamos al hotel y no volvimos a salir hasta dos días después. Me besaste la espalda en todos los idiomas conocidos, me besaste los pies y las manos. Me hice amiga de tu boca. Cada beso, cada mordida, cada vuelta en el colchón fue mejor que la anterior. En cualquier otra ocasión no hubiera perdonado ir al Museé d'Orsay, buscar boletos para el Ballet de la Ópera y pasear por el Pont Neuf. Pero no hubo necesidad. Nos reímos, te leí el periódico y compartimos música. El sol parisino entró por la ventana y nos encontró más de una vez con el pelo revuelto y enredados en las toallas, recién bañados. Bebí vino y nos fumamos hasta la última provisión. 

Cuando terminamos el último cigarro fue tiempo de vestirnos. Tras tres días con sus noches de mordernos, tocarnos, y hacernos reír, tomé mi maleta sin deshacer y regresé a mi vida. Tu tenías un par de horas más. Me diste un beso en los labios y otro en la frente y te quedaste a caminar un poco. Me llevé tu acento en los oídos y tus besos en la espalda. Y por mucho tiempo, Paris me supo al mejor amante que tuve en aquellos años.

martes, mayo 31, 2011

De cuando empezó el verano y me cansé de esperar


Ay, mis queridísimos lectores. Ahora si se van a chutar una entrada con harta falta de ortografía. Les advierto de una vez porque estoy escribiendo de contrabando desde mi linda (y viejísima) computadora laboral y pues carecemos de acentos (mas que los que Word quiera corregir el solito). Y es que mi guapo jefe in nowhere to be seen. Y mi a mi jefa directa también se cayó del mundo. Y pues como que tener un documento de Word abierto me ayuda a disimular que no estoy hacienda nada. Digo, despues de dos horas de hacerme mensa frente a la pantalla y leer las columnas del dia y de comprar un aigrie acondicionado por internet y contestar correos y revisar mis calificaciones (ay nanita). Y esa lista, queridos lectores, básicamente resume las últimas dos semanas de mi existir. Me explico:

De un día para otro Nueva York decidió vestirse de señorita vacacionista. Todavía hace unos días uno tenía que salir a la calle como si fuera a haber una fusión nuclear en cualquier momento: botella de agua, cambio de zapatos, paraguas, impermeable, bufanda, botas de lluvia, flotis… Pero desde el lunes pasado esta ciudad tuvo a bien instalarse en el verano. Ya se puede ver a la gente (loca) tomando el sol en los parques. Uno ya puede salirse con la cartera y el celular y la bendición de Dios para no morir por un golpe de calor. Los restaurantes ya abrieron sus terrazas y nosotras corrimos a comprar tequila y margarita mix para abatir los bochornos que nos dan (pues es que son cosas propias de la edatz, qué le vamos a hacer?). Y, lo mejor de todo, mis vecinos dominicanos/puertorriqueños ya sacaron las mesas y las sillas a la calle y ya se pusieron a jugar dominó y a escuchar bachata. Que linda la cosa. Lo único malo es que mi dulce y jipi hogar neoyorquino carece de climatización artificial. Tal vez muera en lo que espero a que llegue el aparato que ordené y que me promete enfriar mi cuarto hasta 20 F por debajo de la temperatura ambiente. Sepa Dios cuanto sea eso. Esperemos que sea suficiente.

También son días de cambios y mudanzas. Estamos buscando nuevos roomates. Yo me mudare al cuarto de abajo y por fin tendré un closet de tamaño decente. Me emociona tener nuevos compañeritos y la posibilidad de que tengan amigos guapos y, sobre todo, in-ter-na-cio-na-les. También espero poder aplicar todo mi poder represor para que la casa se mantenga limpia, cosa que hasta ahora ha sido imposible. Al mismo tiempo, le hemos ayudado a Alejandra a hacer las maletas y a iniciar la paulatina huida. Me acordé de cuando yo tuve que hacer maletas y de todos mis amigos que estuvieron ahí para ayudar y hacerme entrar en razón (no, Di, solo necesitas 5 pares de jeans, el sexto seria una exageración). Y a cambio, recibieron amenidades (todo lo que ya no cupo en la maleta). En esta ocasión me tocaron un escritorio y un horno de microondas, a cambio de que mi media mitá se me vaya del país. Pues no me parece un trato justo, pero de lo perdido lo encontrado. Sé que le irá bien y que no será la última vez que vea a mi manita. Es solo que ya saben ustedes que no me gustan los cambios y menos cuando no dependen de mí.

