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martes, julio 31, 2012

Cincuenta grados de placer culposo


No. Yo no hago reseñas de libros, ni tengo la autoridad moral para criticar absolutamente nada (bueno, a mis amigos y a la gente que me cae mal, pero eso no lo publico - lo cambio por dos whiskys y un cigarro). Y tampoco les confesaré la peregrina razón por la que caí en las páginas de un best-seller de aeropuerto - la versión oficial señala "investigación sociológica". El punto es que este blog alguna vez tocó temas sexosos y pues me viene en gana escribir un par de líneas sobre este fenomeno (?) literario. 

  1. Fifty Shades of Grey es el antifeminismo hecho novela. La lista de faltas al autorrespeto femenino es interminable, pero ninguna de ellas tiene que ver con el tema del sadomasoquismo sexual. Es algo en la historia que glorifica al rol del hombre como proveedor, controlador y juez. Algo en la "heroína" que ensalsa la fragilidad emocional de la mujer, la baja autoestima, la estupidez deliberada. Me resulta francamente triste pensar en todas las adolecentes que leerán esta novelucha/ cuento de hadas y sentirán validadas todas las ideas que tienen sobre las relaciones amorosas y los roles de género. Y, como si eso no fuera suficiente, el 70% del libro es cursi, cursilísimo. El 30% restante es bastante perverso y muy divertido.
  2. He de aceptar, sin embargo, que no pude soltar el primero de los libros hasta que lo terminé. Es una lectura muy ligera, a pesar de la falta de pericia de la autora para escribir. No se... probablemente lo único que se requiere para hacer una historia entretenida es tener a UN personaje que valga la pena. Y, la verdad, el personaje de Christian Grey es adorable e intrigante. Es Don Drapper / Brian Kenney / Mr. Big con látigos y esposas al que amas odiar y quisieras en tu cama. Por ahí de la mitad del segundo libro se vuelve un pelele enamorado (no me preocupo por los spoilers, quiero suponer que ninguno de ustedes perderán el tiempo como yo), y todo vale madres... Pero igual, ya es demasiado tarde: necesitas saber en qué termina.
Al final, quiero pensar que el éxito de esta serie, remedo porno de Twilight, radica en dos cosas. El factor kinky (está científicamente demostrado que la mayoría de las mujeres encuentran sexualmente excitante la idea de ser abusadas físicamente durante la relación sexual). El tema es tan fascinante que tiene una división propia dentro del estudio de las parafilias (sólo busquen BDSM en YouToube o Google o Jstor y sean maravillados). Y es que hay algo en los látigos y el cuero y los tacones. Y algo más en la dominación sexual y los juegos y la delgadísima línea que separa la rudeza propositiva de la violencia doméstica. Algo que huele, no a sex shop barata, si no a Agent Provocateur y a Kiki de Montparnase.

Y, más importantemente, el hecho de que los protagonistas tienen sexo salvaje, en un promedio, cinco veces al día (si, las conté). Denme un hombre que, además de saber exactamente qué está haciendo (y de dar órdenes precisas), me ofrezca ese tipo de stamina y dejo de leer literatura de a deveras (pos a qué hora?). Así que si no quieren que sus mujeres terminen leyendo estas porquerías, amárrenlas a la cama. Literal.

Aquí un pequeño e informativo corto de SNL sobre el asunto.

martes, septiembre 27, 2011

It was just a Standard New York night...



Me pregunto si las noches en Wonderland se harán viejas en algún momento. Si, en algún lugar del mundo, se encuentra algo más lleno de belleza y fealdad y riqueza y pobreza y música y silencio. Me pregunto si la gente en Nueva York se cansa de salir de marcha sin saber qué depara la noche. La única certeza que tengo en estos momentos es que cuando deje este País de las Maravillas aún no me habré hartado de las aventuras y los besos y los cocteles. Y ciertamente extrañaré la facilidad con la que viene aquí llenar el mapamundi.

Me pregunto también si es posible enamorarse en una noche. O será simplemente que soy adicta a la fugacidad. Ya me había pasado con aquel madrileño y aún llevo esa noche cerca del corazón. Y aún me dan ganas de irme a Paris por unos días y raptarlo y no dejarlo salir ni por croissants y café. De aquella noche me quedo con su acento y las risas y la música nueva y (he de admitir) su destreza. Y, quién sabe… la vida tiene formas muy extrañas de doblar el pañuelo y partir la distancia en cachitos.

Y me pregunto si se puede uno enamorar de un extraño (don’t we all?). Yo lo dudo… tal vez. Pero últimamente me ha dado por poner a prueba mis teorías (y mis principios) y en aras de la ciencia he terminado besándome con un extraño en la calle. Para ser sincera he olvidado cómo empezó todo… sólo recuerdo que era alto y apuesto y traía unos lentes de esos que me gustan. Y mencionó algo sobre (palabra mágica) música y me pidió un abrazo (si, un extraño pidiendo un abrazo en medio de la calle… de esas cosas que sólo pasan en NY). Y el abrazo nos llevó a mi casa y las circunstancias nos llevaron a uno de los sitios más lindos de la ciudad. Piensen el Distrito Capital, pero en el Meatpacking y con vista al Hudson. Belleza por todos lados e imágenes de Dante al subir y bajar del elevador. Y ahí, con mucho whisky aún en la cabeza, nos abrazamos contra la ventana, para que todo Manhattan nos viera.

