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domingo, julio 20, 2014
Crazy
It's just beautiful.
How blissfully unaware you are.
Beautiful, really, the way you get it.
And it scares me, you see right through me.
And it's crazy, you don't even realise.
Beautiful and crazy.
Just like you, my Malrboro Man.
lunes, junio 09, 2014
Running
Nos encontramos un sábado de gloria, y nos conocimos un domingo de resurrección. Y, para serte sincera, yo no tenía muchas intenciones (o esperanzas?) de volverte a ver. Por eso te invité a beber mezcal a la casa, a sabiendas de que tal indiscreción me costaría tu interés. Y bebimos mezcal y nos perdimos en las diferencias de color de nuestra piel y, para mi sorpresa, pasamos un domingo soleado entre besos en el parque y paseos entre las sábanas. Y no saliste corriendo. Más aún, decidiste quedarte el día.
Y pensé que después de la intensidad del fin de semana todo se enfriaría. Al final sólo era cuestión de tiempo para que nuestras profundas diferencias nos separaran. Al final sólo es cuestión de tiempo para que te des cuenta que soy insoportable, y yo descubra que tienes pésima ortografía. Así que decidí relajarme, pues no podría pasar mucho entre nosotros.
Pero pasó rápido el tiempo y las horas se hicieron días y las semanas se juntaron en un mes. Y cuatro semanas después tu ya habías descubierto el cajón vacío en la cómoda de mi cuarto (ese único espacio que quedó vacío después de la guerra de otros tiempos) y habías guardado ahí una pijama e incluso te habías adueñado de la toalla verde en el baño. Y aprendiste a usar la cafetera y te dejé hacer una playlist para que usaras las bocinas de la casa.
Y entre ballets y poemas pasaron los días y tuve que acostumbrarme a la falta de dudas (cuando uno sale con alguien, los primeros meses siempre están llenos de dudas). Y te has dado a la tarea de decirme las cosas mas bonitas del planeta. Me has convencido de que toda chica debe tener una vez en la vida a un chico que le escriba poemas y canciones y le responda cada uno de sus textos.
Aún así, estaba segura que habías llegado a mi vida para terminar de limpiar mis heridas y aventarme nuevamente al mundo. Estaba segura que serías una visita pasajera y, para serte sincera, no quería nada más (es que yo siempre estoy con un pie en la puerta). A propósito hice todo mal para que salieras huyendo. Pero no lo hiciste. Decidiste quedarte y pasar tu conmigo cumpleaños.
Y me mostraste tu lado oscuro. Y entonces fui yo la que no salió corriendo. En algún momento entre Shakespeare bajo las estrellas y las siestas al sol me di cuenta que te quiero. Y ahora no quiero que te vayas. Ahora quiero que me prometas que no vas a salir corriendo.
miércoles, abril 30, 2014
Magic
Abro los ojos y lo descubro observándome: "Come to Paris with me". Sonrío. Es lo más romántico que alguien me ha dicho jamás.
Estoy segura que alguien escribió un manual de usuario sobre mí y se lo dio para leer...
martes, diciembre 10, 2013
Hoy amaneció nevando en Nueva York
Hoy cayó nieve en Nueva York y a mí me dio por escribir de nuevo. No tengo claras las razones, ni tengo certeza en que volveré al hábito de la total indiscreción semi-anónima, pero hoy amaneció nevando y a mi me dieron ganas de volver a mi blog.
Qué ha pasado en estos ocho meses y pico? Todo y nada. El Republicano se fue, tal y como vino, una tarde soleada de otoño: con sus ojos multicolor y su cuestionable preferencia política. Un poco mas sabio, tal vez, con unas cuantas (varias) canas más en el cabello. Tan perfecto e insoportable como aquel día en que lo conocí.
Y así las cosas. Tuve que desaprender a estar acompañada, a llegar a casa y fumar y ver algún programa en el canal militar. Y tuve que volver a aprender a hacer ruido en la mañana, a acostarme pasadas las once de la noche, a abrir la ventana y a dormir en las dos almohadas. Y así se han ido los últimos meses, en la absoluta serenidad de saber que nos amamos y crecimos juntos hasta que no pudimos hacerlo más. Y ahora estoy bien. A veces me da pena admitir que siempre lo estuve. Esta vez, a diferencia de todas las anteriores, aún después de la batalla, me mantuve en una pieza.
Por lo demás, mi vida en Nueva York sigue siendo la misma. La ciudad es igualmente bella y despiadada. Los amigos, los de a deveras, siguen ahí, infalibles e inspiradores. Mi trabajo, mis padres, mis gustos musicales. Todo sigue igual, de cierta manera. Y ahora tengo todas las posibilidades delante de mí, y con ellas tengo decisiones que me rehuso a hacer ahora (después de mi cumpleaños, vale?). Ahora duermo mejor, voy menos al gimnasio, bebo casi de igual manera (aunque ahora me toque pagar mis tragos). Ahora entro a mis treinta, segura, amada y serena.
Y no se. Tal vez entierre este espacio para siempre como parte de mis ritos de paso. Tal vez es tiempo de dejar de contarle al mundo mis fantasías, mis aventuras y mis miedos y sea hora de enfrentarlos en silencio. O tal vez, sólo tal vez, sea sólo el comienzo de una nueva serie de historias qué compartir. Esto lo decido hasta que pase mi cumpleaños, vale?
... Y así, como todo va y viene, me reencontré con un viejo amor musical. Birdy creció y le maduró la voz y el estilo. Y me gusta, como para caminar en las nevadas calles neoyorquinas en una buena tarde de martes.
lunes, junio 11, 2012
Love from New York
Ay yaaaaa perdóoooon!! Perdónenme ustedes, mis queridos tres (si es que siguen por ahí) lectores. Podría decir que me tomé un pequeño descanso de este espacio para escribir cosas más aburridas pero un pelín más apremiantes (como mi tesis de maestría y solicitudes de empleo y extensiones de visa). Podría decir que me faltaban tiempo e inspiración para escribir algo medianamente interesante. Podría decir, tal vez, que estaba en medio de una crisis existencial de esas que me suelo guardar para mí, mientras pongo cara de "aquí no pasa nada". Podría decir que, una vez graduada, dediqué el 100% de mi tiempo a pasarla bien y dormir mucho y pasar tiempo con la gente y la ciudad y las cosas que más quiero. Podría también jurar que tenía que poner mi vida y mis ideas en orden antes de seguir compartiéndoselas... Vaya! podría decir que pasé días yendo de up a dowtown buscando firmas como un náufrago que busca una tabla para flotar. Podría decires, quizás, que no había actualizado este espacio porque estaba despidiéndome de mi país de las maravillas.