Por lo demás, los días pasan tranquilos. Me siento en un leve paréntesis. El verano para mi realmente no ha comenzado. A pesar de haberme ido requetebién en dos de mis tres materias, el profesor de mi clase de State-Market se inconformo ante mi extensa exploración de la ola reformista en Latinoamérica y me pido que rehiciera mi ensayo. Y ya casi termino el maldito pendiente, pero hasta que no entregue eso de nueva cuenta no me sentiré de vacaciones. Y entonces estoy como en un limbo veraniego. Tengo días largos y perezosos, pero no me siento del todo cómoda pasándola bien. Una cosa bien molesta.  En fin, espero esta semana terminar y entregarme a las cosas maravillosas que ofrece mi País de las Maravillas a cambio de este clima de pacotilla.

Así pues, mi querido par de lectores, el tiempo ha tomado un ligero sabor a mazapán. Estoy en medio de un impasse un tanto dulce, un tanto molesto. Muchos planes y cosas que hacer que me separan de ellos. Un boleto a México que, siendo sincera, no tengo intenciones de comprar. Y los días son cada vez más calurosos y, por ende, los hombres se ven cada vez más guapos. El muchacho aquel me sigue volviendo loca, pero me ha cansado y así cansada yo no puedo. He de aceptar que este chico algo me movió y aun no descifro qué fue. Me cambió el gusto o la manía o el punto del cuerpo de donde sale el deseo. Algo que no sé qué es. Ahora tengo ganas de bailar salsa… todo el tiempo. Pero aun así me terminó cansando. Algo debí haber aprendido en los últimos años en México. O tal vez se me quitó lo terca. Así que en el ínter, sigo en mi ardua tarea de colorear mi mapamundi personal. Las ultimas adiciones: Estados Unidos e Italia.

Música nueva tan pronto tenga acceso a una computadora decente. Mientras, el video de la que bien puede ser la cancion del verano (en Remix por Jamie, de los XX).


martes, mayo 10, 2011

Questo quelotro


Ayyyy ya se, ya se. Tengo como semanas sin escribir. En mi defensa diré que se me vino el fin del semestre encima y con él una sarta de cosas. Logré terminar dos papers (y una tarea!) en dos días y medio. Creo que hubiera podido terminarlos en dos si no hubiera visto el video de Judas como 37 veces. Creo que ya me se la coreografía. Fui a trabajar y aprendí sobre el plebiscito de Correa y las reformas políticas de Santos. En mi mente salvé al mundo y marché el domingo de CU al zócalo. Me enojé con mi generación y cené arepas.

El fin del semestre se me vino encima y con él varios plazos fatales. Debo comprar mi boleto a México. Debo convencerme de que quiero pasar más de un mes en México. Debo convencerme de que no es plausible traerme a todos mis amigos, al 10 de la Roma, al Asha, a mis padres y al Gober a Nueva York. Debo convencerme de que quiero pasar más de un mes en mi Ciudad de México. Debo acomodar mi agenda del verano de manera tan minuciosa que me quepan 10 conciertos, 5 ballets y 120 borracheras. También debo regresar al gimnasio y mudarme al piso de abajo (primero debo convencer a mi casero de que si le voy a pagar la renta y que debe dejar quedarme a vivir aqui por favor, por favoooor). Debo inscribirme a las clases de salsa y pensar en qué clases voy a fingir que tomo el próximo semestre. 

El fin de semestre se me vino encima y yo nomás nunca me estresé. El problema es que mi cuerpo si está ligeramente estresado (yo no entiendo por qué) y entre mi obsesión con Judah-as Judah-as, mi umbral de atención que se encoge a velocidades insospechadas, este muchacho que me trae con la tête dans les nuages, mi inestable situación habitacional,  mi obsesión con Judah-as Judah-as, el paper que aun me falta entregar, el trabajo donde no me pagan pero me permite tener un jefe tan jocoso que me hace soñar (literal), mi obsesión con Judah-as Judah-as y el hecho de que mi life-coach-partner-in-crime-manita adorada se me va en breve, como que la piel se me ha rebelado un poco y eso no me gusta nada.

Pero yo no me estreso. Si mi mente se empeña en somatizar alguna angustia inexistente, ese es su problema. Yo estoy muy ocupada pensando en cómo le voy a hacer para leer el último libro de Harry Potter antes de que salga la última película. Estoy ocupada también disfrutando de estos días que cada vez se ponen más bonitos. Estoy ocupada disfrutando a los amigos que tengo aquí, y extrañando a los que tengo allá. Estoy ocupada planeando la estrategia perfecta para llevarme al baile a este muchacho que me gusta tanto y con el que quiero bailar Pulse, de Orchestral Manoeuvres in the Dark. Estoy ocupada también planeando el verano perfecto. El cierre perfecto para este año perfecto que me regaló mi perfecto País de las Maravillas. Estoy ocupada siendo feliz y extrañando y soñando y escribiendo y aguantándome el antojo viendo el video este de la Leidi Gaga... aunque el Jisuscrais que sale ahí no ayude en nada.