He llegado a la conclusión de que el mundo sería un lugar más lindo si todas las aventuras terminaran como la mía: despertar junto a un hombre bellísimo y ahorrarse las charlas incómodas y las agendas inventadas. Tener si acaso por un par de horas una de aquellas charlas donde la ropa sobra y los datos son interesantes. Descubrirse confortable con la luz del día y los ojos azules y la compañía. Y partir justo a las 10 de la mañana para nunca volverse a ver.

Hubiera deseado desayunar con él (y de paso, entrar a la tienda de DVF a ver lindos vestidos), cierto. Hubiera deseado mostrarle un poco de Manhattan antes de que se tuviera que volver a Estocolmo. Hubiera deseado tomar algo en una linda terraza cerca del Central Park. Hubiera deseado besarlo más (me gustaron sus besos, qué le vamos a hacer?). Pero seguramente esas horas adicionales hubieran matado la magia. Seguramente.

Y la magia, al final del día, se esconde en cada fin de semana. En esta ciudad hay magia en todos lados, a todas horas, es sólo cosa de querer encontrarla. Y la magia, al final del día, es fugaz, es magia, no le pertenece a nadie.

miércoles, julio 06, 2011

Desde que lo ví



Me acuerdo perfecto la primera vez que lo ví. Don Primo lo había llevado a la casa para una de mis (entonces) tradicionales cenas-bacanales Chez Nenito, sans Nenito. Llegaron ya tarde, ergo nos agarraron mas bien borrachos. Venían de dejar a su novia. Lo ví y me gustó ipso facto. Se sabe que las barbas son mi debilidad. Se sabe que me gustan los ojos profundos y el aire de chico malo. Se sabe que, a veces, me gustan los niños con novia. Me gustó desde que lo ví.

Pasaron varios meses. Terminó con su novia por motivos que no recuerdo. Lo seguí viendo, de vez en cuando, cuando coincidíamos en alguna reunión. Fue al cumpleaños de Marina, aquella fiesta legendaria de los mariachis y coqueteé con él descaradamente (yo borracha y él sin novia) y lo invité a un concierto. Tenía un boleto de más, pues las cosas con Don C comenzaban a ser irreconciliables. Debí haber llevado a mi marido, pero no pude evitarlo. Me gustó desde que lo ví. Al terminar el concierto me lo llevé a mi casa. 

Pocas veces he corrido con esa suerte: terminar con el chico que me gusta desde el minuto 0. En la gran mayoría de los casos no es necesario. Una conoce a un chico mono y éste hace monerías para agradarte. Digamos que el proceso de terminar con alguien en la cama es, precisamente, un proceso. A una le tiene que gustar, obviamente, cómo se ve el chico, cómo huele, cómo sabe... A mi, en lo personal, me tiene que gustar lo que dice, lo que lee y, de preferencia, la música que escucha. Pero no necesariamente tiene uno que gustar del otro instantáneamente. De hecho, creo que es raro cuando pasa así. El deseo, sin proceso de por medio, es bellísimo y fugaz. El deseo instantáneo es como un libro raro que no se encuentra en todos lados. 

Pero luego uno corre con suerte y ve a un lindo chico. Y le gusta desde que se le ve. Ojos profundos, aire desenfadado, barba de algunos días. Y platica con él sobre sus proyectos y confirma que se le desea por que es guapo y por ese maldito acento. Se sabe que los acentos me ponen muy malita y me nublan el juicio un poco. Y luego uno corre con suerte y termina bailando bajo las estrellas con este chico. Bailando Un Montón de Estrellas, para ser exactos. Y hay besos frente a la lindísima fuente al Lincoln Center . Y la noche es cálida y se ha bailado y se ha bebido y se ha besado. A veces se  corre con suerte.

miércoles, junio 08, 2011

Sexy Little Things



Mentiras al oído. Mordidas clandestinas. Miradas.
Un buen whisky. Macallan 18. Glenmorangie Nectar D'Or. 
Un buen vaso. Un solo hielo.
Men playing music. Players.
Espaldas femeninas
Espaldas de nadadores, gimnastas y bailarines.
Un chelo. Jorane y su chelo.
Un hombre que sabe de vinos. De Andy Warhol y de vinos.
Idiomas y, sobre todo, acentos.
Referencias de ciudades como Lisboa o Praga.
Madrid de noche y Atenas de día. Paris a cualquier hora.
Tacones altos. Tacones negros.
Un bajo y batería. Voz.
Benjamin Biolay.
Hombres con cámaras.
Tango. Y salsa. Un hombre que sabe bailar salsa. 
Un hombre que sabe bailar.
35º C. El malecón de mi Habana.
Llamadas de media noche. Escapadas clandestinas.
Voces femeninas.
Keren Ann y Melody Gardot. My name is Trouble y My One and Only Thrill.
Hacer sin pedir permiso. Violencia controlada.
Manhattan en primavera y otoño. Manhattan toda la vida.
Moules-Frites y una cerveza. Charlas en Bruselas.
Prosecco en verano. 
Champaña y un motel. Brut Impérial. Veuve Clicquot rosé.
Vino tinto y muchos cigarros y Soñé (Música de Fondo)
Un vestido negro. EL vestido negro.
Pulse de OMD.
Lo hecho esta hecho (el Video) de Shakira.
Bravura. Ocho piruettes y saltos extrahumanos.
New York City Ballet. Sacha Radesky. Rasta Thomas.
CH y La Nuit de l'homme.
Narciso Rodríguez. Lola. 
Monique Lhuillier. Cloé Love.
Una buena camisa y un bar en midtown Manhattan (el secreto está en lo inesperado).
Un hombre con la capacidad de hacer reír, mientras besa una espalda.
Planes imaginarios. Tres días y sus noches.
Un poco de música.