Pero la verdad es que abandoné un poco mis crónicas cuando caí, tal vez por accidente, en los brazos y la cama de un hombre tan complejo y cambiante como el color de sus ojos. No tengo excusa: estar enamorado toma mucho tiempo y, en mi caso, me roba toda la inspiración. Ciertamente he estado ocupada viviendo y graduándome y pasándola bien y reacomodando mi vida y sobreviviendo panoramas adversos, pero nada de eso me impidió escribir. La verdad es que simplemente me había sido físicamente imposible sentarme a escribir unas líneas. Es una cosa rara que nunca antes me había pasado: no tengo palabras. Es como si alguien se hubiera robado todos los cajoncitos de mi cerebro y ahora no tuviera dónde poner nada más. No se qué es esto que me está pasando. No se si es que estoy entumida (comfortably numb) o en negación o confundida o sólo increíblemente feliz.
Y luego, como por arte de magia, el resto de mi vida se terminó de acomodar sin que yo metiera las manos. Contra toda lógica me gradué con buen promedio y todo parece indicar que la vida insiste en dejarme viviendo en mi país de las maravillas por un ratico más. Encontré un lugar para vivir en un lugar totalmente diferente y la promesa de empezar con sábanas frescas me emociona muchísimo. Vaya, la primavera llegó y todo parece ir de maravilla para mí y para todas las personas importantes en mi vida. Y, vaya, creo que el mundo entero podría estarse cayendo alrededor mío y de todos modos yo seguiría flotando en esta burbujita que poco a poco se empezó a formar en torno a mí en algún momento de octubre del año pasado.
Y así las cosas, mis queridos lectores. Estoy aprendiendo cosas que debí haber aprendido cuando tenía 20 años. Sigo aprendiendo cosas del Republicano que debí haber aprendido a los dos meses de conocerlo. Sigo encontrando mi lugar en un espacio designado para dos. Y sigo sin creer mi suerte. Sigo esperando a que venga mi madre a despertarme para mandarme a la escuela...
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Y para que no me culpen de total abandono de temas importantes, les dejo aquí tres de mis más recientes obsesiones musicales:
domingo, marzo 04, 2012
Until you make them mad...
Por ahí leí que uno no sabe lo que se siente por alguien hasta que ese alguien nos hace enfadar. Pues el Republicano está enfadado conmigo y yo con él. Y es una de esas cosas que empiezan chiquitas y se van haciendo grandes. Uno de esos hilos que uno jala y termina en un hoyo que ya no se puede coser. Y pues estamos enfadados y parece que no lograremos entendernos. Será que creemos cosas distintas, será que mis ganas y sus ganas no hacen unas ganas completas. Será que él está cansado de trabajar para pagar sus lujos del Upper East Side y que yo he pasado demasiado tiempo contando calorías y quemándolas en el gimnasio.
Será lo que sea, pero me parece que empiezo a extrañar las mañanas de ojos grises. Y será lo que sea pero me he dado cuenta que siento cosas por este muchacho y me parece muy mala cosa venir a descubrirlo hasta ahora. Y será lo que sea, pero la última vez me prometí no irme a meter en donde es evidente que no me quieren. Ya salí corriendo de noche y en medio de la lluvia, sólo para descubrir que el drama estaba en mi cabeza. No más. Me han hecho enfadar y con ello he descubierto que hay algo en los ojos que cambian de color y en las tardes de Upper East Side y las mañanas de noticias conservadoras... pero no lo suficiente como para olvidarme de las promesas.
miércoles, diciembre 28, 2011
Réquiem para un año imperfecto
Si algo me llevo de este año es que las cosas mas hermosas son imperfectas. La vida pasa rápido y es, por naturaleza, violenta. Nunca tendremos todo lo que queramos. La vida, sin embargo, es hermosa. Si algo aprendi este año es que las cosas pocas veces salen como uno quiere, que la gente miente, que hay días que lastiman, y que, aun así, la belleza se encuentra en todos lados. Este año encontré esa paz que, supongo, a uno le viene poco a poco con los años: la tranquilidad de saber que las cosas pasan, la vida sigue, las ventanas se abren, los corazones se rompen y los amantes vuelven disfrazados te otra cosa.
Me tomé este año para sanar heridas y aprender dejar ir. Tuve muchas semanas para leer y ver ballet y juntar los cachitos de corazón que un año antes me quedaron tirados por todos lados. Me tomé este año para ganar amigos y extrañar en la distancia, ganar kilos y perder uno que otro miedo, reconocer responsabilidades y aventarme, de nuevo, al vacío. Me di permiso, si acaso tímidamente, de confiar un poquito. Puedo decir que fueron doce meses de mucha felicidad, si acaso nublada por recuerdos de cosas que nunca pasaron. Fueron meses de borracheras, cenas y conciertos y así me alcanzaron los días para cruzar un par de pendientes de la lista: un proyecto interesante, una boleta de calificaciones perfecta, un plan para los meses que se vienen. Este año hice las pases con la certeza de que los planes son simples artimañas para lidiar con ansiedades. Este año me monté en el barco y me hice a la mar.
Este año comencé a apreciar la belleza en las fallas, en las imperfecciones, en la posibilidad de que no todo se encuentre bajo mi control. Este año aprendí que no todo combina, que el a veces no hay vino tinto… aprendí a usar botas de agujetas, a que la lluvia cae de los edificios y la nieve de pronto viene en ocutbre. Aprendí que la gente te quiere cuando te quiere, porque quiere y hasta donde quiere y no hay más. Aprendí a querer con sana distancia de por medio. Aprendí a reconocer mis limitaciones. Aprendí a beber vodka en las rocas, porque no siempre viene bien el whisky, ni el mezcal ni el prosecco.