Y entre questo quelotro, aquí unas rolillas para días perfectos de primavera

miércoles, abril 27, 2011

Retrospectiva en Azul (waiting for an affair to remember)


El otro dia hablé con mi marido-prometido-en-matrimonio. Tenía algo que contarle. Este abrupto inicio de la primavera me puso muy mal (muy muy mal). Después de exponer mis puntos, en acto de completa confianza me dijo: Qué te hizo Nueva York? Tu no eres asi. Cierto. I used to be fearless. Y cierto es que durante los últimos días experimenté un ligero conato de pánico. Y yo no era asi. Nunca he sido de las que calculan cada paso que da. Procedo con cuidado, cuando la ocasion la amerita… pero miedo? Esa no soy yo.

Pero los años pasan y las cosas pasan y el peso de las desiciones comienza a ser considerable. Y los últimos dos años que estuve en México para mi fueron tan dulces como brutales. Y en los primeros meses que estuve en NY algo en mi cambió por completo. Y no fue sino hasta este fin de semana que me di cuenta del peso que he cargado por Manhattan. No es que culpe a nadie ni que me arrepienta de nada. Es solo el peso y los sabores que trajo el otoño y los olores de la primavera. Y ya no soy la misma.

En este ligero estupor/pánico que me envolvió el fin de semana, tuve a bien revisar un poco la historia de este sitio. Y fue como comprar un boleto al pasado. Recordé por qué en algun momento me atreví a decir que tenía un blog sobre sexo. Y, sobre todo, regresé al justo momento donde dejó de serlo y comenzó a ser sobre mis hombres... Y de cuando comenzó a ser sobre uno, en especial. Me sorprendí sobre las letras que algún día le escribí.

Y ahora eso se ve tan extraño. Aquellos dias en los que, sentía, la única solución era huir del país se ven tan, tan lejanos. No reconozco a la chica que escribió todas esas cartas de amor. Y siento un poco de furia. Por haberlo dejado permitirme salir de control. Sigo odiando lo que, en un principio, fui sin el… y sigo amando en lo que me transformó. Y sigo cierta de que nunca me arrepentiré de haberlo encontrado hace 11 años, hace 2, hace seis meses. Y ahora se que esos días dulces y amargos estan muy lejos. Y yo camino por mi País de las Maravillas, con paso seguro. Por que lo que no te mata, te hace mas fuerte.

Asi que de este viaje al pasado me quedan las reflexiones nocturnas, los días felices y mi familia y los sabores del otoño y me quedan las buenas noticias y, sobre todo, me queda quien soy ahora. Con mi pasado y mis miedos y mis certezas. Y, ahora que me han renovado mi pasaporte al Pais de las Maravillas, se que me quedan muchas páginas que llenar y mucha música que recomendar y muchas aventuras que contar… Y, quién sabe, con un poco de suerte, tal vez venga una que guardar sólo para mí. Al final, Nueva York tal vez si me regale un affair to remember.










lunes, abril 25, 2011

Crónica de un simposio (internacional epetacular)


Fue una de esas cosas que sólo pasan una vez en la vida: cuatro amigas en la Gran Manzana. Tuvieron que pasar diez años de amistad, muchos trámites, unas cuantas lágrimas y mi huída del país para que el Muégano me siguiera hasta mi País de las Maravillas. Y vaya que todo eso valió la pena.

Hubo de todo. Muchas (muchísimas) cuadras de caminata, Soho y Times Square y mi amada East Village. Un par de museos, un par de días de Turibus, varios bares y una lista interminable de restaurantes, algunos amigos nuevos, unas tardes lluviosas y algunos días soleados. Muchas compras, un poco de frío, lluvia intermitente. Mucho viento. Pies turbo/intensidad/estrés (cómo culparlas? Nueva York es infinito) Un encuentro. Un nuevo apodo (pregúntenle a FedEx), dolor de pies, una foto fallida, unas cuantas horas en el Karaoke. Martinis de manzana en Beauty Bar. Tragos gratis (de acuerdo con la tradición). Un señor serbio. Uno italiano. Sueño en el bar. Unos mojitos de lychee y cuatro malteadas con Vodka. Días y días en las tiendas. Comida brasileña y mas de una capirihna. Sábado y domingo de Central Park. Un buen sábado y un gran domingo. Un poco de salsa, dos merengues, cumbia y Lady Gaga. Muchas ganas de un beso (debo confesar que me puse un poco malita de mi lujuria). Una cantimplora llena de whisky y una ligera borrachera en Chicago. Las luces de Wonderland, vistas desde la punta de la montaña.