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sábado, octubre 23, 2010

(Fin de) Semana inglesa


La noche del viernes me tomó por sorpresa. Me vestí apurada (esto de los leggings se me está haciendo una pésima costumbre), salí con el pelo mojado y tuve que comer cualquier cosa en el camino. Llegué, además, a la estación de metro equivocada. Para cuando me reuní con Alejandra ya llevábamos casi dos horas de retraso. En algún momento sentí deseos de saltarme la primera parada, pero la curiosidad de (por fin!) conocer Williamsbourg (lo que, según cuentan, viene siendo Hipsterland) terminó por convencerme.

Llegamos a un lugar que bien podría haber inspirado a Hipster Hitler. Tomé una Blanche de Bruxelles. Conocí a un par de personas, me dí cuenta que algunos otros me empiezan a reconocer. El primer británico de la noche me obligó a platicar con un par de desconocidos sobre Sarah Palin y John Paladino. Me reí. Me quedé sin cigarros. Nos cambiamos de lugar. 

El otro lugar podría ser cualquier bar en cualquier lugar del mundo. Nada especial. Al menos los precios eran decentes y tenían un patio trasero (si tan sólo no me hubiera quedado sin cigarros...). Estaba a gusto, casi rayando en el tedio. Envié un mensaje (tengo que dejar de enviar esos mensajes). Tenía rato que no me pasaba... este deseo que quema las manos de decir algo sucio. Cierto, pero sucio. A decir verdad, tenía varios meses que esas sucias certezas no pasaban realmente por mi cabeza. Pero el aire de la noche traía un sabor diferente esta vez. Me dijeron que un británico tal vez me vendría bien. 

Revolución en el bar. Entró un inglés. Ese chico verdaderamente interesante que sale en Gossip Girl. En vivo tiene aún más aire de rompecorazones. Perfectamente bien vestido. Puso a Velvet Underground en la rockola. Me dieron ganas de preguntarle dónde compró sus zapatos. Algo en las celebridades los cubre de un halo de inaccesibilidad. El segundo británico de la noche me dio una de las experiencias más neoyorkinas que uno puede tener: encontrarse a Chuck Bass en un bar cualquiera de Brooklyn.

Salimos del bar poco después de que la celebridad desapareció. Pasé a una tienda y pregunté (como ya es mi costumbre) por los cigarros más mentolados que tuvieran. Sigo buscando el sustituto perfecto de lo que fumaba en México. Me dieron unos de clavo. Pasé el resto de la noche con sabor a té chai con piquete de Jack Daniels. Tomamos el metro y llegamos a esa parte de Soho que casi se junta con China Town y que tiene varios de los mejores lugares para encontrarse gente con atuendos extraños. Había línea pero tuvimos suerte (tres niñas solas generalmente tienen suerte para entrar a un antro).

Me tomé un par de tragos. Esta gente me cae muy bien. La música mejoró como a los veinte minutos de haber llegado.Dudé en tomarme otro trago. Bajé a fumarme mi té chai. Me encontré a mi paisano querido en la puerta. Entramos juntos. Me invitó un trago en la barra de abajo. Creo que venía un poco tomado. Mi paisano es de esos chicos que no pierden nunca el estilo. Me dijo que estaba borracho. Yo lo ví elegante como siempre (tal vez las ojeras un poco marcadas). Me presentaron a un tipo. También va a las clases de ballroom, aclararon. Lindos ojos. Algo me dijo. Es británico pensé. 

Nos besamos en algún momento entre Just Dance y el set de clásicos ochenteros. Creo que todo mundo nos vió. Esto no es correcto, pensé. Le tomé la mano y nos perdimos en la gente. Besa bien. No sabía que los ingleses besaban tan bien. Ciertamente besa mejor de lo que baila. Y el acento y los ojos y, de pronto, el deseo. Esto no es correcto, pensé. Me regresé a donde bailaban nuestros amigos. El cumpleañero, para esas alturas ya estaba francamente borracho.

Me dijo que se iba. El deseo me recorrió la columna. Tomamos un taxi. Besa mejor de lo que baila. Tenían razón, me ha venido bien un británico.

martes, octubre 12, 2010

Silence


Como bailarín (y como espectador) a uno lo entrenan para bailar en silencio. No me refiero a bailar sin música, si no a bailar sin hacer ruido. En algunas escuelas, de hecho, la calidad de una bailarina se mide por su capacidad suprahumana de silenciar sus zapatillas. Y el público está acostumbrado a escuchar sólo mínimamente el golpeteo del yeso en la duela. Los teatros, además, generalmente tienen pisos nuevos, con aire suficiente y fosas de orquesta bien posicionadas. La danza, para casi todo el mundo, esa hermosa película muda con música sobrepuesta.

