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lunes, julio 30, 2012

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Me llegó un mensaje mientras dormía. "Good morning! Any news when you're coming back??". Veo el reloj y refunfuño. Son las 8am y estoy de vacaciones; definitivamente no me parece ser cuestionada a tan insalubres horas de la mañana de lunes. Recuerdo que allá es una hora mas tarde y respondo: "no creo que me digan nada antes del 1º... por?". Diez minutos después recibo un corto pero cálido "just curious. I want you home." Sonrío y pienso "yo también te quiero ver". Algo en la frase me queda rebotando en la cabeza: home.  Sé que se refiere a Nueva York. Es raro porque estoy en México, en casa, y por el último mes he estado rodeada de lo y los que más quiero en este mundo... casi. Los gringos dicen que el hogar se encuentra donde está el corazón. Y pues la definición no me ayuda mucho. En todo caso, me siento como Anahí y sus dos hogares. 

Muchas cosas pasaron entre mi última visita y este verano: me gradué, me mudé, me enamoré. Yo debería estar ya de regreso y, sin embargo, estoy en México sólo de visita. Y, a diferencia de las visitas anteriores, algo no me deja estar completamente tranquila: una parte de mí quisiera estar en mi País de las Maravillas, disfrutando del verano neoyorkino. Nunca antes me había sentido desarraigada en mi propia ciudad. El DF siempre ha sido mi burbuja, donde más a gusto y en casa me siento. Sigo amando esta ciudad, sigue siendo parte fundamental de mí, pero ahora, estando aquí, algo me falta. Me falta Nueva York y me faltan mis amigos y me falta él.

Y se que, en cuanto llegue a mi nuevo y desordenado departamento en Manhattan, voy a empezar a extrañar a los Señores Nenito y a mis amigos y a la Ciudad de México. Las tortillas allá no saben igual, ni se encuentran taquerías abiertas de madrugada. Allá mi mejor amiga no vive a unos metros de distancia ni puedo ir al cine con mi marido todos los fines de semana. Allá no puedo desayunar con Don Nenito, ni me toca el honor de darle las buenas noches con un beso. En Nueva York no me puedo dar el lujo de chismear con mi madre mientras terminamos el café de la mañana, ni puedo ver la tele con el perro Gober. 

No puedo evitar preguntarme si así me sentiré en unos años, con una parte del corazón en México y la otra en Nueva York. Y también me pregunto si todo esto tiene nombre y apellido (y una afiliación partidista muy cuestionable). Será que todo es su culpa? Será que, si decidimos tomar caminos distintos, esta urgencia que tengo de despertar en el Upper East Side se evaporará? Y es que estaba preparada para extrañar a Nueva York este verano, cuando todo hubiera terminado. No estaba preparada para vivir, otro año más, con el corazón dividido. 

jueves, diciembre 08, 2011

De la Madness o por qué la mujeres creen que todo es sobre ellas


Alguna vez K soltó una frase que se me quedará grabada para siempre: ¿por qué las mujeres siempre piensan que todo es sobre ellas? Me hizo sentido. Ciertamente, no conozco una sola mujer que no se haya ahogado en un vaso de agua que ni siquiera era para ella. Cuando algo va bien, y sobre todo cuando algo va mal con algo externo a nosotras, una inmediatamente se ubica en el epicentro del asunto. Que si el jefe anda de malas, algo trae contra nosotras, que si la muchacha no llegó, seguro le caemos mal, que si el chico de la cafetería nos dio café grande en lugar de mediano, seguro le gustamos...

Debo aceptar que desde que el sabio Don K me compartió ese pedacito de información masculina clasificada, siempre he intentado mantener mi propia persona al margen del asunto a analizar. Pero, de vez en cuando se me sale lo nena. Esta semana se me chispotió dos veces. Entre la letra de una canción que suena sospechosamente familiar y una desaparición misteriosa, la verdad es que no pude evitar pensar que todo rota alrededor mío.

Resulta que pasé un gran fin de semana con el judío republicano (o republicano judío? Qué será mas apropiado?) Y me mostró una canción que compuso hace un par de semanas. La canción hablaba de cierta chica que lo tiene... pues digamos que ansioso. Acto seguido, yours truly tuvo a bien (tímidamente, si quieren) proclamarse la musa de tan jocosa letra. Claro, el autor nunca aclaró el proceder de la inspiración, y yo no hice nada por salir de la duda. Y es que, claro, como soy mujer, no pude mas que quedarme con la vaga idea de que el republicano en verdad pensó en mi cuando escribió esa canción. Pero ahora nunca lo sabremos, así que la pregunta me corroerá por siempre. Hubiera sido mas fácil (aunque probablemente imposible) no suponer nada personal.

Para agregar a la madness, el lunes este sujeto "olvidó" reportarse por la mañana... Y por la tarde y por la noche. Traté de concentrarme en mis finales pero claramente me resultó mas entretenido adjudicarme las causas del extraño comportamiento. Pasaron las horas y las horas (y mi lectura seguía sin ser atendida) y pasaron dos días y el muchacho a penas si dio señales de vida. Y ahí va D a examinar en retrospecitva cada uno de los movimientos ejecutados apenas un par de días antes. Habré dicho algo incorrecto? Será que me quedé con el por gran parte el domingo? Será que tomé el bus de regreso a casa? Y claro, también me pasaron todos los escenarios posibles por la cabeza: que si tiene mucho trabajo, que si se quedó sin datos en el teléfono (aunque aun podría mandar mensajes... Mmmhh), que si se cayó en uno de esos street basements neoyorquinos, que si se enamoró de su secretaria, que si se unió a la campaña de AMLOve. Claro que el hombre se reportó adecuadamente el miércoles por la noche: ha estado muy ocupado, pero me extraña. Lo veré esta tarde, antes de que salga de viaje. Fin de la madness.

Qué molesto! ¿Por qué tenemos que hacer todo tan complicado? ¿Por qué será que las mujeres siempre pensamos que todo es personal? ¿Por qué, si el hombre no manda un mensaje de buenos días y se tarda un rato en responder un Mail, inmediatamente pensamos que algo está mal, que se nos olvidó depilarnos el bigote o que se encontró a Leighton Meester en la calle (eso si pasa en NY) y se fueron a vivir a Argentina? Y pues si,  es que resulta que los hombres son de Marte y las mujeres... Las mujeres somos de La Chingada.

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lunes, septiembre 05, 2011

Quédate con quien te quiera, como Chinita


Será que las mujeres estamos diseñadas para sufrir? Será que nos gustan las tareas intrincadas y que entre más complicada la cosa, mas cariño le agarramos? O será una cosa cultural, tal vez. Será que hemos sido educadas en la cultura de las Telenovelas donde María Mercedes debe sufrir vejaciones y sortear obstáculos para que el amor pueda "triunfar". Crecimos entre ejemplos de "pégame pero no me dejes" y oraciones donde la Virgen María nos acompaña en "este valle de lágrimas". Si, debe ser cultural, porque desde Madame Butterfly que yo no veo a las chinitas sufrir tanto como nosotras.