Este año me deja miedos y dudas y problemas que resolver. 2011 me obligó a aceptar que, tal vez, no sea tan malo exponerse de vez en cuanto. Los riesgos nos alcanzan. Este año me quedó claro que las tragedias pasan, esté uno solo o acompañado. Este año me deja flores y asientos vacíos y pelos de gato (y la certeza de que no soporto a los gatos y de que cada vez me molestan un poco menos los niños). Este año vi luces de colores y piruetas y tacones. Usé esposas y medias de diseñador y escuché muchísima música. Este año me regaló mucha música nueva y unos ojos multicolor y mañanas en el Upper East Side y noches en el Meatpacking. Este año, ciertamente, no fue como lo esperaba, este año fui feliz.
Y ahora viene otra cosa, imperfecta y bella. Estoy lista.
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lunes, diciembre 05, 2011
Interludio (de un idilio) musical
Son días de pasear por el East River Park. Son noches de besos bajo la luna y mezcal y mejillones a la provenzal. Son días de preparar exámenes, son tardes de indignación y té negro. Son noches de Upper East Side y ojos verdes/azules/grises. Son días de buen clima en el diciembre neoyorquino. Son tardes de conciertos y museos. Son noches de cenas entre amigos y risas entre sábanas. Son semanas de gastar mucho y dormir poco y comer de más. Son meses para beber en exceso.
Y son días de falta de tiempo para aprovechar la inspiración, por que el mundo está afuera y está en otra parte. Y son días, aparentemente, de inspirar acordes de guitarra.
Y son noches de escribir ensayos y no entradas... así que, mientras tanto, un entremés musical.
lunes, noviembre 14, 2011
Vampiros, David Bowie y un par de medias Givenchy
Los días pasan tranquilos: Breakfast at Tiffany's en el metro, un poco de tarea en la escuela. He recibido buenas noticias (muy buenas): otra internship soñada, ahora a una cuadra de No. 1 UN Plaza. He bebido mucho vino (y whisky y tequila y cerveza y, sobre todo, Dios, vodka), he perdido unos cuantos pares de zapatos. A diferencia del año pasado, temo el invierno: el clima ha estado maravilloso, como de cuento. Y así, como de cuento, han pasado los últimos días. He recibido una visita anhelada y creo que puedo decir que los esfuerzos valieron la pena. Me vino bien tener a mi marido conmigo unos días y dejar la dieta y hablar por horas en bares desiertos. Y creo que a él le vino bien caminar solo por Wonderland y comer cupcakes (brownies?) de Magnolia y visitar a las Señoritas de Avignon.
He visto la colección de Daphne Guiness, he "escuchado" a MGMT tocar en el Guggenheim y he visto a Paloma Herrera y Gillian Murphy bailar juntas en puntas rojas. He comido arepas y comprado zapatos brasileños (en un acto de irresponsabilidad financiera). He extrañado las tardes en la Roma, me he resignado a romper la tradición de la pachanga cumpleañera. He decidido tema de tesis. Yet again, he dudado sobre los planes, las prioridades. He vislumbrado, a lo lejos, el final de la fantasía. He visto a mi país desmoronarse desde adentro, como una galleta podrida. He visto la indiferencia. En estos días salto de un estado de ánimo a otro con la facilidad con la que cambia el clima en El País de las Maravillas. Y todo tiene una razón en específico. En estos días las horas pasan entre una ligera neblina imaginaria. Una neblina que sabe a cigarro y Malbec y viene cargada de sonidos nuevos. Noviembre me ha pillado entre películas de David Bowie, caprichos cumplidos y medias de diseñador; entre el Upper East Side y unos ojos multicolor.
Canciones cursi-sexosas, para acompañar este estado de ánimo dulcemente insoportable que traigo:
Fingertips, Poe
Place de la République, Coeur de Pirate
Baby Says, The Kills
Video Games, Lana del Rey
jueves, septiembre 15, 2011
Siempre habrá otros
Y por unos (varios) años sólo estuviste tu. Algunos (no muchos) intentaron pero en mi mente (necia) y en mi corazón sólo estuviste tu. Y luego vino otro y aprendí a cruzar la ciudad y comer pizza a deshoras y escuchar a Mahler con atención. Y luego volviste a aparecer. Y por unos (varios) meses, estuviste tu, de entre todos los demás. Pero esa vez, sabía que no eras mío, así que me rehusé a ser toda tuya. Y hubo otros. Pero (casi) siempre estuviste tu y los viernes y luego los martes y luego las llamadas nocturnas y los intentos fallidos porque en aquel tiempo no te gustaban los domingos. Y luego atravesé el espejo y me enteré que yo nunca fui.
Y me dediqué a llenar mi vida de maravillas y mi cama de países y acentos. Y luego me llegó aquel telegrama: te habíamos perdido en la guerra. Y tuve un duelo corto y dulce y me vestí de negro porque venía bien con el invierno. Y visité a tu fantasma y todo lo comprendí. Y bajé las armas y regresé a donde siempre quise estar y me dejé llevar a pasear a Central Park y a bailar al Lincoln Center. Y nunca fui mas feliz, aun con los conatos de incendio que, de vez en cuando, coinciden con visitas de tu fantasma. Y luego vino otro, con sus llamadas foráneas y sus caricias en letras y una pequeña promesa. Y por un momento pensé en las posibilidades. Pero aprendí de los años y me armé de municiones.
Y ahora las llamadas han cesado y las caricias duraron una madrugada. Y, a decir verdad, poco me ha importado. Y tu fantasma me visita todavía de vez en cuando (y, como en Atlas, de pronto me manda cartas) y, en verdad, he adquirido la habilidad de no darle importancia. Debí aprender antes que los fantasmas gustan de hacer bromas esporádicas y uno no debe tomarlo personal (por qué las mujeres siempre piensan que todo es personal?). Y la promesa del mezcal de esta noche me ha traido una certeza: Siempre habrá otros que te abracen, siempre que no se ande por la vida abrazando fantasmas.