Hoy vi al American Ballet Theatre en el Rose Theatre. Este teatro es el anexo para jazz del Lincoln Center. Lo más cercano que yo he visto es el Voilá, en Antara. Un foro nuevo y moderno específicamente hecho para hacer y escuchar jazz. La acústica es impresionante. Los lugares están milimétricamente planeados para optimizar la visibilidad desde cualquier punto de la audiencia. La temperatura respeta a los instrumentos y a los asistentes. El lugar es simplemente perfecto... para la música.

Ver ballet en un lugar hecho para música es algo distinto. Al principio, he de aceptar, el rebotar de los bailarines me resultó sumamente distractor (casi molesto). El foro es tan sensible a los sonidos que no sólo se escuchaba el aleteo natural de las puntas. Se podía escuchar todo: la fricción del demi-pointe contra el piso, cada paso, cada una de las piruetas, los descensos... Entre el piano y el violín, de pronto, se podía escuchar cada respiración, los pliegues de los tutús en el aire... el choque de la piel de él con la de ella. Fue indescriptiblemente hermoso.

No pude evitar pensar en lo bonito que es el sexo en silencio. Esa danza sudorosa que se acompaña con la música que hacen las sábanas y los alientos y las lenguas. Esa música silenciosa que permite escuchar al auto que pasa en la calle, el rechinar del colchón, el roce de las pieles, el batir del cabello. Y no pude evitar pensar en sexo durante tres de los cuatro cuadros de la presentación de hoy. Sexo en silencio, en sábanas blancas y con sabor a vino amaderado. No pude evitar en sexo.

viernes, julio 16, 2010

Misbehave


Hoy tengo ganas de portarme mal, muy mal. Tengo muchas ganas de perderme en la ciudad, de jugar bajo la mesa de un buen restaurante mientras cruzo miradas con el comensal de enfrente, quien viene también acompañado. De llevar un vestido corto y labios rojos y tacones altos y dejar que me inviten tragos y me abran la puerta. De aceptar una invitación, de tomar un vuelo y volver hasta el domingo.

Hoy me quiero colar a una fiesta, dormir en un hotel, entrar al cine y no ver la película. Tal vez compartir la cama con más de una persona… Hoy quiero beber un poco más de la cuenta y no comer más que lo indispensable y fresas con chocolate. Mojar un vestido de seda bajo la lluvia y escuchar al oído un “eres mi lujo”. Quiero recibir una invitación a jugar, vestida de negro, y aceptarla con un cruce de piernas. Hoy traigo los dados en la bolsa.


Este clásico legendario (que yo amo en la voz de Nina Simone) ha tomado un aire insoportablemente sexy. Es la guitarra precisa, la voz apenas melancólica y el ritmo pausado. O tal vez es la letra: te he hechizado, porque eres mío. Capricho delicioso. Quiero un Malbec y que me quiten la ropa. Lo quiero ahora.

Para los que no creen que las bandas sonoras de las películas de vampiritos malcogidos no valen la pena… el disco entero es notable, pero esta es una de mis piezas favoritas. A mi parecer, es una canción masculina y contundente. Tiene dos partes: una como para tomar un whisky, la otra como para manejar rápido y no pagar las multas. Me gusta, me gusta mucho, me suena a viernes nublado y cerveza alemana con un chico que use negro y no se rasure tan seguido.


 
Si de portarse mal hablamos, quisiera portarme mal en un Alexander MCQueen, quisiera portarme mal en Les Halles. GRAN canción, especialmente para fiestas privadas… muy privadas. Digo, el título lo dice todo.

lunes, julio 12, 2010

La otra

“No mask like open truth to cover lies, as to go naked is the best disguise.”

William Congreve



Todos fantaseamos con ser otra persona de vez en cuando. Puedo apostar que la gran mayoría de las niñas han fantaseado el día de hoy con ser la novia de Iker Casillas y recibir ese lindo beso (y que éste sea transmitido en televisión nacional para envidia del resto de féminas en el mundo). Y muchos hombres han fantaseado desde ayer con ser Iker… por guapo, primero que nada, por levantar la copa esa (qué fea es, por cierto), para darle la razón al pulpo (obvio!), o para besar a tan guapa chica en televisión nacional para envidia de todos los machos del mundo.

El punto es que nos gusta, de pronto, soñar con ser otras personas. Es divertido jugar a los disfraces (o sólo soy yo?). Siempre he tenido ganas de una peluca rosa-chicle y un liguero que haga juego… o cambiarme el nombre y ser llevada a la cama, tras una corta charla en la barra de algún bar, por un desconocido que resulta extrañamente conocido y cuya voz tiene un efecto tan especial que sólo puede ser familiar.