Y es que en otras culturas las mujeres no son educadas para enamorarse, sino para enamorar. Y creo que tal vez esa sea la clave para ser feliz... recuerdo muy bien que cuando tenía 15 conocí a un muchacho que no me agradaba del todo. Su forma de vestir, su akwardness social, su manera tan rara de ver al mundo (y su gusto por las botas góticas, las gabardinas de piel y Sailor Moon). Esos detalles me molestaban y hacían imposible que "enamorara", por lo menos de la manera en que yo creía que uno debía enamorarse. Pero este chico era encantador y el arte del cortejo le venía natural. Me escribía cartas, me regalaba discos, me recitaba poemas. Y entonces mi amiga Diana (con toda la sabiduría que uno puede tener a los 16 años) me dio uno de los mejores/peores consejos que me han dado jamás: quédate con quien te quiera, no con quien tu quieras. Y le hice caso y terminé teniendo una (dos) de las historias de amor más bonitas jamás contadas. 

Pero aún así, tengo mis dudas. Me he dado cuenta con los años que me gustan las cosas complicadas, los amores imposibles, los hombres inalcanzables. Prefiero salir a escondidas con un hombre a punto de comprometerse, enamorarme de otro que me advierte que lo nuestro no será, porque yo planeaba irme del país. Me gusta invitar a los fantasmas a cenar, hacerme amiga de ellos y luego sufrir por no poderlos abrazar. Me gustan las historias de viento, la fugacidad me hace sentir viva. Las historias imposibles te dan instantes que te llevan al paraíso, y que hacen que el demás tiempo en el infierno valga la pena. Es una droga adictivísima. Y creo que no soy la única. Creo que en realidad las mujeres amamos el drama y por eso nos amarramos a parejas que nos hacen daño (con o sin querer), nos estancamos en relaciones peligrosas, perdonamos las peores ofensas. No porque seamos tontas, sino porque nos gusta la aventura. Pero creo que eso no lo hacen las chinitas.

Y en la vida de cada mujer siempre hay un hombre que aparece con un ramo de rosas y las mejores intenciones y nos entrega el corazón casi sin conocernos. Ese tipo de hombres que no tienen miedo de decirte lo bonita que eres y lo mucho que te quieren. Y entonces nosotras nos empeñamos en alejarlo con todo tipo de pretextos: es feo, no me gusta como se viste, es raro, no me atrae... simplemente no siento la chispa. Y ciertamente, la química debe residir en la misma parte del cerebro donde se discierne lo fácil de lo difícil... por que en el momento en el que el muchacho se ofrece en bandeja de plata, una siente que "algo falta". Y entonces lo tratamos un poco mal y él, como todo hombre, acepta el reto. Pero tarde o temprano esos hombres se terminan resignando y guardan todo el amor que pudieron sentir  en un sobrecito de terciopelo y no los volvemos a ver. A menos que una sea chinita y termine casándose con él y termine siendo feliz, al final del día.

Será que debemos empezar a cambiar patrones? Será que este cuento del amor apasionado y lleno de problemas sólo era una herramienta para hacer de Corazón Salvaje la novela más adictiva de los años 90? Será que Julieta hubiera sido tanto más feliz con Paris (y hubiera vivido muchos más años)? Será que tal vez debemos dar más oportunidades a estos chicos buenos y olvidarnos por un rato de los chicos malos? Será que, mejor, me quedo con quien me quiere?

martes, agosto 16, 2011

De Volver (y de ir y venir)


Ya han pasado dos semanas desde que volví al hogar para unas merecidas (not!) vacaciones. Debo confesar que, al principio, no tenía todas las ganas de venir. Me la estaba pasando bomba en Nueva York. El verano en Wonderland es simplemente eso: tierra de maravillas. Me daba pereza empacar, hacer compras, dejar todo listo... Se bien que este fue el primer y único verano que tendré para jugar en Manhattan, como si fuera mi patio de juegos, sin preocupación alguna (mas que el ensayo que Marina me obligó a terminar en una tarde), largo como los días de junio y dulce como los helados del West Village. Vivo en una fantasía y este verano me muestra las grietas que comienzan a aparecer en mi castillo de cristal. Por eso no quería venir. Por eso y porque le temía a la realidad y a los recuerdos. 

Se sabe que no me ajusto bien a los cambios. Por idiota que suene, cuando uno se va, en parte se espera que el tiempo se detenga. Es difícil irse para volver a una mundo que no es igual al que se dejó. Y, al fin, sabía bien que aquí las cosas han cambiado: los padres están ocupados, las amigas tienen nuevas rutinas (nuevos compromisos), el marido está mas bien enamorado, el perro tiene programas favoritos nuevos... los viernes del sur y las comidas en Polanco quedaron ya en otros tiempos. Vaya! hasta mi lugar de vinos preferido ha cambiado de nombre. Y yo, envuelta en ese cuento de hadas en el que vivo, no quería enfrentar nada de eso. 

Pero, al final vine pues ocho meses fueron demasiados para estar lejos. Me regalaron el pasaje, tuve tiempo suficiente para preparar bien las maletas e irme de fiesta una noche antes. Y llegué (con una ligera resaca) directo a disfrutar de mi ciudad y de mis amigos y de todas esas cosas que me hacen amar a mi Ciudad como amo pocas cosas. Y me la pasé bien y me di cuenta que, a pesar de que hablo con mis amigas casi a diario, a pesar de haber visto al Muégano y a los señores Nenito hace pocos meses, estar lejos siempre pesa. Y estar cerca viene bien. Muy bien.

Y las cosas siempre se ven mejor a la distancia. Y ha sido un año tan bueno, de esos que probablemente vienen una vez cada década. Y he hecho tanto, y he perdido el tiempo y he aprendido y he trabajado y he sido irresponsable y he probado bocas y he tirado el dinero a la basura. Y ahora tengo vestidos lindos y muchos recuerdos y el sabor dulzón de otoño neoyorkino. Y la posibilidad (?) de pasar días envuelta en sábanas blancas y sus piernas. Y ahora tengo un poco de nostalgia y mucha expectación y grandes planes y algunas decisiones tomadas. Y muchos amigos, aquí y allá. Y en quince días será tiempo de volver a mi País de las Maravillas, lo cual quiere decir que aún me quedan quince días de dulce realidad.

miércoles, julio 20, 2011

Friends with Benefits


En una de esos giros inesperados que te da la vida en el País de las Maravillas, terminé pasando la tarde en el cine. Sola. Noooo, no es queja. Sólo que así pasó. Salí de trabajar tarde (como señorita responsable que soy, me quedo en la oficina hasta que mi guapo jefe no me requiere). Tenía planeado irme a Jersey (iuk) a ver una peli al aire libre con unos amigos... Pero justo antes de tomar el tren me llegó uno de esos mensajes de texto que acá te llegan con información de eventos. "Get into the free screening of Friends with Benefits if you make it before 7 to the AMC Village", leía el mensajito. El dichoso cine está a cuatro cuadras de mi hogar neoyorkino. Y como a 15 minutos de donde estaba (eran las 6.40). No lo pensé. Me metí al metro en la dirección contraria a donde originalmente iba y llegué al dos para la hora. Entré al cine. Me decomisaron mi celular, por aquello de los papás pidatas y encontré un buen lugar. Punto por ir sola.