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lunes, septiembre 05, 2011
Quédate con quien te quiera, como Chinita
Será que las mujeres estamos diseñadas para sufrir? Será que nos gustan las tareas intrincadas y que entre más complicada la cosa, mas cariño le agarramos? O será una cosa cultural, tal vez. Será que hemos sido educadas en la cultura de las Telenovelas donde María Mercedes debe sufrir vejaciones y sortear obstáculos para que el amor pueda "triunfar". Crecimos entre ejemplos de "pégame pero no me dejes" y oraciones donde la Virgen María nos acompaña en "este valle de lágrimas". Si, debe ser cultural, porque desde Madame Butterfly que yo no veo a las chinitas sufrir tanto como nosotras.
Y es que en otras culturas las mujeres no son educadas para enamorarse, sino para enamorar. Y creo que tal vez esa sea la clave para ser feliz... recuerdo muy bien que cuando tenía 15 conocí a un muchacho que no me agradaba del todo. Su forma de vestir, su akwardness social, su manera tan rara de ver al mundo (y su gusto por las botas góticas, las gabardinas de piel y Sailor Moon). Esos detalles me molestaban y hacían imposible que "enamorara", por lo menos de la manera en que yo creía que uno debía enamorarse. Pero este chico era encantador y el arte del cortejo le venía natural. Me escribía cartas, me regalaba discos, me recitaba poemas. Y entonces mi amiga Diana (con toda la sabiduría que uno puede tener a los 16 años) me dio uno de los mejores/peores consejos que me han dado jamás: quédate con quien te quiera, no con quien tu quieras. Y le hice caso y terminé teniendo una (dos) de las historias de amor más bonitas jamás contadas.
Pero aún así, tengo mis dudas. Me he dado cuenta con los años que me gustan las cosas complicadas, los amores imposibles, los hombres inalcanzables. Prefiero salir a escondidas con un hombre a punto de comprometerse, enamorarme de otro que me advierte que lo nuestro no será, porque yo planeaba irme del país. Me gusta invitar a los fantasmas a cenar, hacerme amiga de ellos y luego sufrir por no poderlos abrazar. Me gustan las historias de viento, la fugacidad me hace sentir viva. Las historias imposibles te dan instantes que te llevan al paraíso, y que hacen que el demás tiempo en el infierno valga la pena. Es una droga adictivísima. Y creo que no soy la única. Creo que en realidad las mujeres amamos el drama y por eso nos amarramos a parejas que nos hacen daño (con o sin querer), nos estancamos en relaciones peligrosas, perdonamos las peores ofensas. No porque seamos tontas, sino porque nos gusta la aventura. Pero creo que eso no lo hacen las chinitas.
Y en la vida de cada mujer siempre hay un hombre que aparece con un ramo de rosas y las mejores intenciones y nos entrega el corazón casi sin conocernos. Ese tipo de hombres que no tienen miedo de decirte lo bonita que eres y lo mucho que te quieren. Y entonces nosotras nos empeñamos en alejarlo con todo tipo de pretextos: es feo, no me gusta como se viste, es raro, no me atrae... simplemente no siento la chispa. Y ciertamente, la química debe residir en la misma parte del cerebro donde se discierne lo fácil de lo difícil... por que en el momento en el que el muchacho se ofrece en bandeja de plata, una siente que "algo falta". Y entonces lo tratamos un poco mal y él, como todo hombre, acepta el reto. Pero tarde o temprano esos hombres se terminan resignando y guardan todo el amor que pudieron sentir en un sobrecito de terciopelo y no los volvemos a ver. A menos que una sea chinita y termine casándose con él y termine siendo feliz, al final del día.
Será que debemos empezar a cambiar patrones? Será que este cuento del amor apasionado y lleno de problemas sólo era una herramienta para hacer de Corazón Salvaje la novela más adictiva de los años 90? Será que Julieta hubiera sido tanto más feliz con Paris (y hubiera vivido muchos más años)? Será que tal vez debemos dar más oportunidades a estos chicos buenos y olvidarnos por un rato de los chicos malos? Será que, mejor, me quedo con quien me quiere?
sábado, agosto 13, 2011
Llamadas de otros mundos
Veo el número y se que eres tú. Probablemente me llamas desde casa, tu nombre no aparece en el identificador. Se que eres tú porque me has dicho que necesitas (del verbo ocupar) hablar conmigo. Mi corazón da un pequeño salto... contesto. Tu acento es exactamente como lo recordaba: perfecto. Quería un nativo del País de las Maravillas, paseé por el mundo buscando un nativo del lugar donde vivo. Y ahora mi teléfono suena y hablamos de Grand Central. Igual se que el gusto no durará mucho. Nada puede salir bien de esta cosa que estamos haciendo, de comenzar un idilio pocas horas antes de separarnos.
No se qué va a pasar cuando me vuelva a Wonderland. No se si todo acabará en una noche... me he convencido de que así será. Me he convencido de que iremos a Louis a beber Glenmorangie y me besarás al verme (como me has advertido) y hablaremos y terminaremos en mi casa, tratando de no hacer demasiado ruido. Y me abrazarás hasta quedarme dormida, a pesar de que te he dicho que no soporto esos comportamientos. Y luego te irás. Y yo agregaré Nueva York (como nacionalidad) a los sellos del pasaporte.
O tal vez no... tal vez me acostumbraré a que me abracen por las noches. Y me acostumbraré a tus ideas de izquierda y a tu pelo largo y me despediré de mi propósito de dejar de fumar. Y pasaré las semanas yendo y viniendo de Grand Central hasta que deje de hacer calor y podamos usar mi casa. Y te prestaré libros en español y te diré que te entiendo, aunque no tenga idea de qué quieras decir (porque eso que tu hablas no es español). Y te obligaré a ayudarme a practicar mi francés.
En realidad no lo se y poco importa. En este momento sólo tengo la certeza de que extrañaré tus mensajes cuando te vayas a España y no puedas usar tu teléfono. También se que me has curado un poco, aun ahora, que apenas te conozco. Me has vuelto las calles del sur un poco borrosas, sólo lo indispensable para sentirme cómoda otra vez. Y me sienta bien despertar a tu mensaje de buenos días. Me sientan bien nuestras charlas, me despiertan la imaginación. Me sienta bien hablar contigo y que me digas cosas lindas y me regañes. Yo no se mañana, pero creo que por ahora esas llamadas foráneas me sientan bien.
miércoles, abril 27, 2011
Retrospectiva en Azul (waiting for an affair to remember)
El otro dia hablé con mi marido-prometido-en-matrimonio. Tenía algo que contarle. Este abrupto inicio de la primavera me puso muy mal (muy muy mal). Después de exponer mis puntos, en acto de completa confianza me dijo: Qué te hizo Nueva York? Tu no eres asi. Cierto. I used to be fearless. Y cierto es que durante los últimos días experimenté un ligero conato de pánico. Y yo no era asi. Nunca he sido de las que calculan cada paso que da. Procedo con cuidado, cuando la ocasion la amerita… pero miedo? Esa no soy yo.