Hoy me he levantado con ganas de ser otra persona por las razones correctas. Me ha entrado el antojo de jugar a los extraños que se descubren y se conocen y no se vuelven a ver. O vovler a aquellos años donde todo era nuevo y mi una falda tableada era su barrera más grande: ponerme calcetas hasta las rodillas, la blusa escolar blanquísima, esperando a ser arrugada en la alfombra.

Hay algo de magia en fingirse otra persona, distante, distinta: ser encontrada en cualquier esquina ya entrada la noche (juego peligroso), fornicar con un desconocido mientras una venda cubre los ojos (juego peligrosísimo). Salir de la zona de confort, tomar un riesgo que no lo es tanto… vestirse, disfrazarse, ponerse el antifaz y asistir a una fiesta by-invitation-only. Perder el control, sin soltar la llave. Eyes wide shut.

jueves, mayo 13, 2010

Antojo de helado


Tal vez es el viento nocturno que despierta los sentidos y provoca el ligero escalofrío que recorre la espalda. Es el clima, que calienta la piel y luego la baña de un involuntario rocío. Es la piel húmeda y la ropa pegada al cuerpo, la ropa que estorba... Es el sol y el viento que no refresca y que obligan a mostrar más piel que de costumbre. Y es la piel que se traduce en desnudez. En estos días todo lleva a la desnudez.


O tal vez es la primavera y que las flores abren en primavera y los animales hacen lo propio en esta temporada. Y que la inminente llegada del verano obliga a oler y a saborear y a sentir. O la lluvia que ya se anuncia y recuerda que los besos mojados son los mejores. Los besos con sabor a sorbete de frutos rojos, a labios rojos, a frutos frescos, besos helados en una espalda caliente.

Caliente. Caliente la piel y las yemas de los dedos que la recorren. Y el cuello más allá de tibio pidiendo a gritos una mordida a punto de nieve o la espalda desnuda esperando el agua casi tibia y salir de la ducha y llegar a la cama y sudar hasta que sea necesario volver a empezar. El aire caliente, el ánimo caliente, las sábanas calientes. Todo caliente. El mundo entero mantiene, por ahora, esta especie de calentura permanente y ¿con razón?

Eso parece, pues todo a mi alrededor huele a sexo. Debe ser eso y no soy sólo yo y las ganas enjuagadas en helado... en Jack helado.

domingo, febrero 14, 2010

Olympians

Cada cuatro años, pienso en el Olimpo vestido de blanco. Y cuando pienso en el Olimpo pienso en el Dios Apollo. Apollo Ohno.

viernes, febrero 12, 2010

Fuck Valentine's


This year, I want Ballantine's (and you in my bed).

martes, febrero 09, 2010

Delirio


Será la combinación de la fiebre y las drogas y el dolor. Será que este padecimiento parece nunca terminar...


Pero en estos momentos sólo puedo pensar en una cosa.

Tengo unas absolutas y contundentes ganas de trío.

Today, three is my favourite number.

miércoles, febrero 03, 2010

20100122

A veces encuentro pedazos de felicidad donde sé que no debería buscar. Es ese afán del placer culposo (como Soldado del Amor y los cazares con valentina). Diría mi marido que soy necia, terca, facilota. Yo digo que es tomar la ruta panorámica en lugar del expressway. En cualquier caso, me gusta sufrir un poquito; sentir ese dolorcito dulcemente adictivo. Disfruto mucho estar en el borde, justo ante el punto de no retorno. Sin embargo, no me gusta nadar entre tiburones. Prefiero observarlos desde una jaula. Tal vez por eso finjo.

Lo he dicho muchas veces: tengo el hábito de fingir. Lo sé, lo seeee. Es una pésima costumbre. Para colmo es una de esas poquísimas cosas en las que soy completa y absolutamente consistente. Es casi automático en la mayoría de las ocasiones. ¿Por qué? No lo sé realmente. En algunas ocasiones es simple cuestión de economía procesal. Hay veces que el tiempo, la técnica, el clima o el mood simplemente no alcanzan. En algunas otras, es cuestión de comodidad. Y es que hay veces en que el tiempo, la técnica o incluso el clima son excesivos.

Hay dos excepciones. Con Don C no puedo fingir. Don C y la sinfonía No. 3 de Mendelssohn y su sabor a mezcal y los besos que me da en la espalda, justo antes de quitarme los pantalones. Algo en él me lleva a otro lado. Es un poco como no estar ahí, un poco como flotar con el dedo gordo del pie aún tocando el piso. Su técnica es impecable, cierto. Sin embargo es otra cosa la que me desconecta de mi instinto de fingir. El sexo con C se siente natural, como que así debería ser.

Con ..., por otro lado, finjo con regularidad cronométrica. Sin embargo mis razones no son tan prácticas. De él me gustan muchas cosas: su olor, su voz, sus manos frías. La manera en que saborea ese whiskey que le regalé. Con ..., no obstante, nunca he volado. Sus besos violentos y la pericia extraordinaria que tiene para fornicar, lejos de llenarme de levedad, me atan al piso. Fornicar con ... es como lanzarse al Sena con un chaleco de plomo. Es el vértigo: ese suculento peso en el pecho que apenas deja respirar. Viene un poco del miedo, un poco del dolor (físico), un poco de la memoria. El punto es que, en algún momento, hace varios meses, mi cuerpo tomó la decisión unilateral de bloquear ese último escalón antes del Paraíso.