La peli es buena. Tan buena como una comedia romántica de Hollywood puede ser. La trama la describe el título: no hay sorpresas. El final es predecible, como toda película romántica de Hollywood (con excepción, quizás, de My Best Friends Wedding). El soundtrack es aceptable. Mila Kunis, guapísima pero adorable. Justin Timberlake bien (como bien lo hizo en Social Network). Los diálogos son sencillos. Tiene un par de momentos de chantaje emocional que, para ser sincera, me llegaron (si me conocen, y conocen a Don Nenito, entenderán). Los chistes son genuinamente graciosos. Las escenas de sexo son divertidas y sensuales y muy poco maquilladas. Es una de esas películas que se ven con amigas cuando no hay nada qué hacer... Es una buena comedia romántica. Lo mejor de todo es que vende a mi País de las Maravillas como lo que es: Maravilloso. Me siguen emocionando las películas situadas en Nueva York (no puedo evitar pensar "carajo, yo vivo ahí"...).

El punto es que la trama me dejó pensando un poco... y es que me he cansado de publicar que requiero, ocupo, me urge, pues, un amante. No quiero novio. No puedo novio. La vida y los tiempos y mi agenda no me dan. Y no me da la gana regresarme a México en un año como me vine hace once meses: con el corazón destrozado. Pero, a pesar de tener la moral bastante distraída, a pesar de mis experimentos sexual-sociológicos, la neta, la neta, eso del one-night-stand no me fascina. Digo, es buena cosa cuando se da natural, cuando la agarra a una desprevenida. Es buena cosa cuando le gusta a una un muchachón tanto como para encamarlo, pero no pa irse a cenar con él y el sentimiento es mutuo. Pero es mejor cosa cuando hay un poco más de confianza. Y es que para mí amante y amigo cariñoso son primos cercanos. Los dos llevan la cláusula de la no exclusividad, de la no complicación emocional.

Siii si, ya se. La gran mayoría de esos experimentos se complican. Incluso hay gente que asegura que no hay forma de que funcionen. Yo, al contrario, pienso que si. Bajo circunstancias especiales (como una mudanza inminente, por ejemplo), pero si. Que es un equilibrio inestabilísimo, eso es innegable. Que los sentimientos no se pueden controlar del todo, eso también. Pero uno siempre sabe cómo poner el "freno de mano" que le llaman. El problema está, tal vez, en cuando uno decide quitarlo. Pero el tiempo que pasa entre enfrenones es simplemente fantástico. Y lo digo por experiencia. Mía y de historias que he presenciado. Simplemente hay algo en esa misma inestabilidad y en la confianza y el sexo recurrente sin la obligación de conocer a la abuelita y jugar con los primitos.

Vaya, al amigo cariñoso se le puede llevar a una boda sin ningún problema. Se puede ir al cine, a cenar, a pasear. Pero no es obligación. Una puede (y debe) salir con las amigas y coquetear y seguir en el mercado. Y no le debe explicaciones a nadie. Pero el amigo ahí está. Inestable, pero constante. Se le puede llamar a las tres de la mañana sin sonar "needy". Se le puede raptar para un fin de semana sin ropa. Y se puede uno desaparecer por dos, sin que haya dramas. Y el sexo se vuelve fantástico. Hay menos complejos que con alguien que nos gusta muchísimo o con quien creemos que debemos irnos con cuidado. Con el tiempo se desarrolla una sintonía especial que no viene del amor, sino del cariño y de la repetición. Es como aprender a jugar poker con fichas, en lugar de apostar dinero. Es más fácil.

Y el amante es todavía más divertido. El amante la quiere a una: no le miente, ni la seduce por las malas. Es complicidad, del tipo más bonito. Y por lo mismo tal vez sea más peligroso, uno siempre anda por el filo de la navaja. Claro que siempre existe el riesgo de perder el control, de lastimar o de salir lastimado. Nunca recomendaría aventarse a una relación de este estilo con un amigo de toda la vida. Ni con el jefe, ni con alguien de suma importancia. Ciertamente, los sentimientos se caldean, las dudas terminan saliendo. Pero con la persona adecuada, en el momento adecuado, las cosas pueden darse naturalmente. Y naturalmente terminan cuando la relación o las circunstancias expiran. Y uno termina extrañando un poquito. Pero lo bailado se queda.

Yo quisiera encontrar a la persona adecuada. Porque el momento es propicio. Porque extraño tener la posibilidad de llamar a la 1 de la madrugada y desaparecerme de la fiesta en la que estaba para pasar el resto de la noche bebiendo vino y platicando y follando. Extraño tener la posibilidad de platicar con alguien y de llevármelo a la cama sin la obligación de nada más. Extraño también la fugacidad de "esto pasa hoy entre nosotros, mañana las cosas pueden cambiar". Extraño los viernes de rapto y los sábados de amigas y los mensajes inapropiados. Y si bien no extraño los berrinches ni los celos, ahora se leer mejor las señales. En verdad extraño tener un amante. Creo que es lo único que le falta a mi vida en este momento (eso y que el ensayo que debo lo termine el duendecillo que vive en mi clóset). Se los dejo de tarea, por si conocen a algún candidato apropiado...

Y del soundtrack de la película (y de mi propia vida) les dejo este oldie but goodie:

martes, mayo 31, 2011

De cuando empezó el verano y me cansé de esperar


Ay, mis queridísimos lectores. Ahora si se van a chutar una entrada con harta falta de ortografía. Les advierto de una vez porque estoy escribiendo de contrabando desde mi linda (y viejísima) computadora laboral y pues carecemos de acentos (mas que los que Word quiera corregir el solito). Y es que mi guapo jefe in nowhere to be seen. Y mi a mi jefa directa también se cayó del mundo. Y pues como que tener un documento de Word abierto me ayuda a disimular que no estoy hacienda nada. Digo, despues de dos horas de hacerme mensa frente a la pantalla y leer las columnas del dia y de comprar un aigrie acondicionado por internet y contestar correos y revisar mis calificaciones (ay nanita). Y esa lista, queridos lectores, básicamente resume las últimas dos semanas de mi existir. Me explico:

De un día para otro Nueva York decidió vestirse de señorita vacacionista. Todavía hace unos días uno tenía que salir a la calle como si fuera a haber una fusión nuclear en cualquier momento: botella de agua, cambio de zapatos, paraguas, impermeable, bufanda, botas de lluvia, flotis… Pero desde el lunes pasado esta ciudad tuvo a bien instalarse en el verano. Ya se puede ver a la gente (loca) tomando el sol en los parques. Uno ya puede salirse con la cartera y el celular y la bendición de Dios para no morir por un golpe de calor. Los restaurantes ya abrieron sus terrazas y nosotras corrimos a comprar tequila y margarita mix para abatir los bochornos que nos dan (pues es que son cosas propias de la edatz, qué le vamos a hacer?). Y, lo mejor de todo, mis vecinos dominicanos/puertorriqueños ya sacaron las mesas y las sillas a la calle y ya se pusieron a jugar dominó y a escuchar bachata. Que linda la cosa. Lo único malo es que mi dulce y jipi hogar neoyorquino carece de climatización artificial. Tal vez muera en lo que espero a que llegue el aparato que ordené y que me promete enfriar mi cuarto hasta 20 F por debajo de la temperatura ambiente. Sepa Dios cuanto sea eso. Esperemos que sea suficiente.