Pero los años pasan y las cosas pasan y el peso de las desiciones comienza a ser considerable. Y los últimos dos años que estuve en México para mi fueron tan dulces como brutales. Y en los primeros meses que estuve en NY algo en mi cambió por completo. Y no fue sino hasta este fin de semana que me di cuenta del peso que he cargado por Manhattan. No es que culpe a nadie ni que me arrepienta de nada. Es solo el peso y los sabores que trajo el otoño y los olores de la primavera. Y ya no soy la misma.
En este ligero estupor/pánico que me envolvió el fin de semana, tuve a bien revisar un poco la historia de este sitio. Y fue como comprar un boleto al pasado. Recordé por qué en algun momento me atreví a decir que tenía un blog sobre sexo. Y, sobre todo, regresé al justo momento donde dejó de serlo y comenzó a ser sobre mis hombres... Y de cuando comenzó a ser sobre uno, en especial. Me sorprendí sobre las letras que algún día le escribí.
Y ahora eso se ve tan extraño. Aquellos dias en los que, sentía, la única solución era huir del país se ven tan, tan lejanos. No reconozco a la chica que escribió todas esas cartas de amor. Y siento un poco de furia. Por haberlo dejado permitirme salir de control. Sigo odiando lo que, en un principio, fui sin el… y sigo amando en lo que me transformó. Y sigo cierta de que nunca me arrepentiré de haberlo encontrado hace 11 años, hace 2, hace seis meses. Y ahora se que esos días dulces y amargos estan muy lejos. Y yo camino por mi País de las Maravillas, con paso seguro. Por que lo que no te mata, te hace mas fuerte.
Asi que de este viaje al pasado me quedan las reflexiones nocturnas, los días felices y mi familia y los sabores del otoño y me quedan las buenas noticias y, sobre todo, me queda quien soy ahora. Con mi pasado y mis miedos y mis certezas. Y, ahora que me han renovado mi pasaporte al Pais de las Maravillas, se que me quedan muchas páginas que llenar y mucha música que recomendar y muchas aventuras que contar… Y, quién sabe, con un poco de suerte, tal vez venga una que guardar sólo para mí. Al final, Nueva York tal vez si me regale un affair to remember.
lunes, abril 25, 2011
Crónica de un simposio (internacional epetacular)
Fue una de esas cosas que sólo pasan una vez en la vida: cuatro amigas en la Gran Manzana. Tuvieron que pasar diez años de amistad, muchos trámites, unas cuantas lágrimas y mi huída del país para que el Muégano me siguiera hasta mi País de las Maravillas. Y vaya que todo eso valió la pena.
Hubo de todo. Muchas (muchísimas) cuadras de caminata, Soho y Times Square y mi amada East Village. Un par de museos, un par de días de Turibus, varios bares y una lista interminable de restaurantes, algunos amigos nuevos, unas tardes lluviosas y algunos días soleados. Muchas compras, un poco de frío, lluvia intermitente. Mucho viento. Pies turbo/intensidad/estrés (cómo culparlas? Nueva York es infinito) Un encuentro. Un nuevo apodo (pregúntenle a FedEx), dolor de pies, una foto fallida, unas cuantas horas en el Karaoke. Martinis de manzana en Beauty Bar. Tragos gratis (de acuerdo con la tradición). Un señor serbio. Uno italiano. Sueño en el bar. Unos mojitos de lychee y cuatro malteadas con Vodka. Días y días en las tiendas. Comida brasileña y mas de una capirihna. Sábado y domingo de Central Park. Un buen sábado y un gran domingo. Un poco de salsa, dos merengues, cumbia y Lady Gaga. Muchas ganas de un beso (debo confesar que me puse un poco malita de mi lujuria). Una cantimplora llena de whisky y una ligera borrachera en Chicago. Las luces de Wonderland, vistas desde la punta de la montaña.
Ocho pies adoloridos volvieron a compartir risas e historias y confidencias. Como antaño. Como cuando nos reuníamos en la casa de Taxqueña (y, por alguna razón, siempre salíamos pedas). Como las navidades en Portales. Como las noches de papelitos. Como cada 25 de enero (con todo y el disfraz reglamentario). Como en la boda de nuestra pareja amiga y como el diciembre del 2010. Como aquel abril en el que nos dimos cuenta que los años pasan y que ya no somos las mismas, que hemos caminado caminos distintos y hemos cambiado de peinados, de talla, de amantes, de residencia. Que ahora cada una tiene una personalidad distinta y distintas preocupaciones y diferentes alegrías. Que hombres han ido y venido y corazones se han roto y han sanado y así seguirá siendo. Y, que a pesar de los años y la distancia, seguimos ahí, con presencia constante, en su justa medida. Porque tuvimos suerte y encontramos una gran familia, del tipo que se elige, del tipo que te hace feliz.
Y, buena cosa, desde ahora Nueva York siempre sabrá a whisky en las rocas y a cuatro cachitos de Muégano.
lunes, marzo 21, 2011
Call me irresponsible
En un arranque de irresponsabilidad totalis ayer salí con un chico. Hoy pago las consecuencias y las seguiré pagando toda la semana junto con las deudas acumuladas durante lo que viene siendo el Esprin Vrei (que le llaman). A ver cómo nos va con los parciales. Pero todo ha valido la pena. Me he divertido como tenía años que no me divertía. Completa y absoluta irresponsabilidad controlada.
Pero bueno, volviendo al chico este. Le llamaremos "el otro Don C", pero sólo porque comparte nombre con aquel legendario personaje. Este chico madrileño que, una vez más me ha tenido entre risas y besos hasta altas horas de la madrugada. Y me la he pasado taaaaan bien. Y es que ha sido una de esas cosas que simplemente son. Se ha sentido bien y me ha dejado pensando. Hay cosas que simplemente son.