El sexo con ... se siente inicuo, como que no debería ser. Pero soy necia y de pronto me gusta encontrar pedazos de felicidad donde sé que no debería buscar. De pronto me doy licencia para no fingir. De pronto, sólo de pronto, me arrastra la marea, con todo y chaleco de plomo. De pronto hace calor y mi voluntad y mis herramientas se resbalan como resbala el sudor por la espalda. Y no me queda más que culpar al Jack Daniel’s que sabe tan bien. Tal vez demasiado bien.

viernes, enero 15, 2010

Forgive me Father, for I have sinned - LUST

“So Henry is coming this afternoon, and tomorrow I am going out with June.”
-Anaïs Nin

Lust can be understood in terms of passion, of flesh:
  1. Intense sexual desire or appetite.
  2. Uncontrolled or illicit sexual desire or appetite; lecherousness.
  3. A passionate or overmastering desire or craving (usually fol. by for): a lust for power.
  4. Ardent enthusiasm; zest; relish: an enviable lust for life.

Forgive me Father, for I have sinned.

But is very simple: LUST is definetly my favorite sin.

miércoles, enero 06, 2010

Forgive me Father, for I have sinned


This week I'm feeling... SINFUL.

martes, enero 05, 2010

The walk of shame (what happens before)

… debería estar levantando el tiradero que quedó después de que mis maletas explotaran … debería estar dormida, pues mañana tengo clase temprano… debería…

He tenido dos one-night-stands en la vida. No lo juzgo, pero tampoco lo aplaudo. Mi muy personal y honesta opinión al respecto es que es algo que se tiene que hacer una vez en la vida, al menos. Sin embargo, también creo que no es algo de tomarse a la ligera ni mucho menos recomiendo convertir las noches de aventura en un deporte. En cualquiera de los casos, habrá que protegerse y recordar que todo acto tiene consecuencias (lo cual, tristemente le quita parte de la diversión al asunto).

Por más que no me canse de hablar de sexo, que encuentre fascinante el mundo de la sensualidad y todas sus formas y colores, la verdad es que soy un poco conservadora en mi comportamiento (digo, en re-la-ti-vo). No me voy a la cama (o al piso, o al coche, o al baño…) con cualquiera. Uno, por mi sabida paranoia con los embarazos, enfermedades y guerras bacteriológicas. Y, digo, si soy melindrosa con lo que entra por mis oídos, qué podré decir de lo que entra por otras salvas partes.

Pero como a todos se nos puede chispotear, he desarrollado un plan de supervivencia de 5 infalibles pasos para “uuuna noooche de cooopas unnnaaaa noooche looooca”:

  1. NUNCA salir con bragas caras, si se cree que se puede dar un encuentro cercano con algún tipín. La posibilidad de dejarlas por ahí es alta. Eso y que de pronto les da por robarlas sin que uno se dé cuenta…

  2. Safety, safety, safety. Hay que cargar, por habito elemental con DOS condones. Si, DOS. Nunca falla el “no veo dónde cayó” o “me lo puse al revés”. O, en un caso afortunado, un round doble u otro tipo de actividades que requieren de más de un profiláctico. Ah! Y ser niña no es una excusa. Siempre hay una forma chic de cargar con globitos para fiesta (clic aquí).

  3. Terreno neutro. Primero por seguridad y luego por orgullo, siempre es mejor ir a un hotel u otro lugar neutro. No está padre meter a un desconocido al santo hogar de uno, como tampoco está padre irse a meter a la casa de cómo-me-dijiste-que-te-llamabas? A uno le puede tocar desde un psicópata americano cualquiera (que guste de jugar con sierras eléctricas) o bien, que a la hora de la hora le digan a uno “pero ssshhhhhh, porque se despierta mi mamá”. No chinguen.

  4. De noche todos los gatos son pardos (evitemos el infame walk of shame). La graciosa huida se hace cuando todavía está oscuro. El objetivo es guardar un recuerdo-fantasía en la cabeza. Una versión propia de lo que pasó y de cómo era el sujeto en cuestión. Evitemos, en la medida de lo posible, sustos, desilusiones, llamadas de la (ex?)esposa y “amables” invitaciones a retirarse.

  5. One-night-stand es eso. Una-sola-noche. Nada de intercambiar teléfonos, facebooks, mails. Nada. Bueno… este paso se excusa sólo si el desempeño del muchacho se lleva ovación de pie. La probabilidad de que eso pase es casi nula. No finjamos.

Y para que preparen sus propios planes de cacería, les dejo mis recomendaciones de la semana (puritita canción profunda y con mensaje… not!).

Meet me Halfway (Black Eyed Peas, The E.N.D, 2009)

Otra gran canción de los BEP. Si ya se, no tengo perdón de Dios, pero realmente es buena. Estos tipines han logrado hallar un sonido distintivo y, a la vez, seguir evolucionando y ofrecer siempre sonidos novedosos. La voz de Fergie es notable en ciertas partes. Pegajosa, muy pegajosa.