También son días de cambios y mudanzas. Estamos buscando nuevos roomates. Yo me mudare al cuarto de abajo y por fin tendré un closet de tamaño decente. Me emociona tener nuevos compañeritos y la posibilidad de que tengan amigos guapos y, sobre todo, in-ter-na-cio-na-les. También espero poder aplicar todo mi poder represor para que la casa se mantenga limpia, cosa que hasta ahora ha sido imposible. Al mismo tiempo, le hemos ayudado a Alejandra a hacer las maletas y a iniciar la paulatina huida. Me acordé de cuando yo tuve que hacer maletas y de todos mis amigos que estuvieron ahí para ayudar y hacerme entrar en razón (no, Di, solo necesitas 5 pares de jeans, el sexto seria una exageración). Y a cambio, recibieron amenidades (todo lo que ya no cupo en la maleta). En esta ocasión me tocaron un escritorio y un horno de microondas, a cambio de que mi media mitá se me vaya del país. Pues no me parece un trato justo, pero de lo perdido lo encontrado. Sé que le irá bien y que no será la última vez que vea a mi manita. Es solo que ya saben ustedes que no me gustan los cambios y menos cuando no dependen de mí.

Por lo demás, los días pasan tranquilos. Me siento en un leve paréntesis. El verano para mi realmente no ha comenzado. A pesar de haberme ido requetebién en dos de mis tres materias, el profesor de mi clase de State-Market se inconformo ante mi extensa exploración de la ola reformista en Latinoamérica y me pido que rehiciera mi ensayo. Y ya casi termino el maldito pendiente, pero hasta que no entregue eso de nueva cuenta no me sentiré de vacaciones. Y entonces estoy como en un limbo veraniego. Tengo días largos y perezosos, pero no me siento del todo cómoda pasándola bien. Una cosa bien molesta.  En fin, espero esta semana terminar y entregarme a las cosas maravillosas que ofrece mi País de las Maravillas a cambio de este clima de pacotilla.

Así pues, mi querido par de lectores, el tiempo ha tomado un ligero sabor a mazapán. Estoy en medio de un impasse un tanto dulce, un tanto molesto. Muchos planes y cosas que hacer que me separan de ellos. Un boleto a México que, siendo sincera, no tengo intenciones de comprar. Y los días son cada vez más calurosos y, por ende, los hombres se ven cada vez más guapos. El muchacho aquel me sigue volviendo loca, pero me ha cansado y así cansada yo no puedo. He de aceptar que este chico algo me movió y aun no descifro qué fue. Me cambió el gusto o la manía o el punto del cuerpo de donde sale el deseo. Algo que no sé qué es. Ahora tengo ganas de bailar salsa… todo el tiempo. Pero aun así me terminó cansando. Algo debí haber aprendido en los últimos años en México. O tal vez se me quitó lo terca. Así que en el ínter, sigo en mi ardua tarea de colorear mi mapamundi personal. Las ultimas adiciones: Estados Unidos e Italia.

Música nueva tan pronto tenga acceso a una computadora decente. Mientras, el video de la que bien puede ser la cancion del verano (en Remix por Jamie, de los XX).


martes, mayo 10, 2011

Questo quelotro


Ayyyy ya se, ya se. Tengo como semanas sin escribir. En mi defensa diré que se me vino el fin del semestre encima y con él una sarta de cosas. Logré terminar dos papers (y una tarea!) en dos días y medio. Creo que hubiera podido terminarlos en dos si no hubiera visto el video de Judas como 37 veces. Creo que ya me se la coreografía. Fui a trabajar y aprendí sobre el plebiscito de Correa y las reformas políticas de Santos. En mi mente salvé al mundo y marché el domingo de CU al zócalo. Me enojé con mi generación y cené arepas.

El fin del semestre se me vino encima y con él varios plazos fatales. Debo comprar mi boleto a México. Debo convencerme de que quiero pasar más de un mes en México. Debo convencerme de que no es plausible traerme a todos mis amigos, al 10 de la Roma, al Asha, a mis padres y al Gober a Nueva York. Debo convencerme de que quiero pasar más de un mes en mi Ciudad de México. Debo acomodar mi agenda del verano de manera tan minuciosa que me quepan 10 conciertos, 5 ballets y 120 borracheras. También debo regresar al gimnasio y mudarme al piso de abajo (primero debo convencer a mi casero de que si le voy a pagar la renta y que debe dejar quedarme a vivir aqui por favor, por favoooor). Debo inscribirme a las clases de salsa y pensar en qué clases voy a fingir que tomo el próximo semestre. 

El fin de semestre se me vino encima y yo nomás nunca me estresé. El problema es que mi cuerpo si está ligeramente estresado (yo no entiendo por qué) y entre mi obsesión con Judah-as Judah-as, mi umbral de atención que se encoge a velocidades insospechadas, este muchacho que me trae con la tête dans les nuages, mi inestable situación habitacional,  mi obsesión con Judah-as Judah-as, el paper que aun me falta entregar, el trabajo donde no me pagan pero me permite tener un jefe tan jocoso que me hace soñar (literal), mi obsesión con Judah-as Judah-as y el hecho de que mi life-coach-partner-in-crime-manita adorada se me va en breve, como que la piel se me ha rebelado un poco y eso no me gusta nada.

Pero yo no me estreso. Si mi mente se empeña en somatizar alguna angustia inexistente, ese es su problema. Yo estoy muy ocupada pensando en cómo le voy a hacer para leer el último libro de Harry Potter antes de que salga la última película. Estoy ocupada también disfrutando de estos días que cada vez se ponen más bonitos. Estoy ocupada disfrutando a los amigos que tengo aquí, y extrañando a los que tengo allá. Estoy ocupada planeando la estrategia perfecta para llevarme al baile a este muchacho que me gusta tanto y con el que quiero bailar Pulse, de Orchestral Manoeuvres in the Dark. Estoy ocupada también planeando el verano perfecto. El cierre perfecto para este año perfecto que me regaló mi perfecto País de las Maravillas. Estoy ocupada siendo feliz y extrañando y soñando y escribiendo y aguantándome el antojo viendo el video este de la Leidi Gaga... aunque el Jisuscrais que sale ahí no ayude en nada.

Y entre questo quelotro, aquí unas rolillas para días perfectos de primavera

miércoles, abril 27, 2011

Retrospectiva en Azul (waiting for an affair to remember)


El otro dia hablé con mi marido-prometido-en-matrimonio. Tenía algo que contarle. Este abrupto inicio de la primavera me puso muy mal (muy muy mal). Después de exponer mis puntos, en acto de completa confianza me dijo: Qué te hizo Nueva York? Tu no eres asi. Cierto. I used to be fearless. Y cierto es que durante los últimos días experimenté un ligero conato de pánico. Y yo no era asi. Nunca he sido de las que calculan cada paso que da. Procedo con cuidado, cuando la ocasion la amerita… pero miedo? Esa no soy yo.

Pero los años pasan y las cosas pasan y el peso de las desiciones comienza a ser considerable. Y los últimos dos años que estuve en México para mi fueron tan dulces como brutales. Y en los primeros meses que estuve en NY algo en mi cambió por completo. Y no fue sino hasta este fin de semana que me di cuenta del peso que he cargado por Manhattan. No es que culpe a nadie ni que me arrepienta de nada. Es solo el peso y los sabores que trajo el otoño y los olores de la primavera. Y ya no soy la misma.

En este ligero estupor/pánico que me envolvió el fin de semana, tuve a bien revisar un poco la historia de este sitio. Y fue como comprar un boleto al pasado. Recordé por qué en algun momento me atreví a decir que tenía un blog sobre sexo. Y, sobre todo, regresé al justo momento donde dejó de serlo y comenzó a ser sobre mis hombres... Y de cuando comenzó a ser sobre uno, en especial. Me sorprendí sobre las letras que algún día le escribí.