Me refiero a que las pocas horas que compartí con este chico fueron buenas y felices. Ese tipo de citas (de horas, de como le quieran llamar) se dan poco. Y, creo que gran parte de la magia se basa en la fugacidad y en la efímera promesa de unas horas. Me recordó a las primeras citas con K, un poco (sólo un poco). Dos personas con agendas y domicilios completamente distintos, que decidieron compartir una cena y una penumbra y un poco de música (y besos, muchos besos... y risas, muchas risas). Dos personas que coincidieron en un bar en Nueva York y decidieron compartir unas cuantas horas y nada más.
Y es que este chico, a estas horas, debe ir volando sobre algún punto entre el Chrysler Building y Las Cibeles, de regreso a su vida. Y yo estoy en un café, junto con mis roomates, tratando de sacarme un ensayo sobre ciudadanía de la manga (va bien, lo juro!!). Pero por unas horas todo hizo sentido. Su gusto musical y los XX y sus historias sobre Colombia y el hecho de que conoce Santa Clara (en mi Cuba querida) y su jetlag y mi insomnio. Y mentiría si dijera que no podría verme pasar unos meses con él... y (como los hombres son de Marte y las mujeres somos de la Chingada) entonces todo se pondría complicado y como todo hombre en mi vida, sacaría mi lado oscuro y yo esperaría cosas y haría dramas y terminaría odiándolo y enterrándolo en la memoria. Y él se olvidaría de mí y se iría a vivir con otra chica. Y yo me preguntaría por unos meses si las cosas hubieran podido ser diferentes.
Pero no. En este caso no esperé nada. Vaya, ni siquiera esperé verlo una segunda ocasión... ni esperé perder horas de sueño riéndome quedito y tratando de no hacer ruido para no despertar a los roomies. Pero pasó y la pasé (la pasamos?) muy, muy bien. Hay cierta magia en la simpleza que esconde la noche. Es esa maldita y hermosa fugacidad. Como la luna, que mañana ya no se verá igual de grande.
lunes, marzo 14, 2011
Stuck
Se que no he escrito. Se que falto a mi auto promesa de disciplina. Se que he estado ocupada y que la ciudad y la vida aquí consumen la mayor parte de mi tiempo. Pero, en realidad, sólo son excusas. Estoy atorada. No se qué decir ni cómo decirlo. Por eso no he escrito.
Podría decir que las cosas marchan. Marchan bien. La escuela este semestre me entretiene más (amo mis clases, a mis profesores y mis lecturas). Ahora trabajo un par de días a la semana en un proyecto y en un lugar que me tienen fascinada. Y, bueno, ver al Dios hecho hombre de mi jefe (y escucharlo tratar de discutir Presunto Culpable conmigo, en español) es una delicia. Me explotan (y no me pagan), eso si. Duermo horas razonables pero el tiempo ahora es un recurso escaso.
O podría platicarles que en San Francisco me fue bien. Aprendí un par de cosas, conocí a un par de buenas personas. Pero, sobre todo, la pequeña escapada me ayudó a recordar lo lindos que son los viajes y lo bien que me hace viajar sola. Disfruté muchísimo esos tres días sin compañía y el domingo sin agenda. Comí calamares parada en el muelle (Heiniken en bolsita de papel, como se debe). Compré un bollo de sour-dough en la fabrica original. Caminé y caminé y caminé. Encontré el barrio chino (me compré un te) y el Distrito de Castro (el barrio gay mas grande de America). Me subí al tranvía y compré chocolates en la fabrica de Ghiradelli. Fueron un buen viaje y un excelente domingo.
Podría, tal vez, confesar que, al regreso, me he tomado un par de días: me he volado una clase y me he rehusado a hacer tarea de la otra. No se por qué, pero sentí esta imperiosa necesidad de suspender el tiempo. Retribuiré la falta fácilmente. Nada grave. Y de lo de parar el tiempo? Sólo me gustaría que los días pasaran mas lento. Especialmente los días lluviosos que me recuerdan a mi Ciudad de México. Y sin embargo, la primavera ya amenaza con llegar: los tulipanes ya crecen en el parque del barrio. Ya puede uno salir a la calle con una linda chamarra de piel, en lugar de los sacos-de-dormir hechos chamarras. El tiempo no se detiene. No se a ciencia cierta qué tan buena o mala cosa sea.
O podría escribir sobre Don Francés, que sigue viajando y trabajando largas horas. O que me he aburrido y mejor me he curado las penas con un español. Un madrileño que no bebe ni tampoco baila mucho, pero que me tuvo muerta de la risa hasta las 7 de la mañana. Fue una de "esas noches que sólo pasan en NY". El chico tenía jetlag así que después de gastar energías... dos veces... nos pusimos a ver Last Tango in Paris (bendito NetFlix). Cuando se fue estaba lloviendo. Linda la lluvia, desde mi ventana neoyorkina.
Y podría contarles sobre la semana de festejos de Alejandra, que ha tenido a bien cumplir años justo en la semana de Spring Break. Y que su festejo mayor fue en Casa Mezcal (un pedacito de mis tardes chilangas en pleno Lower East). Varias cosas pasaron: el pastel que llevó Feibian estaba delicioso. A mi me tomó exactamente 8 mezcales y 7 pacíficos por fin caer en una ligera ebriedad ahumada. Fueron todos, HighSchool Musical incluido, Venganza incluida, Franceses, turcos, chinitas, Apus... todos estaban ahí (menos Jennu, que nos abandono maloramente). Para mi sorpresa, el mundo no implotó... aunque si hubo un incidente con un cepillo de dientes. Buena la fiesta. Y bueno el brunch al otro día y el cine dominguero y el te por la tarde. Buena cosa que Alejandra tuvo a bien cumplir años.