Tik Tok (Ke$ha, Ke$ha, 2009)

Mi nuevo himno de fiesta. Suena a hip-hop-dance-pop o como sea que se llame este nuevo sonido a la Rihanna (mamase mamase mamakusa). “Before I leave, brush my teeth with a bottle of Jack”. O sea, perdón? Seguro la escuchan en mi fiesta de cumpleaños.

You’ve Changed (Lauren Flax, feat. Sia, You’ve Changed Single, 2009)

Otro sonido antroso-jocoso, entre retro y super fresco. Suena un poco a un buen mix de alguna canción disco. Pero la voz de Sía es dulce y poderosa (lejos de su usual melancolía). Feel-good music para empezar bien el año.

sábado, diciembre 26, 2009

Buffet Internacional


Hay algo en el aire de Miami que abraza los sentidos y los somete a un delicioso estupor. Será la brisa tropical que baña la piel de un rocío salado, será la mezcla de culturas que ha creado un mosaico único y fascinante... Será el distrito Art Decó que no deja de enamorarme. Todo aquí invita un poco a pecar.

Pero no un pecado sórdido y vulgar (como Las Vegas o Ibiza). Es un pecado mas refinado. No es la falta de gusto del Ceasar's Palace, es el glamour caribeño del Sagamore (que me recuerda cada noche a un pequeñito Empire State). Es la elegancia de los 20, con un poco de salsa. Es un vestido Proenza Schouler y flores en el pelo. Son las calorías de los vinos argentinos, el lechón al mojo de mis primos cubanos, la cena de Navidad perfumada al coco y una pizca de cardamomo malayo.

Es la oferta que no acaba: los vecinos judíos, los increíblemente bellos meseros Argentinos, es el acento colombiano del concierge (que, no puedo negar, me debilita las rodillas). Son los turistas de todo el mundo, los cubanos que se han apoderado de la península y los "güeros", extranjeros en su propia tierra. Es un verdadero buffet internacional.

Muy en contra de mi voluntad (me encontraba yo muy a gusto envuelta en una toalla, cerveza en mano, leyendo una buena recomendación) anoche salí de marcha. Temía un poco el formato de "cadena" (aquí si aplica el "no one ugly allowed"). Temía que la sobreexposición al reguetón acabara con los 4 gramos de audición que me quedan... O peor! Que tocaran, al mejor estilo gringo, puro Bon Jovi y Busta-Rhymes.

Nada de eso. A las 5am regresamos al departamento. Un poco ebrias, con arena en los zapatos y algo cansadas, tras agradecer el hecho de que se permita fumar en esos antros de ultra gran escala (con extractores de aun mayor magnitud), escuchar La Loba en inglés, colarnos a la sección VIP quita-pon y ... deleitarnos (a falta de una mejor palabra) con un delicioso y generoso buffet internacional. Pinot Grigio, Pinot Noir: A las 4 de la mañana acaso importa? Solo es cuestión de tener el suficiente cuidado para no tomarse la copa de la amiga.

Ah, delicioso y adictivo pecado. Definitivamente el all-you-can-eat en Miami ha tomado un nuevo sentido.

lunes, noviembre 16, 2009

Sexo Urbano

Creo que toda gran urbe destila sexo. Es uno de los requerimientos para pertenecer a ese grupo selecto, à mon avis. Creo que tiene que ver con la diversidad de opiniones y gustos, con la apertura de mente, con el descontrol y el caos. Paris significa vino y paseo por el Sena, ligueros y Moulin Rouge. Tokyo ofrece sake caliente y pelucas rosas. El Big Ben en Londres, probablemente, es el símbolo fálico más bonito del mundo. Y Nueva York… el mítico Nueva York con su Gershwin y sus cocteles de champaña y los stilettos y las tiendas de lencería inalcanzable.

S
i bien mi adorada Ciudad de México no evoca imágenes tan sensuales, en oferta sexual no se queda atrás. En los últimos años esta capital ha tenido una explosión de sexo. Entre el gobierno de “izquielda” (que queramos o no aceptar, es en parte, de avanzada), el crecimiento exponencial de sex-shops amigables para la todo público y los reportajes recurrentes en Chilango, Dónde ir y anexas, mi adorada ciudad está en plena pubertad. Una pubertad más o menos refinada.

T
oda la vida han existido finos endroits como el Cine Teresa y el Teatro Balderas. Pero en los últimos años he visto con orgullo y asombro como la sexualización urbana se ha comenzado a sofisticar: ahora tenemos El Armario Abierto, las Sexy Nights del W (no más motel Pirámides), se pueden encontrar en la Condesa mueblerías con una decente selección de piezas de diseño (de esas piezas que permiten el mejor cunnilingus), tiendas con lencería que dejan a cualquier usuaria de La Perla sin palabras… existen, incluso, clases de tubo para señoras de Polanco y casas swinger by-invitation-only.