Y ahora eso se ve tan extraño. Aquellos dias en los que, sentía, la única solución era huir del país se ven tan, tan lejanos. No reconozco a la chica que escribió todas esas cartas de amor. Y siento un poco de furia. Por haberlo dejado permitirme salir de control. Sigo odiando lo que, en un principio, fui sin el… y sigo amando en lo que me transformó. Y sigo cierta de que nunca me arrepentiré de haberlo encontrado hace 11 años, hace 2, hace seis meses. Y ahora se que esos días dulces y amargos estan muy lejos. Y yo camino por mi País de las Maravillas, con paso seguro. Por que lo que no te mata, te hace mas fuerte.

Asi que de este viaje al pasado me quedan las reflexiones nocturnas, los días felices y mi familia y los sabores del otoño y me quedan las buenas noticias y, sobre todo, me queda quien soy ahora. Con mi pasado y mis miedos y mis certezas. Y, ahora que me han renovado mi pasaporte al Pais de las Maravillas, se que me quedan muchas páginas que llenar y mucha música que recomendar y muchas aventuras que contar… Y, quién sabe, con un poco de suerte, tal vez venga una que guardar sólo para mí. Al final, Nueva York tal vez si me regale un affair to remember.










sábado, febrero 26, 2011

Crónica de una investigación sociológica políticamente incorrecta


Pues me mandaron a San Francisco a un ñoñi-seminario sobre cómo salvar al mundo. Ayer nevó aquí por primera vez como en 30 años (me congelo! más que en Niuyol), pero con todo la ciudad es hermosa y fascinante. Nunca la había visitado y desde que empecé mi tour por los barrios gays del mundo había querido venir. Estos seminarios son jocosos, te dan chance de hacer visitas que con poco presupuesto no serían tan plausibles y te llenan de comida y vino gratis. La pura ñoñifelicidad.

Como todo, esto tiene un lado no-tan-padre. Estas cosas empiezan a horas sumamente indecentes. Y lo peor, gran parte de las actividades tienen el propósito de lo que viene siendo el "networking", que le llaman. Yo no le hago a eso. Soy mamona e intolerante y no me sale el "hi! I'm Diana and I come from Mexico... No it is not that warm in Mexico... Yes, NYU is a very good school (although, I'm only pretending I study there)... Yes, our president is rather stupid. What was your name again?).

Y bueno, aquí estoy en un auditorio rodeada de 100 estudiantes (the best and the brightest, quesque) de más de 70 países y especialistas en más de 92 campos de estudio. Y de esta experiencia y de ser brutalmente obligada a networkiar, me quedan algunas reflexiones sociológicas (advertencia: el contenido presentado a continuación es de altísimo grado de miopía cultural, políticamente incorrecto y con un nulo sentido de responsabilidad):

  • Los arbanos del medio Oriente tienen esta perpetua cara de que te van a violar.
  • Todos los chicos de los Países Bajos (y anexos) tienen cara de gente decente. Se ven distinguidos aunque no sean guapos. Además, para mis bajísimos estándares de belleza, son guapos.
  • Nunca falta el socially akward, sin importar la nacionalidad: ayer conocí a un Suizo que estudia literatura medieval comparada. Usa sweateres de Papá Soltero y carece por completo de cualquier habilidad social.
  • Las niñas alemanas son siempre amables y (perras lobas) altas, delgadas y rubias.
  • Déjenle a los austriacos y a los latinos saltarse las reglas, emborrachar a los demás y salir con un plan para fiesta.
  • Los africanos (de Africa, que no Sudáfrica) siempre están sonrientes. Me estresan.
  • Los Asians, cuando ñoños, ñoñerrimos. Cuando chic, hijos de la chingada, qué buen gusto tienen.
  • Los Italianos, cuando ñoños, ñoñerrimos pero cool. Cuando chic, hijos de la chingada qué buen gusto tienen.
  • El acento británico, en especial el de Londres, es God's Gift to Women (And gay men). He dicho.
  • Las turcas, cuando guapas, malditas hijas de la chingada.
  • No conoces lo que es ser hipster hasta que conoces un hipster español que estudia musicología en NYU.
  • A los Apus les gustan las güerillas. A las güerillas, por lo general, no les gustan los Apus (a menos que tengan British accent).
  • Mi mercado (como chica latina petacona) está claramente dividido entre los Western European (en especial los Holandeses y tipo) y los árabes. 
  • Las Rumanas son raras. Me dan algo de miedo.
  • Los Finlandeces... un mercado que hay que explorar.
  • Los Canadienses son gringos pero más amables. Los Pakistanís son Indios pero sin Bollywood. Lo mismo, pero más barato. 
  • Todo mundo cree que en México tomamos Corona y tequila, hace calor todo el tiempo y que la taco salad es, en realidad, un plato típico.


Y ahora, me retiro a seguir salvando al mundo, un prejuicio a la vez.

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miércoles, febrero 23, 2011

Cuatro citas y un concierto

Tal parece que la primavera ahora si se avecina. Hoy hasta escuché pajaritos cantando fuera de mi ventana (y no, no es el amorz que ha tocado a mi puerta). El clima está de rompecorazones: unos días sale el sol, otros cae nieve, otros el maldito viento no deja estar a una tranquila... pero entre toda la locura los dejos de de la primavera ya se dejan sentir. Y así, la temporada de apareamiento parece comenzar también. La semana pasada todas mis amiguitas neoyorkinas tuvieron una cita. Yo también tuve una cita. Y luego Alejandra y yo nos fuimos al concierto de LadyGaga.

A unas se las llevaron al Southstreet Sea Port (cita romántica en el muelle... New York es una fuente inagotable de sitios jocosos para cortejar). A otras... pues se las llevaron al baile (pero en el buen sentido). Y a otras... a otras simplemente les mostraron una cita perfecta. No se si volveré a ver a este sujeto. Poco importa. La cita duró como 18 horas. Me llevó a cenar, pidió un Malbec. Me llevó a bailar y tomamos mojitos. Baila salsa y le gusta el JackDaniel's y le parece gracioso que mi perro vea más tele que yo. Me dio la explicación más hermosa sobre su ocupación. Ha viajado por el mundo, habla 4 idiomas y toca 5 instrumentos. Ahora está aprendiendo a tocar el saxofón. Podría haberme quedado con él por días. Habla francés. Carajo! el hombre es francés. 

El martes regresamos a la realidad (el lunes fue feriado y, como el fin de semana me dejó fatal no más no me pude levantar). La realidad nos trajo una buena noticia: boletos de último momento para ver a Lady Gaga en el Madison Square Garden. Gran noticia, hubiera sido una pena perderse tamaño espectáculo. La gente, en especial los chicos, todos ataviados con lentes, latas en el pelo, cinta amarilla en lugar de ropa, chamarras de piel y tacones altísimos. Y realmente fue un dulce ver a esta mujer. Buen espectáculo. Parecía genuinamente emocionada de estar en su natal Nueva York. Y, a decir verdad, tiene una voz a la que el pop no le hace justicia. Nunca lo supe hasta ahora. Liza Minelli estaba en el público.