O también podría escribir un poco sobre la nostalgia que me ha pegado en las últimas semanas. Entre la lluvia y que ahora trabajo los viernes me han venido todos los recuerdos de golpe. Recuerdos de viernes felices que ahora se ven tan lejos. Y de las comidas en casa Nenito con tortillas azules y postre traído por Mariano. Y de las fiestas en el Imperial y los sábados perfectos y las escapadas al Asha y los jueves y los conciertos y todo, todo lo demás. Pero es una nostalgia distinta: no es extrañar, es alegrarse por el suceso. Una dulce y suave tristeza por la distancia (y, sobre todo, el tiempo) que ahora me separa de esos días y esas horas. Y la suave certeza de que el tiempo no se detiene y los cupcakes tienen demasiadas calorías.
Y así me han pasado los días y no he sabido, bien a bien, cómo escribir al respecto. Entre risas contundentes y ligera ebriedad y pequeñas compras y grandes comidas. Y mucho trabajo y kilómetros recorridos (a veces en una banda estática, a veces en tacones). Y yo estoy bien... dulcemente atorada.
miércoles, febrero 23, 2011
Cuatro citas y un concierto
Tal parece que la primavera ahora si se avecina. Hoy hasta escuché pajaritos cantando fuera de mi ventana (y no, no es el amorz que ha tocado a mi puerta). El clima está de rompecorazones: unos días sale el sol, otros cae nieve, otros el maldito viento no deja estar a una tranquila... pero entre toda la locura los dejos de de la primavera ya se dejan sentir. Y así, la temporada de apareamiento parece comenzar también. La semana pasada todas mis amiguitas neoyorkinas tuvieron una cita. Yo también tuve una cita. Y luego Alejandra y yo nos fuimos al concierto de LadyGaga.
A unas se las llevaron al Southstreet Sea Port (cita romántica en el muelle... New York es una fuente inagotable de sitios jocosos para cortejar). A otras... pues se las llevaron al baile (pero en el buen sentido). Y a otras... a otras simplemente les mostraron una cita perfecta. No se si volveré a ver a este sujeto. Poco importa. La cita duró como 18 horas. Me llevó a cenar, pidió un Malbec. Me llevó a bailar y tomamos mojitos. Baila salsa y le gusta el JackDaniel's y le parece gracioso que mi perro vea más tele que yo. Me dio la explicación más hermosa sobre su ocupación. Ha viajado por el mundo, habla 4 idiomas y toca 5 instrumentos. Ahora está aprendiendo a tocar el saxofón. Podría haberme quedado con él por días. Habla francés. Carajo! el hombre es francés.
El martes regresamos a la realidad (el lunes fue feriado y, como el fin de semana me dejó fatal no más no me pude levantar). La realidad nos trajo una buena noticia: boletos de último momento para ver a Lady Gaga en el Madison Square Garden. Gran noticia, hubiera sido una pena perderse tamaño espectáculo. La gente, en especial los chicos, todos ataviados con lentes, latas en el pelo, cinta amarilla en lugar de ropa, chamarras de piel y tacones altísimos. Y realmente fue un dulce ver a esta mujer. Buen espectáculo. Parecía genuinamente emocionada de estar en su natal Nueva York. Y, a decir verdad, tiene una voz a la que el pop no le hace justicia. Nunca lo supe hasta ahora. Liza Minelli estaba en el público.
Hubiera deseado ir con mi marido y cantar Paparazzi juntos. Lo extrañé muchísimo en Bad Romance y Born this Way (Don't be a Drag, just be a Queen!!). Frente a mí había una pareja como nosotros. Él gritaba y cantaba y bailaba. Me dieron envidia. En un universo paralelo debería poder salir con el francés en Soho y bailar con mi marido en el Foro Sol. Podría estudiar Game Theory y encontrar trabajo en Elle. En un universo paralelo tendría a mi mejor amiga aquí cada fin de semana (porque yo no me quiero regresar... no aún). Podría cenar los jueves con Viri y con Jen y Ale y Alice y Shelby. Y podría pasear al Gober en TopkinsSquare Park (pero dice Doña Nenito que no me quiere visitar porque no tengo cable). En un universo paralelo mi internship podría convertirse en un empleo y me alcanzaría el dinero para mandar traer a K de vez en cuando. En un universo paralelo podría comer pay de nueces con chocolate sin culpa y podría tener sexo en la primera cita sin remordimientos.
La primavera todavía no llega y yo aprovecho los últimos días de naturaleza muerta para dejarme llevar un poquito por la nostalgia. Sólo un poquito, pues ya se pueden escuchar las nuevas plantitas despertando debajo de la delgada sábana de nieve que todavía queda tendida sobre Manhattan. Y ya casi casi puedo desempacar al medio muégano que me va a traer la primavera. Y, quién sabe, tal vez la primavera también me traiga más conciertos y buenas noticias y otra cita con Don Francés.viernes, febrero 04, 2011
Merci
Comencé este blog poco antes de embarcarme en una aventura europea con uno de mis mejores amigos. Comencé este blog, en gran medida, como respuesta al blog de K... y en un intento desesperado por documentar su extraña aparición en mi vida, en medio de una relación que me tenía en plena crisis existencial. En muchos momentos sólo escribí para él (aunque nunca se lo dije). Pero, por alguna razón que nunca entenderé, algunos amigos comenzaron a leerme. Y así, retomé un gusto que había guardado en la cajita de recuerdos: escribir para entretenerme y para entretener a los demás.
Y ahora escribo desde mi País de las Maravillas y este blog y sus lectores me han acompañado en el camino que me trajo hasta acá. Estuvieron ahí en los intentos fallidos y los largos meses de despedidas. Y han estado ahí con mis quejas y mis chafísimos intentos de crítica dansística. Aquí he puesto en letras lo que me importa, lo que me gusta, lo que me molesta y lo que me conmueve. Y este blog y sus (dos) lectores han estado ahí, con mis dudas y mis miedos y mis desesperanzas. Han aguantado mis crónicas de cama y de calle y de oficinas y escuelas. Y, en agradecimiento, les he compartido historias y chistes y música.
Este blog y sus lectores me han dado un poco de constancia y disciplina. Hay algo en la obligación de inventarse un tema y escribir algo entretenido (no digo que siempre me salga). Me ha venido bien el ejercicio. Y ahora puedo ver en estas letras quién era hace unos meses, lo enamorada que estaba, lo mucho que me preocupaban cosas que ahora me parecen irrelevantes. Y seguiré, hasta que me de el tiempo y la cabeza, documentando aquí los cachitos de mi vida que me parecen documentables. Este blog ya no es la respuesta a nada, es sólo una bitácora de viaje... una crónica de cómo he comenzado a volar sola. Este blog llegó a su visita 10,000. Merci, merci beaucoup, a mis dos lectores y a sus severos desórdenes obsesivo-compulsivos.