Será que mi nueva soltería emocional me ha regresado un poco a mi propia pubertad (un poco más refinada, quiero pensar). Será que el tengo un ojo más o menos entrenado para encontrar sexo por todos lados. Será que empiezo a encontrarle el gusto a hacer sex-tourism. Será que es tan buena cosa, tan buena como para querer compartir. Allez-y, faisez l’amour à votre ville. Vayan y tengan sexo. Sexo Urbano.

martes, octubre 13, 2009

Fellas, take note

De todos, él ha sido el mejor amante. Meses y meses he pasado tratando de encontrar las razones objetivas y técnicas de esta innegable certeza. Con verdadero espíritu científico he pasado horas en su cama buscando respuestas, tomando notas, examinando causas y efectos. De tan ardua tarea investigativa desarrollé algunas hipótesis:
  1. Los sentimientos. Cierto. Al tercer día de conocernos, el connard decidió tomar mi corazón de rehén. Un año después, las negociaciones para su liberación avanzan, pero sin completo éxito. Al final, lo único que me queda claro que no es lo mismo fornicar que revolcarse un charco de emociones.

  2. El tamaño. Una y mil veces: el tamaño importa y muchísimo. Pero en mi caso funciona casi a la inversa. Lo que él carga bajo su centro de gravedad no asemeja a mis stilettos de 14 cm. Y no podría ser yo más feliz. Su brevedad me regala horas de indolora dicha. ¿Será verdad que los miembros pequeños copulan con más esmero?

  3. La técnica. Alguna vez me dijo (como respuesta a mis alabanzas) que a los 35, o ya se ha aprendido o ya se ha dejado por la paz. Y si, el señor ha tenido a bien mostrarme varios y placenteros trucos (el multiorgasmo, probablemente, ha sido el más célebre). Eso, y sus ideas sobre el control mental y su reciente interés por el tantra que generalmente consiguen agotarme antes que aburrirme.

  4. La confianza. Nada de apagar la luz, buscar posiciones favorecedoras (y poco prácticas), y ofuscarse cuando el sudor corre por la espalda. Con él nada me distrae. Sabe lo que me gusta, nuca tengo que pedir, o dar indicaciones. Sabe que, por más controladora que pretenda ser, al final termino rindiéndome ante sus órdenes. Sabe cuándo cómo y dónde. Un año y soy un libro abierto.

Todas hipótesis ciertas y probadas, necesarias pero no suficientes. Me había faltado un elemento que este fin de semana descubrí. Es tan sencillo y obvio que lo había pasado por alto: es un amante generoso. Ha encontrado la engorrosa fórmula para ser paciente y perseverante. Es la mejor cama por la que he pasado porque es mucho, muy generoso.

… Ahora sólo me queda investigar si, para su masculina pero complejísima mente, es una cuestión de ego o de cariño. Podría adelantar que es una combinación de ambas. Fine by me.

jueves, octubre 08, 2009

Historias de motel

Hay algo fascinante en los moteles. Es esa combinación entre lo que está innegablemente “mal” y lo que se siente innegablemente bien. Es lo sórdido y el terciopelo. Es el juego y lo real. Es ese breve espacio temporal contenido en 4 paredes y un techo de espejo donde todo es posible (recordemos el episodio del Hotel Roma con Fabiruchis y su violento amante). Al pensar en moteles se recuerdan escenas de Hitchcock, escenas de muerte, de lágrimas, de escape.

L
os cuartos con garage ofrecen mucho más que un espacio para tener sexo. Sin embargo, el dejo de kinkyness es ineludible. Sea la visita prohibida o más bien conveniente, la mística del boudoir está siempre presente: la cama en penumbras, las bañeras ubicadas a la vista, los compartimientos para la entrega de comida, los aromas a viejo y a nuevo, a todo y a nada. Todo invita a fornicar (física, emocional o intelectualmente).

P
oca gente conserva su virginidad motelera. Todos hemos visitado uno de estos lugares, por lo menos, un par de veces. Parejas de adolecentes en busca de un espacio más privado que el auto, el jefe y la secretaria que aprovechan de buena manera la hora comer, los que buscan no más que una noche de autosatisfacción compartida… los usuarios cotidianos y esporádicos de la industria de la prostitución.

P
ero,de todos, el que más me fascina es el uso que le dan los amantes. De los amantes regulares: las parejas que se forman de dos personas con respectivas parejas, que deciden coincidir voluntariamente en un lugar por algunas horas. Cierto. Los moteles están hechos ex profeso para tener sexo. Sexo rápido y sin complicaciones (algunos todavía cobran por hora, o por “el rato”). Sin embargo, me gusta pensar que los amantes utilizan los cuartos de los moteles como piélago social.

Para algunos, un cuarto de motel puede ser un escape. La puerta a un universo paralelo donde todo se mueve más lento y mejor, donde todo fluye. Una pausa recurrente en la complicidad para charlar, fumar y compartir un par de copas de vino. Lo demás puede hacerse en otros lados. Para algunos, un cuarto de motel puede ser un escape. La puerta a un universo paralelo donde todo se mueve más lento y mejor, donde todo fluye. Una pausa recurrente en la complicidad para charlar, fumar y compartir un par de copas de vino. Lo demás puede hacerse en otros lados.

Inspirado en este genial sito (gracias, maridi): http://guiahoteldepaso.blogspot.com/

Mis canciones de motel:

Shelter, The XX (The XX, EUA, 2009)
And then You Kissed Me II, The Cardigans (Super Extra Gravity, EUA, 2005)
Closer, Kings of Leon (Only by the Night, EUA, 2009)