Hubiera deseado ir con mi marido y cantar Paparazzi juntos. Lo extrañé muchísimo en Bad Romance y Born this Way (Don't be a Drag, just be a Queen!!). Frente a mí había una pareja como nosotros. Él gritaba y cantaba y bailaba. Me dieron envidia. En un universo paralelo debería poder salir con el francés en Soho y bailar con mi marido en el Foro Sol. Podría estudiar Game Theory y encontrar trabajo en Elle. En un universo paralelo tendría a mi mejor amiga aquí cada fin de semana (porque yo no me quiero regresar... no aún). Podría cenar los jueves con Viri y con Jen y Ale y Alice y Shelby. Y podría pasear al Gober en TopkinsSquare Park (pero dice Doña Nenito que no me quiere visitar porque no tengo cable). En un universo paralelo mi internship podría convertirse en un empleo y me alcanzaría el dinero para mandar traer a K de vez en cuando. En un universo paralelo podría comer pay de nueces con chocolate sin culpa y podría tener sexo en la primera cita sin remordimientos.

La primavera todavía no llega y yo aprovecho los últimos días de naturaleza muerta para dejarme llevar un poquito por la nostalgia. Sólo un poquito, pues ya se pueden escuchar las nuevas plantitas despertando debajo de la delgada sábana de nieve que todavía queda tendida sobre Manhattan. Y ya casi casi puedo desempacar al medio muégano que me va a traer la primavera. Y, quién sabe, tal vez la primavera también me traiga más conciertos y buenas noticias y otra cita con Don Francés.

viernes, enero 07, 2011

Cosas que a nadie le importan...


Tras darle una merecida semana de vacaciones a esta compilación ociosa de mis malos pensamientos, sigo sin tener de qué hablar. La verdad es que he estado un poco ocupada haciendo absolutamente nada (de provecho) y recibiendo mis chafas calificaciones del primer semestre (no se espanten, no me van a correr). Pero tengo algunas profundas y relevantes reflexiones, acumuladas en lo que va de mis vacaciones:
  1. Vivan las cosas sencillas de la vida: El tres de enero me trajo no sólo el retorno de mi amado Buenos Días Santa Fe, sino el inicio de la temporada de la Rosca de Reyes (rellena de nata, no hay de otra). También me llenan de felicidad las comidas en lugares del recuerdo: El 10, Sommelier, Mi Gusto Es... Me hace falta, tal vez, un pequeño viaje al Sur. Pero mejor no.
  2. No siento los tres dedos medios del pie izquierdo. Lo atribuyo a la propasación totalis de salir del Asha a las 9.20 de la mañana del primero de enero. Aguanté los tacones como en los viejos tiempos (Un vestido DVF con flats? Jamás!! Antes muerta que sencilla), pero ahora estoy lisiada. Es eso, o me desintegro lentamente como parte de mi castigo por lo mal que me porté el año pasado. 
  3. Nunca había notado lo malos que son TODOS los comerciales de la familia Genoma Lab. No se si los que los producen son subnormales y los hacen pensando en subnormales. Entre el guey que tiene migraña pero quiere ir al antro, el estómago de caricatura que te recomienda tomar omeprazol, y un largo y patético etcétera... no se qué pensar (pero me divierten). Son casi tan malos como los nombres de los personajes de las telenovelas: Que alguien me explique por qué carajos la novia del Dios William Levy se hace llamar "María Desamparada". 
  4. Tal vez debería ya buscar un boleto para regresar a NYC. Mis generosos padres (mejor conocidos como los Señores Don Nenito) tuvieron a bien regalarme el boleto para venir. Pa-ra-ve-nir. Traducción: boleto sencillo. Aunque con las nevadas que ahora caen en Manhattan, me dan ganas de aplicarla como cierto amigo colombiano y quedarme aquí hasta el puente del 1º de mayo.
  5. Cuando creíamos que todo había terminado... No!! Empieza la temporada para aplicar a las renovaciones de becas, lo implica llenar oooootra vez miles de hojas de aplicaciones con preguntas como "describa usted sus logros académicos durante lo que lleva de su posgrado" -  Ayjoles... Las catas de whisky e ir a ver al Amarican Ballet Theatre cuentan, no? - Y lo pior! también tengo que poner mi carota una vez más y rogar por cartas de recomendación. Oish.
  6. Cancelaron la clase de Desarrollo Democrático que quería tomar. Mi segunda opción era el Taller de Power Point... todo pasa por algo. Igual y hasta aprendo más.
  7. Me gusta mucho esta vida de NiNi que llevo: almuerzos con los señores Nenito, búsquedas y "trabajo" infructíferos en Internet (intermitentemente interrumpidas para molestar al Gober), comidas socialitos, cenas... El puro placer. Estamos seguros que no me puedo tomar un semestre sabático?
  8. Múltiples cosas me estresan ahora... todas tienen que ver con la segunda parte de mi maestría. Por eso he decidido poner manos a la obra: acabo de bajar la segunda temporada de MadMen, a ver si esta me entretiene más que la primera.
  9. Para los que han preguntado. El Gober sigue refinando sus gustos televisivos. Ya no gusta de infomerciales. Ahora le gustan las novelas de Univisión, las pelis de Gangsters (Carlito's Way parece ser su favorita) y jugar con el Kinect. No se quién es más raro, el perro por ver la tele o Don Nenito por ponerle los programas y juegos que le gustan.
  10. Extiendo una gran felicitación a los sobrevivientes del maratón Guadalupe-Reyes (bien ahí, equipo). A mi todavía me faltan una semanas para cantar victoria (como diría Alejandra, nosotros fuimos obligados a aplicar el maratón Thanksgiving-Trejo, el cual no terminará hasta el día de mi onomástico, cuando regrese al Nueva York). 
Bueno, ya... me espera un aguachile. Pero no me voy sin antes comentar que Metric ya sacó sus iTunes Sessions. Está taaaan lindo. Les dejo aquí unas rolitas pa que se piquen. Este año los veo en vivo o me dejo de llamar Diana Inmaculada.

martes, diciembre 14, 2010

Y, a pesar del frío, Paris era una fiesta


El fin del otoño me ha traído un Cascanueces y una llamada de medianoche y besos afuera de un bar y un amanecer bajo Paris y una mañana con sabor a Tolstoi. Y me ha mostrado la maravilla de la tristeza ajena. Y me ha dejado ver pasar los días y permitir al ancla dejar el agua. Y me ha lanzado a la mar. Y me ha recordado lo bien que se nadar... Y me ha traído días llenos de libros y promesas de lujos imaginarios y cálidos recibimientos.

El fin del otoño llevado a otros puertos bebidas amargas (amarguísimas) y mentiras piadosas y cartas que no me corresponden. Y me ha señalado prioridades y lágrimas que no me ha tocado derramar. Y me ha permitido alegrarme de la primera nevada y el frío que duele en las manos y no en el corazón. Y me ha traído un ego roto y varios discos nuevos y un nuevo milímetro de piel. Y se ha llevado lo que quedaba y que ya no servía y había comenzado a apestar. Y me ha enseñado que el pesar se llama distinto en otros países pero se parece en todos lados.

El fin del otoño a dejado cosas inconclusas (cosas que, tal vez, nunca debieron iniciar). Ha traído verdades ocultas y nuevos tragos. Y me ha traído pequeñas certezas: que ya vendrán lluvias suaves y de que Henry siempre será Henry (con sus textos mediocres y sus bolsillos vacíos y sus lentes y su sombrero) y que June tomará un barco a América y conocerá a un magnate que le comprará vestidos nuevos y Anaïs... Anaïs verá que Paris era una fiesta.