Ocho pies adoloridos volvieron a compartir risas e historias y confidencias. Como antaño. Como cuando nos reuníamos en la casa de Taxqueña (y, por alguna razón, siempre salíamos pedas). Como las navidades en Portales. Como las noches de papelitos. Como cada 25 de enero (con todo y el disfraz reglamentario). Como en la boda de nuestra pareja amiga y como el diciembre del 2010. Como aquel abril en el que nos dimos cuenta que los años pasan y que ya no somos las mismas, que hemos caminado caminos distintos y hemos cambiado de peinados, de talla, de amantes, de residencia. Que ahora cada una tiene una personalidad distinta y distintas preocupaciones y diferentes alegrías. Que hombres han ido y venido y corazones se han roto y han sanado y así seguirá siendo. Y, que a pesar de los años y la distancia, seguimos ahí, con presencia constante, en su justa medida. Porque tuvimos suerte y encontramos una gran familia, del tipo que se elige, del tipo que te hace feliz.

Y, buena cosa, desde ahora Nueva York siempre sabrá a whisky en las rocas y a cuatro cachitos de Muégano.

jueves, abril 21, 2011

Nothing good happens after 2am


Por recomendación de mi rooms (y a falta de MadMen hasta el 2012 y de Gossip Girl y Glee y de Modern Family) he estado viendo How I Met Your Mother. La serie es buena. No excelente, pero entretiene y el protagonista le da un aire a John Cusack (yum). Lo mejor es que se desarrolla en Nueva York y tiene una serie de chistes locales à la "I speak conductor" que lo hacen a uno sentirse orgulloso. En uno de los capítulos hablan de cómo nada bueno sucede después de las dos de la mañana. Me dejó pensando... será?

Por un lado, varios de los episodios más divertidos, inesperados y maravillosos de mi vida han ocurrido cerca del amanecer. Escapadas, besos, noticias, charlas, series interminables de papelitos y Capitán Paz Paz Paz... Aventuras todas gratificantes y geniales. Momentos llenos de amigos y amores y alcohol y amantes y buena música y carreras para llegar a mi casa o mentiras para no llegar a mi casa o mentiras sobre a qué hora llegué a mi casa. Desde que llegué a mi Nueva York un poco de esas mentiras y carreras han desaparecido, pero la noche-casi mañana no ha perdido su magia. Besos con acento y tragos de sabores y pies adoloridos. La madrugada para mí es como una droga cuya adicción viene de familia. El gusto por las altas horas de la noche está impregnado en mi DNA. Las mejores ideas, las mejores frases, los mejores besos. A mí todo me viene después de las 12 de la noche.

Pero, también he tenido mis peores momentos justo antes del amanecer. Ese último trago que, se de antemano, no es buena idea. Las peores noticias, las llamadas inesperadas, los regaños, las fracturas que no terminarán de sanar. Las peores decisiones las he tomado bajo la influencia de la madrugada (como tomar el coche y lanzarme a Lomas Verdes o a Jardines de la Montaña). Las escapadas mas idiotas, las llamadas inoportunas, las palabras que nunca debí escuchar. Las palabras que nunca debí decir. Las dos de la mañana ha sido una hora tan feliz como fatal. Soy adicta. 

Y hoy, a las 3.25am, estoy exhausta y feliz. Después de más de una década de amistad las cuatro amigas (aka el Muégano) nos logramos poner de acuerdo para hacer un viaje. Miento... ellas hicieron un viaje y yo me dispuse a barrer por única ocasión en el semestre el piso de mi hogar neoyorkino para recibirlas. Hemos tenido días felices y noches fantásticas (y, claro, el Muégano no podía fallar a la tradición neoyrkina de los tragos gratis). En esta ocasión las cosas buenas han venido tanto antes como después de las 2 de la mañana. Los exámenes finales se acercan y mi País de las Maravillas ya casi huele a verano y a clases de baile y muchas horas de museos y conciertos en el Parque. Mientras tanto, disfrutaré los días y las noches que me quedan antes de que mis amigas y yo seamos obligadas a regresar a la realidad. Por que en estos días, las cosas buenas pasan antes, durante y después de las dos de la mañana.

... Y hablando de días y noches. Una buena rola