Y en señal de agradecimiento, les dejo aquí lo que viene siendo un pequeño regalo: El Costumer Appreciation Playlist, que le llaman - 20 de mis rolas favoritas del mundo mundial. Espero no ser muy redundante con las que ya he recomendado o subido (y si si, pues se aguantan que a caballo regalado...).
jueves, enero 20, 2011
No hay marcha en Nueva York
... así me cantaron mis amigos al despedirme de este pequeño episodio de visita extendida o pequeña estadía o largas vacaciones o lo que sea que haya sido este mes que he pasado en mi ciudad. Y si bien es mentira que no hay marcha en la Gran Manzana, lo cierto es que la fiesta nunca sabrá tan bien como en mi casa, con mi familia. Y el sabor que me llevo es dulce y duradero, como un buen vino.
Dicen que la distancia lo cura todo (deberíamos, entonces, exiliar a todos los enfermos). Dicen que el viento se lleva las promesas y desentierra secretos y que el tiempo cierra heridas. El viento ahora me regresa a mi País de las Maravillas y me trae la promesa de sabores nuevos. Y yo necesito tiempo para decantar lo que he aprendido en estas semanas (crudas verdades y deliciosas mentiras) y deshacerme los nudos que tejí cuidadosamente en mi cabeza y que lograron extenderse hasta el pecho. Y necesito tiempo... y ya el tiempo dirá.
Y ahora sólo me queda claro que el tiempo diluye y los amigos no se salvan de su paso. Hay amigos que se diluyen con el pasar de los meses y ceden ante los cambios y la desidia. Algunos se diluyen dejando huella, como aquellos de la primaria que siempre recordaremos y que nunca volveremos a ver (que, tal vez, ahora no reconoceríamos en la calle). Otros se diluyen sin más: se quedarán, si bien, como una dulce anécdota. Otros se pierden en el tiempo que pasa entre una pelea o un malentendido o un deseo encontrado y las ganas de hacer las paces.
Hay amigos que pasan por nuestra vida y la tocan y se van (no sin ser importantes) y se olvidan. Y hay otros, los menos, que permanecen. Y de estos, hay unos constantes pero intermitentes, como la luna llena, como mi Xavi. Hay amigos que llegan sin avisar y se instalan en las habitaciones más profundas (Muégano, Marido, una década y contando). Otros se quedan, de plano, a vivir en el corazón: la mejor amiga, para hacerlo breve. Otros cuestan más trabajo o no empiezan por el lado correcto (pero igual me hacen volver intempesitvamente a una boda oaxaqueña). Otros no se explican más que por la afortunada casualidad de vivir en la misma cuadra o estudiar en la misma universidad o descubrir el mismo placer extraño por viajar y los Thai Noodles, o por el placer de ver crecer al otro o la magia que queda de convertir a un maestro en amigo o al primo-de-un-amigo en parte de la familia.
Y están los amigos nuevos: la promesa, la página en blanco... la bendición de encontrar hogar fuera de casa. Y, así, también hay personas (amigos, amores, amantes) que se niegan a salir de nuestras vidas (como Don C, que seguirá ahí, como el recordatorio de que crecí y de la locura y del mejor sexo que he tenido en la vida) y hay otras, como K, que, en esas pequeñas y dulceamargas certezas, no saldrán (a veces por el peso del recuerdo, a veces por la nostalgia y otras por la fortuna del reencuentro), que simplemente no saldrán. Y luego están los Señores Nenito y el recuerdo de mi abuelo y del chango de peluche que se perdió en aquel incendio.
Y así la vida pasa y los hombres pasan como pasan las noches blancas y las noches oscuras y cambian las lunas y las lenguas. Y, si bien, algunos viernes los he consagrado al delirio y al tráfico y al whisky y a la piel, supe siempre que cuando volviera de Nunca Jamás, mi familia seguiría ahí. Así como se que cuando vuelva de detrás del espejo, mis amigos estarán en algún lugar del mundo, alegrándose de mi regreso.
Gracias, queridos. Sigan al conejo que en Las Maravillas los espero.
miércoles, enero 12, 2011
Say your goodbyes
Por fin he tenido tiempo para ver la temporada final de Queer as Folk (después de como 5 años que salió del aire). Me quedan dos capítulos y, aunque se bien cómo va la historia, se que voy a sentir feíto con los créditos finales. Siempre he sido pésima con las despedidas (y, en uno de mis característicos rasgos irracionales, tiendo a prolongarlas más allá de toda justificación). Queer as Folk marcó una etapa importante en mi vida, me vio comprometerme y preocuparme por temas que no necesariamente agradan a todos. Me dio horas y horas de plática con mi (entonces "sólo amigo") prometido en matrimonio. Musicalizó los 4,500 millones de pliés en las clases de Argel. Y, claro, me dio uno de los mejores personajes que yo he visto en televisión: el Über Dios Brian Kinney. Siempre estará en mi corazón, pero es tiempo ya de terminar los capítulos y despedirme.
Así, me va a tocar despedirme oooootra vez en una semana. Con un poco de felicidad por lo que viene y un poco de pesar por lo que no me puedo llevar y la consigna de dejar aquí lo que debí haber dejado en agosto y con la esperanza de recibir muchas visitas. A decir verdad, no se si pasar todo un mes en México me haya hecho mucho bien o mucho mal. Me ha dado un gusto enorme ver a todos, pasar tiempo en mi casa, comer todo lo comible y fumar todo lo fumable. No se si mis padres me extrañarán más o menos ahora. Y se que las cosas han cambiado y seguirán cambiando y todos continuarán con sus vidas con o sin mi presencia. Y desconozco cuándo volveré y la verdad es que no importa mucho: aquí todo parece marchar. Y mientras tanto, yo me iré a buscar una buena internship y a aprender salsa on-2 y a investigar cómo es que he podido ser tan feliz, teniendo el corazón tan roto...
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