Y el invierno ha entrado silencioso (con un poco de música para corazones rotos).

jueves, diciembre 09, 2010

Los días pasan tranquilos


Los días pasan tranquilos ahora. Es como si el frío hubiera traído consigo un ligero silencio, casi imperceptible. Hace falta detener la marcha y prestar atención: no hay ruido. Los días pasan tranquilos ahora. Y, a la vez, me ha vuelto el insomnio y, con él, las alucinaciones, las ansias, las manías. Estas ganas locas de despertar en Paris y tomar el desayuno (si, ya se, allá está nevando y no tengo llenadera). Y si, estas ganas locas de hacer otra cosa, besar otras bocas, probar otros platos y viajar. Tal vez no debería regresar a casa para las navidades. Tal vez debería comprar un boleto a Praga o a Lisboa. Tal vez debería ir tras la portuguesa de aquel jueves.

Pero los días pasan tranquilos y he visto ballet y he escrito un par de cosas. El periodo de clases casi ha muerto. El ardor de la semana pasada es eso: pasado. He logrado enterrar, aunque sea temporalmente, las ganas de llamar a los médicos aquellos de Eternal Sunshine. Y es un poco Nueva York, que aun con las temperaturas bajo cero sigue siendo encantadora. Si la ciudad fuera mujer, sería hermosa, sería una cabrona. De esas que odias y deseas y no puedes dejar de ver. Y es un poco que he visto, de lejos, al inglés y he sentido el deseo correr por la espalda. Y, mientras, los días pasan tranquilos y los deberes deben ser atendidos y las compras realizadas y las navidades celebradas. Y los días pasan tranquilos.

Y como los días pasan tranquilos yo me acerco peligrosamente al borde del tedio. El sabor dulzón del tedio y la espera de ver las calles blancas y El Cascanueces en el Lincoln Center y patinar en Bryant Park. Y la acidez del tedio y las cosquillas y el insomnio y las ganas de ser otra persona: un yo un poco más joven, más irresponsable. Los días pasan tranquilos y me muestran lo rápido que pasa el tiempo y lo mal que cierran las heridas  y lo fácil que se acostumbra uno al frío en la cara y lo pronto que se deshacen las maletas.

Y los días pasan tranquilos y yo sólo pienso en portarme mal, en Martina-Topley Bird y en un nuevo par de Loubutins.


SnowMan, Martina Topley-Bird (Some Place Simple, UK, 2010)
Enfant Terrible-irresistible. A veces suena a jazz, otras veces a trip-hop. Es como un Morcheeba sofisticado (como la versión 18 años de un whisky que nos gusta). Bien sirve para tomar una copa, ver pasar las horas, leer o terminar los deberes. A mi me gusta más bien como para portarme mal.

Lyon Presqu'île, Benjamin Biolay (La Superbe, Francia, 2009)
Enfada, si no se toma en dosis controladas. Es la chanson que raya en el hiphop y que, a veces, sabe bien. Pero... cómo no sentir ganas de escuchar a un francés cantar despacito?

Péteprê, Andrea Balency Trío (Mizraïm, México, 2010)
Ella es linda. Toca bien y canta en francés. Suena como algún lugar perdido, entre bailar en algún barecito de Buenos Aires y despertar en algún barrio de Paris.

jueves, diciembre 02, 2010

The Terrier and the Lobster


He soñado contigo. Raro. Yo no sueño. He abierto la caja que ya había guardado al fondo del cajón que no se abre si no muevo mi cama. Desde que he vuelto, la caja se había mantenido cerrada y yo he podido vivir un poco más de este lado de la frontera. Tal vez, ahí, la razón. Pero no: la he abierto después del sueño. Carajo. Yo no sueño. Ni fantasías ni pesadillas. Será un castigo, pienso. Por no estudiar suficiente o abandonarme a los excesos o ver demasiado ballet o llevar los vestidos demasiado cortos. No fue una pesadilla, pero tampoco fue lindo. Serán los residuos que quedan después decantar los últimos dos años. Será que ya me cansé. Será que me han contado la historia de aquella cena y los consejos y no me ha gustado nada.

O serán, tal vez, los pasos de baile. El vestido azul que hoy me toca usar. La consigna de encontrarme un novio que guste del tango. El coraje y el innegable sabor a whisky que ahora le encuentro a KPaz de la Sierra (carajo). Será que ahora que hace frío extraño las tardes de aguachile y las cervezas y el Jack y la promesa de un trago nocturno. En cualquier caso, debe ser un castigo. Por las compras del lunes y saltarme el gimnasio el martes. Porque no he empezado a escribir lo que debo entregar la próxima semana.

He soñado contigo y ahora que despierto recuerdo que hace un par de noches he soñado con ella. Tal vez deba cambiar de almohada. Tal vez deba apurarme pues me quedan tres semanas. No es que no duerma bien. Es sólo que he estado soñando y yo no sueño y menos contigo. Y me he reído. Me he convencido de que es parte del proceso. Me he prometido no abrir más los libros y cambiar de zapatos. Y luego los ojos de Zooey Deschanel y la cantidad exhorbitante de rubias que habitan en Manhattan. Y el bar de whiskys que está frente a mi casa (y su guapo mesero).

He soñado que te has ido de fin de semana y has dejado tu casa sola y más de un(a) se ha enfadado. Y he soñado que me ha dado un placer culposo verte con maletas clandestinas y mentiras en los labios. He soñado. Yo no sueño. Carajo. Yo no sueño.

miércoles, noviembre 24, 2010

Señoritas que crecen... O no tanto.


Y twitteo: "señoritas que se comportan cual quinceañeras cuando se les presenta ante el objeto del deseo"...

Y así van las cosas. Podemos ver ya la luz al final del túnel (no, no me refiero a la época de exámenes finales - esa a penas comienza). Me refiero a ese momento cuando casi se puede cantar victoria y emerge uno con moderada dignidad de esa oscura neblina de dicha total, efímera, deliciosa y fatal. Cuando uno deja de estar enamorado y se topa, de frente, con este mundo cómico-mágico de las interacciones con el sexo opuesto (o el mismo, o los pescados... aquí somos incluyentes).

Y he caído en la cuenta de que en NY, como siempre, me he rodeado de señoritas inteligentes, guapas y elegantes. La pura madurez, podríamos decir. Algunas mas jóvenes que yo, algunas de mi edad, algunas que me llevan un par de años. Y me he dado cuenta también, que esta cosa de los chicos no ha cambiado desde que un tal Aedo me gustaba en la preparatoria: chica ve a chico. Chica gusta de chico (y sabemos que a chico no le desagrada del todo Chica, ya que o ya le ha robado un beso, o se dejó desvestir por Chica o, de menos platicó con ella vía Facebook). Pero, como los hombres son de Marte y las mujeres somos de la Chingada, Chica no se conforma y quiere más (mas tiempo, mas besos, mas Chico).

Pero Chicou (porque estamos en el gabacho, recuerden), no da su brazo a torcer... Ya sea por pendejo, por tímido, por cabrón, o por todas las anteriores. Y mala idea del Chicou este, porque lo único que hace es acrecentar el deseo de Chica por el juguete ese en la repisa mas alta del aparador. Y, eso está todo mal porque aunque Chica tiene uno que otro fans (ídolo, pa que me entiendan) por ahí en alguno de los 5 Boroughs, Chica quiere otra cosa... Que, a su entender, solo Chicou tiene.

Y así van las cosas. Uno debe mudarse a Manhattan, no para convertirse en Holly Golightly, o Samantha Jones (O, de perdis, en Blair Waldorf), si no en alguna de las pubertas de Highschool Musical. Nada de tomar el control de la situación (o la calentura) y salir del paso con elegancia, destreza y madurez... Para qué? Si es mas divertido esconderse detrás de una computadora mientras pasa el ataque de risa nerviosa, o preguntarle al amigo del amigo si Chicou ha preguntado por una, o mi favorito, correr, cual quinceañera en la otra dirección (si, cara colorada, agitando brazos y todo el numerito) cuando se topan a Chicou de frente.

Y twitteo: Chicous que requieren un emoujoncito. Chicas que no saben si quieren un Chicou que requiere un empujoncito. Chicous que piden teléfonos y nunca llaman. Chicas que dejan a un guapo y casadero Chicou sin darle su número. Chicas y Chicous que no dejan/piden teléfonos y luego se arrepienten.

Y ahora, si me lo permiten, iré a comer pay de calabaza.

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martes, noviembre 02, 2010


Tengo días sin escribir. No es que tenga la cabeza vacía, tal vez sea al contrario. Pasa todo: la vida, el tiempo, las estaciones... las emociones, los quehaceres cotidianos. Las cosas van y vienen y sólo puedo decir que a mi me sigue viniendo bien el aire fresco (más bien frío: hoy amanecimos a 3º). No tengo nada en específico de qué escribir, pero tengo un compromiso con este espacio y con mis dos lectores que en algún arranque de compulsión han sobrepasado las 8mil visitas.

Así que aquí unos "random thoughts" que me han pasado por la cabeza en estos días, sólo para que no se me desacostumbren al impecable estilo que tengo de quejarme:

  1. La vida pasa rápido en estos días. Muchos cambios: amigos pronto cambiarán de estatus laboral, de estado civil, de ideas políticas, de domicilio, de talla y de guardarropa. Las hojas ahora cubren las calles y los árboles cambian de color a un ritmo tan acelerado que no puedo llevar la cuenta. En una semana estaré de visita en México y en seis se terminará el semestre. Me he comprado unas botas de nieve.
  2. Los días pasados me recordaron que, por más madurez y sofisticación que le dan a uno los años, se puede actuar cual quinceañera a la mas mínima provocación... provocación que, generalmente, viene del sexo opuesto. Es refrescante y confuso y un poco chafa. Y no lo digo precisamente por mí... o sí, un poco.
  3. Después de muchos años de querer disfrazarme de Holly Golightly aproveché la noche del 30 para ponerme las perlas (si, las lavé) y los guantes y el vestido negro y llevar el pelo bien alto. Sólo hubiera querido tener una boquilla de mejor calidad (no quise fumar mucho, pues temía intoxicarme por el plástico) y un hombre tan guapo como aquel narrador ojiverde como accesorio principal...
  4. Se puede ser feliz de tantas maneras. Fui feliz en los años de muégano adolecente, fui feliz cuando me uní a la parvada de chachalacas, en los brazos de Don C, en las comidas largas (las noches interminables) con ..., fui feliz en esos años de intermitencia y moral disipada y el piloto y los demás... fui feliz en las noches de marcha con Mariano y los sábados perfectos con mi marido. Fui feliz en los domingos de Don nenito arreglando sus cablecitos y mi madre hablándole a las plantas. He sido feliz. Y me he dado cuenta que he sido feliz cuando ya la felicidad ha pasado. Ahora soy feliz. Muy feliz. Me ha venido bien la ciudad y el tiempo libre y los árboles de colores. Me ha venido bien estar sola. Me ha venido bien caminar e ir al ballet cada dos semanas y no tener toque de queda. Me ha venido bien probar otros labios y volver a usar jeans. Soy feliz, mucho. Ahora, antes de que pase.
Tres canciones, nomás porque sí:

No Longer Fun - Rey Pila (Rey Pila, México, 2010)

Es una canción divertida. Me recuerda a manejar en México. Me gusta la voz de Rey Pila y su estilo sin pretensiones. Es una buena rola como para empezar un fin de semana de chelas... total, ya mañana es miércoles.

Barbara Streisand - Duck Sauce (Single, EUA, 2010)

Es mi nueva obsesión (eso, y los acentos extranjeros). Es un sampleo simple y pegajoso y no hay mucho más al respecto. Pero algo en ella la hace taaaaaan buena! Si Rey Pila es como para miércoles, esta es como para jueves. Jueves de comida con vino en El Diez y de fiesta en el Imperial.

New York - Cat Power (Juke Box, EUA, 2008)

La ciudad se ha teñido de colores dorados y el aire sopla con ese dejo gélido que anuncia los copos de nieve que eventualmente llegarán. Es una cara del año que no había visto en ningún lugar: la promesa, la fuga. Es terminar un plato suculento y no poder esperar al postre. Es el beso en comisura de los labios. No es otoño, no es invierno, es el limbo perfecto y embriagante y perecedero. No queda más que rendir tributo a esta ciudad que me tiene enamorada, casi al borde de la locura.

viernes, octubre 22, 2010

Long Distance Call


Me hubiera gustado escuchar La Femme d'Argent y la versión instrumental de Playground Love. Me hubiera gustado haberme tomado un trago antes y unos cuantos después.Cuenta la leyenda que el concierto empezó a tiempo (eso hubiera significado haberle podido robar unas cuantas horas al toque de queda). 

 

Me hubiera gustado escuchar a los Dirty Projectors en vivo. Tal vez sean un buen descubrimiento (ese es el punto de ir a un buen concierto). Me hubiera gustado escuchar La Fille des Cheveaux Blondes en acústico. Me hubiera encantado haber compartido Fences y If I ever Feel Better con una banda de hipsters fresas que en México parecerían hipsters pero en NY rayan en lo fresa. Me hubiera gustado tomarme un Jack, un vino tinto y una Heineken Light y dejar que la mezcla de líquidos (y la buena compañía) me llenara de ese calorcito placentero. Me hubiera gustado fumarme un cigarro mentolado.


Hubiera sido lindo cantar Rome. Tal vez, en un golpe inesperado de suerte, hubiera aparecido esa dupla legendaria vestida de negro y con sus característicos cascos. De haber sido así, hubieran comenzado a tocar Harder Better Faster Stronger dejando cualquier duda sobre su identidad de lado. Y si acaso tocaran Girlfriend remezclado? De haber sido asi, el Madison Square Garden me hubiera ofrecido el mejor primer concierto de esta experiencia neoyorkina. También me hubiera gustado aprovechar la falta de toque de queda. Un whisky soda, tal vez?


También hubiera sido bueno tener una de esas comidas largas. Terminar con un carajillo antes de ir a ver a Feist con Broken Social Scene en Polanco. O tal vez el viernes ofrecería cruzar el río hacia un Beer Garden en Brooklyn (y un atropellado regreso a Manhattan para una fiesta de cumpleaños). Si estuviera en Nueva York, los midterms habrían terminado y el horizonte mostraría el aire cada vez más frío y un par de eventos (el Lago de los Cisnes, Muse, una cata de vino a ciegas), un disfraz de halloween qué comprar y la promesa de un puñado de buenos fines de semana. Si estuviera en México tal vez mis viernes seguirían igual ... No. Seguramente no.